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"HOLA NIÑ@S NUEVOS,PRESENTENSE EN EL TEATRO :3"

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 [52/52] Traducción de The Son Of Neptune

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quieres que se espere a la traduccion en www.beingravenclaw.tumblr.com o lo traducimos aqui?
Que salga en el link mencionado. Traducen muy bien.
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 55% [ 6 ]
Que traduzca el staff.
45%
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kuroneko
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    05/10/11, 07:01 pm

yo me apunto a traducir, voy en el capitulo 18 y esta que arde la situacion XD, pero espero terminar el libro esta noche y mañana lo tradusco solo diganme que capitulo
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Mili Sanchez
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    05/10/11, 07:17 pm

bueno... te incorporo Very Happy viendo q Aquiles es un flojo, estas de primero Razz vuelvo a decir lista:
1. kuroneko
2. Yo xD
3. Aquiles.
4. Jespaz.
5. Felixde Ilion
6. lizzie
traduce el segundo, ya q el primero ya esta publicado Very Happy si no lo han leido, aqui taa xD
PERCY


Las damas serpiente con cabellos empezaban a molestar a Percy. Debieron haber muerto hace tres días cuando dejó caer una caja de bolas de boliche sobre ellas en el Mercado del Regateo de Napa. Debieron haber muerto hace dos días cuando las atropelló con un carro de policía en Martinez. Definitivamente debieron haber muerto esa mañana cuando cortó sus cabezas en el Parque Tilden.

No importaba cuantas veces Percy las mataba y las veía reducirse a polvo, ellas simplemente continuaban reformándose como grandes, malvados conejos de polvo. Ni siquiera parecía que podría huir de ellas.
Alcanzó la cima de la colina y recuperó su aliento. ¿Cuánto había pasado desde que las mató por última vez? Tal vez dos horas. No parecía que duraran muertas más que ese tiempo.

Los últimos días, apenas había dormido. Había comido cualquier cosa que pudiera conseguir-ositos de gomita de máquinas, bagels duros, incluso un burrito Jack in the Crack, que era un nuevo nivel bajo personal. Sus ropas estaban rotas, quemadas y llenas de baba (slime) de monstruo.

Sólo había sobrevivido todo este tiempo porque las dos damas serpiente con cabellos- gorgonas, se llamaban a sí mismas –no podían matarlo a él tampoco. Sus garras no cortaban su piel. Sus dientes se rompían cuando trataban de morderlo. Pero Percy no podía seguir durante mucho tiempo. Pronto colapsaría de agotamiento, y después- tan duro que fuera de matar, estaba bastante seguro las gorgonas encontrarían una manera.

¿Adónde correr?

Escaneó sus alrededores. Bajo circunstancias diferentes, él podría haber disfrutado la vista. A su izquierda, colinas doradas rodaban dentro del continente, dotadas con lagos, bosques, y unos cuantos rebaños de vacas. A su derecha, los llanos de Berkeley y Oakland marchaban al oeste- un vasto tablero de ajedrez de barrios, con varios millones de personas que probablemente no querían que sus mañanas fueran interrumpidas por dos monstruos y un semidiós inmundo.

Lejos en el oeste, la Bahía de San Francisco brillaba bajo un haz plateado. Pasado eso, una pared de niebla había engullido la mayoría de San Francisco, dejando sólo las puntas de los rascacielos y las torres del Puente Golden Gate.

Una vaga tristeza oprimía el pecho de Percy. Algo le decía que había estado en San Francisco antes. La ciudad tenía una conexión con Annabeth- la única persona que podía recordar de su pasado. Su memoria de ella era frustrantemente oscura. La loba había prometido que la vería de nuevo y recuperaría su memoria- si triunfaba en su travesía.

¿Debería intentar cruzar la bahía?

Era tentador. Podía sentir el poder del océano justo sobre el horizonte. El agua siempre lo revivía. El agua salada era la mejor. Descubrió eso dos días antes cuando estranguló un monstruo marino en el Estrecho Carquinez. Si podía alcanzar la bahía, podría ser capaz de un último enfrentamiento. Tal vez incluso podría ahogar a las gorgonas. Pero la costa estaba al menos dos millas de ahí. Tendría que cruzar la ciudad entera.

Él dudaba por otra razón. La loba Lupa le había enseñado a afilar sus sentidos- a confiar en los instintos que lo habían guiado al sur. Su radar estaba sonando como un loco ahora. El final de su travesía estaba cerca- casi debajo de sus pies. ¿Pero cómo podía ser así? No había nada en la cima de la colina.

El viento cambió. Percy percibió el agrio olor de reptil. Cien yardas bajo la pendiente, algo crujía a través de los bosques- ramas rompiéndose, hojas crujiendo, siseos.

Gorgonas.

Por millonésima vez, Percy deseó sus narices no fueran tan buenas. Siempre habían dicho que podían olerlo porque era un semidiós- el hijo mestizo de un antiguo Dios Romano. Percy había tratado rodar en lodo, chapotear en arroyos, incluso llevar palitos refrescadores de aire en sus bolsillos para mantener un olor a carro nuevo; pero aparentemente el aroma de semidiós era difícil de enmascarar.

Se dirigió al lado oeste de la cumbre. Estaba demasiado empinado para descender. La pendiente se desplomaba ochenta pies, directo al techo de un complejo de apartamentos construido al lado de la colina. Cincuenta pies debajo de eso, una carretera emergía de la base de la colina y se abría paso hacia Berkeley.

Grandioso. No había otra forma de salir de la colina. Se las había arreglado para acorralarse a sí mismo.

Se quedó mirando el arroyo de autos fluyendo al oeste hacia San Francisco y deseó estar en uno de ellos. Entonces se dio cuenta que la carretera debía cortar por la colina. Debía haber un túnel… justo debajo de sus pies.

Su radar interno se volvió loco. Él estaba en el lugar correcto, sólo demasiado arriba. Tenía que checar ese túnel. Necesitaba una manera para bajar a la carretera- rápido.

Se quitó su mochila. Se las había arreglado para agarrar un montón de municiones en el Mercado de regateo de napa: un GPS portable, cinta aislante, una linterna, súper pegamento, una botella de agua, una tienda de campaña, una cómoda almohada de panda mascota (como se ve en TV), y una navaja Suiza- más o menos cualquier herramienta un semidiós moderno querría. Pero no tenía nada que sirviera como un paracaídas o un trineo.

Eso lo dejaba con dos opciones: saltar ochenta pies hacia su muerte, o aguantar y pelear. Ambas opciones sonaban bastante mal.

Maldijo y sacó su pluma de su bolsillo.

La pluma no lucía mucho, sólo un bolígrafo barato regular, pero cuando Percy lo destapaba, crecía en una brillante espada de bronce. La cuchilla balanceaba perfectamente. La empuñadura de cuero se ajustaba a su mano como si hubiera sido diseñada especialmente para él. Grabado a lo largo de la guardia estaba una palabra en Griego Antiguo que de alguna forma Percy entendía: Anaklusmos- Riptide.

Se había despertado con su espada su primera noche en la Casa de Lobos- ¿hace dos meses? ¿Más? Había perdido la cuenta. Se había encontrado en el patio de una casa quemada en el medio de los bosques, usando shorts, una camiseta naranja, y un collar de cuero con un motón de extrañas cuentas de arcilla. Riptide había estado en su mano, pero Percy no tenía idea de quien era o cómo había llegado ahí. Había estado descalzo, congelándose, y confundido. Y luego vinieron los lobos…

Junto a él, una voz familiar lo sacudió de nuevo al presente: “¡Ahí estás!”
Percy se tambaleó lejos de la Gorgona, casi cayéndose del borde de la colina.
Era la sonriente- Beano.

De acuerdo, su nombre realmente no era Beano. Tan cerca como Percy pudo figurar, era disléxico, porque las palabras se retorcían cuando trataba de leer. La primera vez que había visto a la Gorgona, posando en el Mercado del Regateo como un muchacho de los que dan las bienvenidas con un gran botón verde que decía: ¡BIENVENIDO! MI NOMBRE ES STHENO, él pensó que decía BEANO.

Ella todavía llevaba puesto su chaleco verde de empleada en el Mercado del Regateo encima de un vestido floreado. Si solamente vieras su cuerpo, probablemente pensarías que es la vieja abuela gorda de alguien- hasta que mirabas hacia abajo y te dabas cuanta que tenía pies de gallo. O mirabas hacia arriba y veías colmillos de bronce saliendo de las esquinas de su boca. Sus ojos brillaban rojos, y su cabello era un nido de serpientes verdes brillantes retorciéndose.

¿La cosa más horrible acerca de ella? Todavía cargaba su gran charola plateada the muestras gratis: Queso Crujiente y Salchichas (Crispy Cheese ´n´ Wieners). Su charola estaba toda abollada de todas las veces que Percy la había matado, pero esas pequeñas muestras parecían perfectamente bien. Stheno seguía preparándolos a través de California para poder ofrecerle a Percy un aperitivo (snack) antes de matarlo. Percy no sabía porque seguía haciendo eso, pero si alguna vez necesitaba una armadura, la haría de Queso Crujiente y Salchichas. Esa cosa era indestructible.

“¿Pruebas una?” Stheno ofreció.

Percy se defendió con su espada. “¿Dónde está tu hermana?”

“Oh, guarda la espada,” chilló Stheno. “Sabes por ahora que incluso el Bronce Celestial no nos puede matar por mucho. ¡Toma un Queso Crujiente y Salchichas! Están en venta esta seman, y odiaría matarte con el estómago vacío.”

“¡Stheno!” La segunda Gorgona apareció a la derecha de Percy tan rápido, que no tuvo tiempo de reaccionar. Por fortuna ella estaba demasiado ocupada mirando a su hermano para ponerle demasiada atención. “¡Te dije que lo vigilaras y lo mataras!”

La sonrisa de Stheno vaciló. “Pero, Euryale…” Dijo el nombre como si rimara con Muriel. “¿No le puedo dar una muestra antes?”

“¡No, tú imbécil!” Euryale se volvió hacia Percy y le mostró los colmillos.

Excepto por su cabello, que era un nido de serpientes coralillo en vez de víboras verdes, lucía exactamente como su hermana. Su chaleco del Mercado del Regateo, su vestido floreado, incluso sus colmillos estaban decorados con calcomanías de 50% de descuento. Su placa decía: ¡Hola! ¡Mi nombre es MUERE, SEMIDIÓS BASURA!

“Nos has guiado por una persecución bastante sorprendente, Percy Jackson,” dijo Euryale.
“Pero ahora estás atrapado, y ¡nosotras obtendremos nuestra venganza!”

“Los Quesos Crujientes y Salchichas están a sólo $2.99,” Stheno agregó amablemente. “Departamento de Víveres, pasillo tres.”

Euryale gruñó. “¡Stheno, el Mercado de Regateo era una pantalla! ¡Te estás volviendo nativa! [?] Ahora, deja esa ridícula charola y ayúdame a matar a este semidiós. ¿O haz olvidado lo que él fue quien vaporizó a Medusa?”

Percy pisó hacia atrás. Seis pulgadas más y estaría dando tumbos en el aire. “Miren, señoritas, ya hemos pasado por esto. No puedo recordar siquiera haber matado a Medusa. ¡No recuerdo nada! ¿No podemos hacer una tregua y hablar de los especiales semanales?”
Stheno dirigió una mirada piadosa, lo cual era bastante difícil con gigantes colmillos de bronce. “¿Podemos?”

“¡No!” Los ojos de Euryale se perforaron en Percy. “No me importa lo que recuerdes, hijo del Dios del mar. Puedo oler la sangre de Medusa en ti. Es débil, sí, de hace varios años, pero tú fuiste el último en derrotarla. Ella todavía no ha regresado del Tártaro. ¡Es tú culpa!”

Percy no captó eso. Todo el concepto de “morir y después regresar del Tártaro” le daba dolor de cabeza. Claro, también la idea de que un bolígrafo se transformara en una espada, o que los monstruos se pudieran disfrazar con algo llamado la Niebla, o que Percy era el hijo de un Dios incrustado de percebes de hace cinco mil años. Pero él sí lo creía. A pesar de que su memoria había sido borrada, sabía que era un semidiós de la misma manera que sabía que su nombre era Percy Jackson. Desde su primera conversación con la loba Lupa, había aceptado que todo este loco y destartalado mundo de Dioses y monstruos era su realidad. Que principalmente apestaba.

“¿Qué tal si lo llamamos un empate?” dijo. “No las puedo matar. No me pueden matar. Si son las hermanas de Medusa- como la Medusa que convertía a la gente en piedra- ¿no debería ya estar petrificado?

“¡Héroes!” Dijo Euryale con disgusto. “¡Siempre lo sacan a relucir, igual que nuestra madre! “¿Por qué no puedes convertir a la gente en piedra? Tu hermana puede convertir a la gente en piedra.” Bueno, ¡siento decepcionarte, chico! Esa maldición era solo de Medusa. Ella era la más horrorosa en la familia. ¡Ella tenía toda la suerte!”

Stheno lucía dolida. “¡Mamá decía que yo era la más horrorosa!”

“¡Silencio!” Euryale rompió. “En cuanto a ti, Percy Jackson, es cierto que portas la marca de Aquiles. Eso te hace un poco más difícil de matar. Pero no te preocupes. Encontraremos una forma.”

“¿La marca de qué?”

“Aquiles,” Stheno dijo jovialmente. “¡Oh, él era hermoso! Sumergido en el Río Estigio de niño, tú sabes, por lo que era invulnerable excepto por un pequeño punto en su talón. Eso es lo que te pasó, querido. Alguien debió sumergirte en el Estigio e hizo tu piel como acero. Pero no te preocupes. Héroes como tú siempre tienen un punto débil. Sólo tenemos que encontrarlo, y después te podemos matar. ¿No sería eso adorable? ¡Toma un Queso Crujiente y Salchichas!”

Percy intentó pensar. No recordaba ninguna sumergida en el Estigio. Luego de nuevo, no recordaba mucho acerca de nada. Su piel no se sentía como acero, pero eso explicaría cómo había aguantado tanto en contra de las gorgonas.

Tal vez si sólo se cayera de la montaña… ¿sobreviviría? No quería arriesgarse- no sin algo para amortiguar la caída, un trineo, o…

Miró la larga y plateada charola de muestras de Stheno.

Hmm…

“¿Reconsiderando?” preguntó Stheno. “Muy sabio, querido. Le agregué un poco de sangre de Gorgona a éstos, así que tu muerte será rápida y sin dolor.”

La garganta de Percy se encogió. “¿Añadiste tu sangre a los Quesos Crujientes y Salchichas?”
“Sólo un poco.” Stheno sonrió. “Un pequeño piquete en mi brazo, pero eres dulce al preocuparte. Sangre de nuestro lado derecho cura todo, tú sabes, pero sangre de nuestro lado izquierdo es mortal-“

“¡Tú imbécil!” Euryale chilló. “¡Se supone que no le digas eso! ¡No se comerá los aperitivos si le dices que están envenenadas!”

Stheno lucía pasmada. “¿No lo hará? Pero le dije que será rápido y sin dolor.”

“¡No importa!” Las uñas de Euryale crecieron y se hicieron garras. “Lo mataremos de la manera difícil- sólo mantente dando cuchilladas hasta encontrar el punto débil. ¡Una vez que derrotemos a Percy Jackson, seremos más famosas que Medusa! ¡Nuestro patrón nos recompensará grandemente!”

Percy empuñó su espada. Tenía que calcular su movimiento perfectamente- unos segundos de confusión, agarrar la charola con su mano izquierda…

Haz que sigan hablando, pensó.

“Antes de que me hagan pedazos,” dijo, “¿quién es este patrón que han mencionado?”

Euryale se burló. “¡La Diosa Gaea, por supuesto! ¡La que nos trajo de vuelta de nuestro olvido! No vivirás lo suficiente para conocerla, pero tus amigos allá abajo pronto enfrentarán su ira. Incluso ahora, sus tropas marchan al sur. Y en el Festín de la Fortuna, ella despertará, y los semidioses serán cortados como- como-”

“¡Cómo nuestros precios bajos en el Mercado del Regateo!” Stheno sugirió.

“¡Gah!” Euryale irrumpió hacia su hermana.

Percy tomó la iniciativa. Agarró la charola de Stheno, dispersando Quesos Crujientes y Salchichas envenenados, y atajó Riptide a través de la cintura de Euryale, cortándola a la mitad.

Alzó la charola, y Stheno se encontró a sí misma enfrentando su propio y grasiento reflejo.
“¡Medusa!” gritó.

Su hermana Euryale se había desmoronado y convertido en polvo, pero ya había iniciado a reformarse, cómo un hombre de nieve des-derritiéndose.

“¡Stheno, tú ingenua!” gorjeaba mientras la mitad ya hecha de su cara se alzaba del montículo de polvo. “¡Ese es tu propio reflejo! ¡Atrápalo!”

Percy estrelló la bandeja de metal en lo alto de la cabeza de Stheno, y ella se desmalló fríamente.

Puso la charola detrás de su trasero, dijo una plegaria silenciosa a cualquier Dios Romano que vigilara los estúpidos trucos de trineo, y saltó del lado de la colina.
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Aquiles
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    05/10/11, 07:25 pm

Bueno, envialo por privado, sino te dejo el mail de mi hermana que el mio no lo puedo usar TT_TT (ni idea xq)

lourdesmarquet@hotmail.com
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Mili Sanchez
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    05/10/11, 07:27 pm

a mi por privado >.<
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Aquiles
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    05/10/11, 08:22 pm

Viva xD
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    05/10/11, 11:24 pm

hola como veran soy nuevo en el foro y no se como adjuntar el archivo del libro que esta en pdf amensajes privados, quien lo quiera en ingles ponganme su correo
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kuroneko
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    05/10/11, 11:27 pm

para la traduccion la subire a mas tardar el sabado
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Mili Sanchez
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 12:12 pm

oki Wink mi correo es milita.007@hotmail.com
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Mili Sanchez
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 12:18 pm

NOTICIA:
kuroneko, ya el segundo capi de The Son of Neptune ha sido publicado. Así que, si ya terminaste o llevas un buen pedazo, publica. Si no, yo lo tengo aquí:
PERCY.
LO MALO DE CAER EN PICADO COLINA ABAJO unas cincuenta millas por hora en una bandeja de aperitivos, es que si te das cuenta de que era mala idea a mitad de camino, es demasiado tarde.

Percy esquivó a duras penas un árbol, rebotó contra una roca y dio vueltas mientras aterrizaba en la autopista. La bandeja de aperitivos no tenía dirección asistida. Escuchó gritar a las hermanas gorgonas y alcanzó a ver las serpientes de coral del pelo de Euríale por encima de la colina, pero no tuvo tiempo para preocuparse por ello. El techo de los apartamentos que se alzaban debajo de él como la proa de un barco de guerra. Colisión frontal en diez, nueve, ocho…

Se las arregló para girar hacia los lados con tal de evitar que se le rompieran las piernas con el impacto. La bandeja se deslizó por encima del techo y salió volando por el aire. La bandeja se fue por un lado y Percy por el otro.

En su caída hacia la carretera, un horrible escenario se le cruzó por la mente: su cuerpo estrellándose contra el parabrisas de algún coche utilitario, algún conductor molesto intentando sacarlo del parabrisas. “¡Estúpido, chico de dieciséis años que cae del cielo! ¡Llego tarde!”

Milagrosamente, una ráfaga de viento le llevó hacia un lado, lo suficiente para evitar la autopista y estrellarse contra un matorral. No era un aterrizaje suave, pero era mejor que el asfalto.

Percy gruñó. Quería tumbarse allí y dejar que pasara el tiempo, pero tenía que moverse.

Se incorporó, sus manos estaban llenas de arañazos, pero no tenía ningún hueso roto. Seguía llevando su mochila. En algún lugar del descenso había perdido la espada, pero Percy sabía que aparecería tarde o temprano en su bolsillo en forma de bolígrafo. Era parte de su magia.

Miró hacia la colina. Era difícil no distinguir a las gorgonas, con su colorido pelo reptiloide y sus delantales verde brillante del mercadillo. Estaban deslizándose por la colina, yendo poco a poco pero con más control que Percy. Aquellos pies de gallina debían de servir para escalar. Percy calculó que en cinco minutos le alcanzarían.

A su lado, un alta alambrada separaba la autopista de un barrido con calles amplias, casas acogedoras y altísimos eucaliptos. La verja estaba allí puesta para evitar que la gente cruzara la autopista e hiciera estupideces, como deslizarse en una bandeja de metal por entre los camiones, pero la alambrada tenía agujeros enormes por los que Percy pudo acceder fácilmente al vecindario. Quizá podría encontrar un coche y dirigirse hacia el oeste, hacia el océano. No le gustaba robar coches, pero durante las pasadas semanas, en situaciones de vida o muerte, había ‘tomado prestado’ unos cuantos, incluyendo un coche de policía. Quería devolverlos, pero no le duraban demasiado.

Miró hacia el este. Como supuso un centenar de colinas se extendían por el horizonte. En la falda de una colina había dos entradas a dos túneles distintos, uno para cada dirección de tráfico, observándole como las cuencas vacías de una gigantesca calavera. Dónde debería haber estado la nariz, una pared de cemento sobresalía del lado de la colina, con una puerta metálica, como la entrada a un búnker.

Debía de ser un túnel de mantenimiento. Eso era lo que los mortales podrían pensar, si eran capaces de ver la puerta. Pero eso es porque no podían ver a través de la Niebla. Percy sabía que la puerta era más de lo que aparentaba.

Dos chicos vestidos con armadura flanqueaban la entrada. Vestían una extraña mezcla de cascos romanos emplumados, corazas, vainas, tejanos, camisetas púrpuras y deportivas blancas. El guardia de la izquierda parecía una chica, a pesar de que era difícil de decir a través de la armadura. El de la derecha era un chico bajo y fornido con un carcaj y un arco a su espalda. Ambos chicos sujetaban dos varas de madera con puntas metálicas, como si de unos arpones pasados de moda se tratara.

El radar interno de Percy sonaba como loco. Después de tantos días horribles, había alcanzado su meta. Sus instintos le decían que si podía llegar al interior de la puerta, encontraría la seguridad por primera vez desde que los lobos le habían mandado hacia el sud.

Entonces… ¿por qué estaba tan aterrorizado?

A lo lejos, las gorgonas habían aterrizado por el techo de los apartamentos. A tres minutos de distancia, quizás menos.

Parte de él quería correr hacia la puerta en la colina. Tendría que cruzar la mitad de la autopista, pero sería un breve sprint. Podría llegar allí antes de que las gorgonas le alcanzaran.

Parte de él quería ir hacia el oeste, hacia el océano. Allí es dónde estaría más seguro. Allí era donde su poder era mayor. Aquellos guardas romanos en la puerta le hacían sentir nervioso. Algo dentro de él le decía: No es mi territorio, esto es peligroso.

—Por supuesto que tienes razón— dijo una voz a su lado.

Percy saltó. Primero creyó que Beano se las había arreglado para atraparle de nuevo, pero la anciana que se sentaba entre los matojos era más repulsiva que una gorgona. Parecía una vieja hippie que había sido tirada de la carretera haría unos cuarenta años desde dónde había estado recolectando basura y polvo desde entonces. Vestía un vestido de tela desteñida, con un edredón hecho jirones y bolsas de plástico. Su escasa mata de pelo era de un color gris-marrón, como las raíces de una planta seca, anudada con una cinta con el símbolo de la paz. Su cara estaba cubierta de verrugas y lunares. Cuando sonreía, mostraba exactamente sólo tres dientes.

—No es un túnel de mantenimiento— le confió—. Es la entrada al campamento.

Un relámpago recorrió la espalda de Percy. Campamento. Sí, de ahí era de dónde venía. Un campamento. Quizá era su hogar. Quizá Annabeth estaba cerca.

Pero algo iba mal.

Las gorgonas estaban oteando el horizonte desde el techo de los apartamentos. Entonces Esteno señaló con alegría hacia la dirección de Percy.

La anciana hippie alzó las cejas:

—No hay tiempo, chico. Tienes que escoger.

—¿Quién es usted? —preguntó Percy, a pesar de que no estaba seguro de querer saberlo. Lo último que necesitaba era otra mortal inofensiva que resultara ser un monstruo.

—Oh, puedes llamarme Junio— los ojos de la anciana relampaguearon como si hubiera hecho un chiste ingenioso—. En realidad, soy Junio, ¿no es cierto? Llamaron al mes así por mí.

—De acuerdo. Mire… debería irme. Dos gorgonas se acercan. No quiero que la hieran.

Junio acercó sus manos a la posición de su corazón.

—¡Qué encantador! ¡Pero eso es parte de tu elección!

—Mi elección…—Percy miró nervioso hacia la colina. Las gorgonas se habían quitado los delantales verdes. Unas alas salieron de sus espaldas… pequeñas alas de murciélago, que brillaban como el latón.

¿Desde cuándo tenían esas cosas alas? Quizá eran de decoración. Quizá eran demasiado pequeñas para sostener a una gorgona en el aire. Entonces ambas hermanas levantaron el vuelo desde los apartamentos y se dirigieron hacia él.

Genial, simplemente genial.

—Sí, una elección— dijo Junio, como si no hubiera prisa—. Puedes dejarme aquí a merced de las gorgonas e ir al océano. Te garantizo que llegarás con toda seguridad. Las gorgonas se alegrarán de atacarme a mí y dejarte ir. En el mar, ningún monstruo te molestará. Podrás comenzar una nueva vida, vivir hasta una edad anciana placentera y huir del gran dolor que te aguarda en tu futuro.

Percy estaba seguro de que no le gustaría la segunda opción.

—¿O?

—O podrías hacerle un pequeño favor a una anciana—dijo—. Carga conmigo hasta el campamento.

—¿Cargar con usted? —Percy esperó que estuviera bromeando. Entonces Junio se levantó las faldas y mostró sus morados pies hinchados.

—No puedo llegar allí por mí misma—dijo—. Carga conmigo, a través de la autopista, a través del túnel, a través del río.

Percy no sabía a qué río se refería, pero no sonaba fácil. Junio no parecía demasiado ligera.

Las gorgonas estaban a pocos metros de ellos. Seguro que se estaban relamiendo en aquél momento, como si supieran que la caza ya había terminado.

Percy miró la anciana.

—Y tengo que cargar contigo a este campamento, ¿por…?

—¡Porqué sería todo un acto de bondad! —dijo—. Y porque si no lo haces, los dioses morirán, el mundo tal como lo conocemos perecerá y todo aquél de tu vida anterior será destruido. Pero por supuesto, no les recordarás jamás, por lo que supongo que entonces no te importará. Estarás seguro en lo más hondo del océano…

Percy tragó saliva. Las gorgonas chillaron como si estuvieran entrando en batalla.

—Si voy al campamento—dijo—, ¿mi memoria volverá?

—Poco a poco—dijo Junio—. Pero te advierto, ¡sacrificarás muchas cosas! Perderás la marca de Aquiles. Sufrirás dolor, miseria y todo lo que has conocido hasta ahora cambiará. Pero quizá tengas una oportunidad de salvar a tus amigos y a tu familia para reclamar tu vieja vida.

Las gorgonas estaban dando vueltas a su alrededor. Estarían estudiando la anciana, intentado descubrir quién era la nueva participante del juego antes de mover ficha.

—¿Qué pasa con los guardias en la puerta? —preguntó Percy.

Junio sonrió.

—Oh, te dejarán pasar, cielo. Puedes confiar en esos dos. Entonces… ¿qué dices? ¿Ayudarás a una indefensa anciana?

Percy dudó que Junio fuera indefensa. Como mucho, aquello era una trampa. Aunque quizá fuera una especie de examen.

Percy odiaba los exámenes. Desde que había perdido su memoria, toda su vida era una hoja en blanco. Era __________, de __________. Se sentía _______, y si los monstruos le cogieran, él estaría ___________.

Entonces pensó en Annabeth, la única parte de su antigua vida de la que estaba seguro. Tenía que encontrarla.

—Cargaré contigo—le dijo a la anciana.

Era más ligera de lo que esperaba. Percy intento ignorar su ácido aliento y sus manos llenas de callos rodeándole el cuello. Alcanzó el primer carril de tráfico. Un conductor hizo sonar el claxon. Otro gritó algo que se perdió con el viento. Muchos se giraban y miraban irritados, como si tuvieran que aguantar esa clase de intervenciones en la autopista, adolescentes cargando mujeres mayores a través de la carretera principal de Berkeley.

Una sombra apareció por encima de él. Esteno le llamó llena de júbilo.

—¡Chico listo! ¡Nos has traído una diosa para entretenernos!

¿Una diosa?

Junio sonrió, inocente, mientras murmuraba:

—¡Ups! — cuando un coche casi les atropelló.

En algún lugar a su izquierda, Euríale gritó:

—¡Atrápales! Dos precios son mejor que uno.

Percy corrió a través de los carriles restantes. De alguna forma se las había apañado para llegar a la mitad de la autopista. Vio a las gorgonas aterrizando, coches esquivándolas mientras cruzaban la carretera. Se preguntó qué verían los mortales a través de la niebla, ¿pelícanos gigantes? ¿Suicidas con alas de murciélago? La loba Lupa le había dicho que las mentes mortales podían creer cualquier cosa, excepto la verdad.

Percy corrió hacia la puerta en la falda de la colina. Junio pesaba más y más a cada paso. El corazón de Percy repiqueteaba. Le dolían las costillas.

Uno de los guardias gritó. El chico con el arco tensó una flecha. Percy gritó.

—¡Esperad!

Pero el chico no estaba apuntándole a él. La flecha voló por encima de la cabeza de Percy y una gorgona aulló de dolor. La segunda guarda meneó su lanza frenéticamente incitando a Percy a darse prisa.

Quince metros para alcanzar la puerta. Diez metros.

—¡Te tengo! —chilló Euríale. Percy se giró mientras una flecha impactaba contra su frente. Euríale se precipitó contra la autopista. Un camión chocó contra ella y la hizo retroceder unos metros, pero ella escaló por la cabina, se sacó la flecha de la frente y alzó el vuelo.

Percy alcanzó la puerta.

—¡Gracias! —les dijo a los guardias—. Buen tiro.

—¡Debería haberla matado! —protestó el arquero.

—Bienvenido a mi mundo— murmuró Percy.

—Frank—dijo la chica—, hazles entrar, ¡rápido! Eso son gorgonas.

—¿Gorgonas? —la voz del arquero se quebró. Era difícil hablar sobre él llevando el yelmo, pero parecía robusto como un luchador de lucha libre, de unos catorce o quince—. ¿La puerta las detendrá?

En los brazos de Percy, Junio se rió socarronamente:

—No, no lo hará. En guarda, Percy Jackson. ¡A través del túnel, a través del río!

—¿Percy Jackson? —la guardia tenía la piel más morena, con el pelo rizado sobresaliéndole por los lados del yelmo. Parecía más pequeña que Frank, quizá tuviera trece. Con la vaina de la espada llegándole casi al tobillo. Aún así, hablaba como si fuera la que estaba a cargo de todo—. De acuerdo, obviamente eres un semidiós. Pero, ¿quién es…?—miró a Junio—. No importa. Entrad. Las mantendremos a raya.

—Hazel—dijo el chico—, ¿te has vuelto loca?

—¡Id! —les instó ella.

Frank maldijo en otra lengua… ¿latín? Y abrió la puerta:

—¡Vamos!

Percy entró tambaleándose con el peso de la anciana, quién definitivamente pesaba más a cada paso que daba. No sabía cómo podría la chica esa, Hazel, mantener a raya a las gorgonas, pero estaba demasiado cansado como para discutir.

El túnel estaba tallado en la roca, del tamaño de un pasillo escolar. Al principio, parecía un típico túnel de mantenimiento con cables eléctricos, señales de alerta y cajas de emergencia en las paredes, bombillas en sus lámparas por todo el techo. A medida que se internaban en el túnel, el suelo de cemento cambiaba a un suelo hecho con teselas de mosaico. Las luces se convertían en antorchas que ardían pero no soltaban humo. Unos metros más para adelante, Percy vio un recuadro de luz solar.

La anciana pesaba más que un montón de bolsas de arena. Los brazos de Percy comenzaron a arderle. Junio tarareaba una canción en latín, como una nana, lo que no ayudaba a Percy a concentrarse.

Detrás de ellos, las voces de las gorgonas resonaban en el túnel. Hazel gritó. Percy estuvo tentado de dejar caer a Junio e ir a ayudarles, pero entonces todo el túnel retumbó con el sonido de rocas cayendo. Por el túnel retumbó un graznido, como el que habían hecho las gorgonas cuando Percy les había dejado caer una caja de pelotas de bolera en Napa. Miró hacia atrás. El final oeste del túnel estaba lleno de polvo.

—¿No deberíamos ir a ver si Hazel está bien? —preguntó.

—Estará bien, espero…—dijo Frank—. Ella se mueve bien bajo tierra. ¡Sigue moviéndote! Casi hemos llegado.

—¿Casi dónde?

Junio soltó una risita.

—Todos los caminos llevan ahí, niño. Deberías saberlo.

—¿Al castigo? —preguntó Percy.

—A Roma, niño—dijo la anciana—. A Roma.

Percy no estaba seguro de haberla oído bien. Era cierto, su memoria había sido borrada. Su cerebro no se sentía bien desde que se había despertado en la Casa del Lobo. Pero estaba seguro de que Roma no estaba en California.

Siguieron corriendo. El brillo del final del túnel se volvió más brillante, y al final salieron a la luz del sol.

Percy se quedó estupefacto. A sus pies se abría un gigantesco valle de varias millas de ancho. La base del valle estaba moteada con pequeñas colinas, explanadas doradas y zonas forestales. Un pequeño riachuelo en el centro cuyo curso sinuoso formaba un lago en el centro y formaba una G mayúscula por todo el perímetro. Podrían haber estado en cualquier punto del norte de California, con álamos y eucaliptos, colinas doradas y cielos azules. Y esa gigantesca montaña… ¿Monte Diablo, se llamaba?… alzándose en la distancia, justo dónde debería estar.

Pero Percy sintió que se adentraba en un mundo secreto. En el centro del valle, acurrucada por el lago, había una pequeña ciudad de edificios de mármol blanco con tejados de tejas rojas. Algunos tenían cúpulas y otros portales con columnas, como si fueran monumentos nacionales. Otros parecían palacios, con puertas doradas y jardines enormes. Podía ver una plaza céntrica con columnas que no sujetaban nada, fuentes y estatuas. Un anfiteatro romano de cinco pisos brillaba a la luz del día, situado junto a una arena elíptica como un circuito de carreras.

A través del lago hacia el sur, otra colina estaba poblada de edificios incluso más espectaculares: templos, supuso Percy. Varios puentes de piedra cruzaban el río en su cruce por el valle y, al norte, una larga línea de arcos de ladrillos se alargaba de las colinas hasta la ciudad. Percy creyó que eran como una vía del tren elevada. Entonces se dio cuenta de que era un acueducto.

La parte más extraña del valle estaba situada justo debajo de él. Como a unos doscientos metros, justo al pasar el río, había algo parecido a un campamento militar. Se trataba de un cuadrado de unos cuatrocientos metros con terraplenes por los cuatro costados, protegido con puntas afiladas. Fuera de los muros corría un foso seco, también salpicado de puntas. Torres de vigilancia de madera se alzaban en cada esquina, en cada una había un centinela con una ballesta gigantesca cargada. Unos estandartes morados colgaban de las torres. Una amplia puerta abierta a un lado del campo, llevaba hacia la ciudad. Otra puerta más estrecha estaba cerrada a un lado del río. Dentro, la fortaleza rebosaba de actividad: docenas de chicos iban y venían de los barracones, cargando armas y puliendo armaduras. Percy oía el ruido metálico de los martillos en la forja y olía la carne siendo cocinada en una barbacoa.

Algo acerca de aquel lugar le recordaba muy familiar, aunque no todo estaba bien.

—Campamento Júpiter—dijo Frank—. Estaremos seguros una vez…

Unos pasos resonaron por el túnel. Hazel apareció a la luz del día. Estaba cubierta con polvo de piedra y respiraba con dificultad. Había perdido su yelmo, por lo que su pelo rizado caía por sus hombros. Su armadura tenía profundas marcas de garras de gorgona. Uno de los monstruos le había pegado una etiqueta de 50% de descuento.

—Las he ralentizado— dijo—. Pero estarán aquí en cualquier segundo.

Frank maldijo.

—Tenemos que cruzar el río.

Junio se apretó más al cuello de Percy.

—Oh sí, por favor. No puedo dejar que mi vestido se moje.

Percy se mordió la lengua. Si aquella señora era una diosa, debía ser la diosa de las hippies apestosas, pesadas e inútiles. Pero había llegado lejos. Sería mejor que siguiera arrastrando con ella.

Sería todo un acto de bondad, había dicho. Y, si no lo hacía, los dioses morirían, el mundo que conocemos perecería, y todo el mundo de su vida pasada sería destruido.

Si aquello era un examen, no podría evitar suspender.

Se tambaleó un par de veces mientras corrían hacia el río. Frank y Hazel le seguían de cerca.

Llegaron a la orilla del río y, Percy se detuvo para tomar aliento. La corriente era rápida, pero el río no parecía profundo. Sólo estaban a un tiro de piedra de cruzar las puertas del fuerte.

—Vamos, Hazel— Frank ajustó dos flechas al mismo tiempo—. Escolta a Percy para que los centinelas no le disparen. Ahora me toca a mí para mantener a los malos a raya.

Hazel asintió con la cabeza y se metió en el arroyo.

Percy comenzó a seguirla, pero algo le hizo vacilar. Por lo general, le encantaba el agua pero aquél río parecía… poderoso, pero no necesariamente simpatizante.

—El pequeño Tíber— dijo Junio, con simpatía—. Fluye con el poder del original Tíber, el río imperial. Esta es tu última oportunidad de retirarte, niño. La marca de Aquiles es una bendición griega. No puedes llevarla si quieres pisar territorio romano. El Tíber la borrará.

Percy estaba demasiado exhausto para entenderlo todo, pero entendió lo principal.

—Si cruzo, ¿no tendré la piel de acero nunca más?

Junio sonrió.

—¿Entonces qué? ¿Seguridad, o un futuro de dolor y posibilidades?

Detrás de él, las gorgonas chillaron al salir del túnel. Frank disparó las flechas.

Del centro del río, Hazel le llamó:

—¡Percy! ¡Vamos!

En las torres de control, los cuernos sonaron. Los centinelas gritaron y giraron sus ballestas hacia las gorgonas.

Annabeth, Percy pensó. Se sumergió en el río. Era de un frío helado, mucho más de lo que había imaginado, pero no le molestó. Una nueva fuerza surgió a través de sus miembros. Sus sentidos se estremecieron como si le hubieran inyectado cafeína. Llegó al otro lado y bajó la anciana mientras las puertas del campamento se abrían. Docenas de chicos con armaduras salieron.

Hazel se giró con una sonrisa aliviada. Entonces miró por detrás de los hombros de Percy, su expresión cambió a horror:

—¡Frank!

Frank estaba a mitad del río cuando las gorgonas le capturaron. Ambas se precipitaron desde el cielo y lo tomaron por ambos brazos. Gritó de dolor mientras las garras se le clavaban en la piel.

Los centinelas le gritaron, pero Percy supo que no podrían tener un tiro claro. Podrían acabar matando a Frank. Los otros niños sacaron las espadas preparados para ir al agua, pero llegarían tarde. Sólo había una manera. Percy sacó las manos. Tuvo una intensa sensación de tirón en el estómago, y el Tíber obedeció a su voluntad. El río creció. Se formaron remolinos a cada lado de Frank. Unas manos gigantes acuosas surgieron de repente de la corriente, copiando los movimientos de Percy. Las manos gigantes agarraron las gorgonas, que soltaron a Frank de repente. Entonces las manos levantaron a los monstruos que graznaban en un apretón de líquido sólido.

Percy oyó gritar a los otros niños y el apoyo, pero él se mantuvo centrado en su tarea. Hizo un gesto golpeador con los puños, y las manos gigantescas dejaron caer a las gorgonas en el Tíber. Los monstruos tocaron fondo y se convirtieron en polvo. Unas nubes brillantes de esencia de gorgona lucharon para volverse a formar, pero el río las separaba como una licuadora. Pronto todo rastro de gorgona fue arrastrado por la corriente. Los remolinos desaparecieron, y la corriente volvió a la normalidad.

Percy estaba en la orilla del río. Sus rompas y su piel vaporeaban como si las aguas del Tíber le hubieran dado un baño de ácido. Se sentía expuesto, desnudo, vulnerable…

En el medio del Tíber, Frank tropezó alrededor, parecía aturdido pero perfectamente bien. Hazel se metió en el río y le ayudó a llegar a tierra. Entonces Percy se dio cuenta de lo callados que estaban los otros niños. Sólo la anciana Junio parecía imperturbable.

—Bueno, ha sido un viaje encantador— dijo—. Gracias, Percy Jackson, por traerme al Campamento Júpiter.

Una de las chicas hizo un sonido asfixiante.

—¿Percy… Jackson?

Sonó como si reconociera su nombre. Percy se centró en ella, esperando ver una cara familiar.

Ella era obviamente la líder. Vestía una capa majestuosa morada por encima de su armadura. Su pecho estaba decorado con medallas. Debía tener la edad de Percy, con unos ojos oscuros y penetrantes y un largo pelo negro. Percy no la reconoció, pero la chica le miró como si le hubiera visto en sus pesadillas.

Junio rió deleitándose.

—Oh, sí. Os lo pasareis muy bien juntos.

Entonces, sólo para acabar de hacer el día completamente extraño, la anciana comenzó a brillar y a cambiar de forma. Creció hasta que era una brillante diosa de dos metros vistiendo un vestido azul, con una capa que parecía la piel de una cabra por encima de sus hombros. Su cara era severa y majestuosa. En su mano había algo coronado con una flor de loto.

Si era posible que los campistas parecieran más estupefactos, fue entonces. La chica del manto púrpura se arrodilló. Los otros la imitaron. Un chico se arrodilló con tanta rapidez que casi es atravesado por su propia espada.

Hazel fue la primera en hablar:

—Juno.

Ella y Frank se arrodillaron, dejando a Percy siendo el único en pie, pero después de haberla cargado durante todo este rato, no estaba muy dispuesto a mostrarle respeto.

—Conque Juno, ¿eh? —dijo—. Si he aprobado tu examen, ¿puede devolverme mi memoria?

La diosa sonrió.

—A su tiempo, Percy Jackson, si tienes éxito aquí en el campamento. Lo has hecho bien, lo que es un buen comienzo. Quizás aún hay esperanza para ti.

Se giró hacia los otros chicos.

—Romanos, os presento al hijo de Neptuno. Durante meses ha estado dormido, pero ahora está despertado. Su destino está en vuestras manos. El Festival de Fortuna se avecina, y la Muerte debe de ser desatada si tenéis alguna esperanza en la batalla. ¡No me falléis!

Juno brilló y desapareció. Percy miró a Hazel y a Frank para algún tipo de explicación, pero parecían igual de confusos que él. Frank estaba sujetando algo que Percy no había visto antes: dos frascos de arcilla con tapones de corcho, como dos pociones, una en cada mano. Percy no tenía ni idea de dónde las había sacado, pero vio a Frank metérselas en los bolsillos. Frank le echó una mirada como diciéndole: ya hablaremos más tarde. La chica con el manto morado se adelantó. Examinó a Percy con atención, y éste no puedo evitar pensar que quería atravesarle con una daga.

—Así que…—dijo fríamente—, un hijo de Neptuno, que viene con la bendición de Juno.

—Mira—dijo—, mi memoria está borrosa. Em… en realidad, no tengo recuerdos. ¿Te conozco?

La chica vaciló.

—Soy Reyna, pretor de la Duodécima Legión. Y no, no te conozco.

Lo último era mentira, Percy lo supo ver en sus ojos. Pero también entendió que si discutía con ella sobre eso, delante de sus soldados, no lo reconocería.

—Hazel—dijo Reyna—, hazle entrar. Quiero interrogarle en el principia. Entonces le enviaremos a Octavian. Debemos consultar a los augures antes de que podamos decidir qué hacer con él.

—¿A qué te refieres—preguntó Percy— a ‘decidir qué hacer’ conmigo?

La mano de Reyna se tensó sobre su daga. Obviamente no estaba acostumbrada a que sus órdenes fueran cuestionadas.

—Antes de aceptar a nadie en este campamento, debemos interrogarles y preguntar a los augures. Juno dijo que tu destino está en nuestras manos. Tenemos que saber si la diosa nos ha traído a un nuevo recluta…— Reyna estudió a Percy como si estuviera dubitativa—… O…—dijo más esperanzada— a un enemigo al que matar.
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Mili Sanchez
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 12:33 pm

Reyna no me cae lo que se dice bien
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 01:17 pm

A mi tampoco Evil or Very Mad de donde sera que lo conoce scratch??

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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 01:18 pm

un sueño, probablemente
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 01:52 pm

De seguro porque no tengo ni idea de que manera ella lo conozca

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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 02:30 pm

igual tiene algo que ver con el tema de la perdida de memoria Very Happy no se pero esta interesante
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 02:49 pm

Spoiler:
 
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 03:04 pm

Shocked no puedo creermelo Shocked de verdad kuroneko??

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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 03:26 pm

asi es ella y su hermana
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dark_angel96
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 03:41 pm

Cuál hermana?? Shocked cuenta cuenta Razz

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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 03:56 pm

no comas ancias ya lo leeras XD
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 04:02 pm

xD y despues a esperar el proximo T.T
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 04:22 pm

Si Sad por cierto el siguiente se llama The mark of Athena

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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 07:33 pm

Miren, ya salio el tercer capi. Como ya estan haciendo traducciones en www.beingravenclaw.tmblr.com me parece innecesario seguir con la traduccion, pero ustedes deciden. Traducimos nosotros o esperamos a que se vaya publicando en la pagina mencionada anteriormente?
Aqui va el 3ero
PERCY
AFORTUNADAMENTE A PERCY NO LE DABAN MIEDO LOS FANTASMAS. La mitad de la gente del campamento estaba muerta.

Resplandecientes guerreros morados estaban de pie fuera de la armería, puliendo espadas etéreas. Otros vagabundeaban alrededor de los barracones. Un chico fantasma paseaba a un perro fantasma por la calle. Y en los estables un tipo grandote de un rojo brillante con la cabeza de un lobo vigilaba una manada de… ¿unicornios?

Ninguno de los campistas prestaban demasiada atención a los fantasmas, pero mientras el séquito de Percy andaba, con Reyna en primer lugar y Hazel y Frank al otro lado, todos los espíritus dejaban de hacer lo que estaban haciendo y se quedaban mirando a Percy. Unos pocos parecían enfadados. Un joven fantasma menudo graznó algo parecido a “¡Greggus!” y se volvió invisible.

Percy deseó que también pudiera volverse invisible. Después de unas semanas él solo, toda aquella atención le hacía sentirse incómodo. Se mantuvo entre Hazey y Frank e intentó pasar inadvertido.

—¿Estoy viendo visiones? —preguntó—. ¿O eso son…?

—¿Fantasmas? —se giró Hazel. Tenía los ojos brillantes, como un diamante de catorce quilates—. Son los lares. Los dioses del hogar.

—Dioses del hogar—dijo Percy—. Como… menores que los dioses, pero mayores que los dioses de estar por casa, ¿no?

—Son espíritus ancestrales—le explicó Frank. Se quitó el yelmo, revelando una cara infantil que no pegaba con su corte militar o su abultado cuerpo. Parecía un niño pequeño que había tomado esteroides y se había unido a la marina.

—Los lares son un tipo de mascota—continuó—. La mayor parte de ellos son inofensivos, pero nunca los había visto tan alterados.

—Me están mirando a mí—dijo Percy—. Ese chico fantasma me ha llamado Greggus. No me llamo Greg.

—Graecus—dijo Hazel—. Una vez te hayas acostumbrado a estar aquí, comenzarás a entender el latín. Los semidioses tenemos un sentido natural para ello. Graecus significa griego.

—¿Eso es malo? —preguntó Percy.

Frank se aclaró la garganta.

—Quizá no. Pero tienes ese tipo de complexión, el pelo oscuro y todo eso. Quizá crean que eres griego. ¿Tienes familia de allí?

—No lo sé. Como he dicho antes, he perdido la memoria.

—O quizás…—vaciló Frank.

—¿Qué? —preguntó Percy.

—Probablemente nada—dijo Frank—. Los romanos y los griegos tenemos una antigua rivalidad. Algunas veces los romanos usamos graecus como insulto para alguien que es un extranjero, un enemigo. No me preocuparía por ello.

Sonaba preocupado.

Se detuvieron en el centro del campo, donde dos amplias carreteras pavimentadas con madera se encontraban en una T.

Una señal en el camino nombraba la carretera que llevaba a las puertas principales como Via Praetoria. La otra carretera, cortando por la mitad del campamento, se llamaba Via Principalis. Debajo de esas señales habían señales pintadas a mano que decían: BERKELEY A 8 KM. NUEVA ROMA A 1’5 KM. ANTIGUA ROMA A 11,716 KM. INFRAMUNDO A 3,710 KM (éste señalaba hacia abajo). RENO A 334 KM. PARA UNA MUERTE CERTERA, USTED SE ENCUENTRA EN EL LUGAR IDÓNEO.

Para una muerte certera, aquél lugar parecía bastante limpio y ordenado. Los edificios parecían estar recién pintados, estaba todo ordenado como si hubiera sido diseñado por un quisquilloso profesor de matemáticas. Los barracones tenían porches sombríos, donde los campistas descansaban en hamacas o jugaban a cardas y bebían refrescos. Cada dormitorio tenía un estandarte distinto en la puerta. Cada uno tenía un número romano y un animal distinto: águila, oso, lobo, caballo y algo que parecía un hámster.

Por la Via Praetotira, había tiendas anunciando comida, armaduras, armas, café, equipamiento para gladiadores y ofertas de togas. Una tienda de carruajes tenía un gran anuncio en la tienda: ¡EL NUEVO CAESAR XLS CON SISTEMA ANTIBLOQUEO DE RUEDAS, SIN DENARIOS DE IMPUESTOS!

En una esquina de las carreteras se levantaba el edificio más impresionante de todos, un edificio de dos pisos de mármol blanco con un portal de columnas como un banco anticuado. Había guardias romanos apostados en los lados. Por encima de la puerta había un estandarte gigantesco morado con las letras doradas SPQR cosidas junto a una corona de laurel.

—¿Vuestros cuarteles principales? — preguntó Percy.

Reyna se colocó frente a frente de él, sus ojos seguían siendo fríos y hostiles.

—Lo llamamos el principia.

Advirtió la agitación de campistas curiosos que les habían seguido desde el río.

—Todo el mundo, volved a vuestros deberes. Os haré un resumen en la asamblea de esta noche. Recordad, esta noche hay juegos bélicos después de la cena.

El pensamiento de una cena hizo que el estómago de Percy rugiera. La escena de una barbacoa en un comedor le hizo la boca agua. La panadería en una de las calles cercanas olía demasiado bien, pero dudó que Reyna le dejara ir.

La multitud se dispersó a regañadientes. Algunos murmuraron cosas sobre las oportunidades de Percy.

—Está muerto—dijo uno.

—O esos dos que le han encontrado—dijo otro.

—Sí—murmuró otra—. Dejemosle unirse a la Quinta Cohorte. Griegos con chalados.

Varios chicos se rieron, pero Reyna les lanzó una mirada de advertencia y se dispersaron.

—Hazel—dijo Reyna—. Ven con nosotros. Quiero tu informe sobre lo que paso en las puertas.

—¿Yo también? —dijo Frank—. Percy me ha salvado la vida. Tenemos que dejarle…

Reyna le lanzó a Frank una mirada muy severa, éste retrocedió.

—Me acuerdo de ti, Frank Zhang—dijo—. Estás en probatio. Has causado bastantes problemas esta semana.

Las orejas de Frank se volvieron rojas. Frank jugueteó con una pequeña tableta de una cuerda colgada de su cuello. Percy no había prestado mucha atención a eso, pero parecía como una etiqueta con su nombre de plomo.

—Ve a la armería—le dijo Reyna—. Consulta nuestro inventario. Te llamaré si te necesito.

—Pero…—Frank se detuvo—. Sí, Reyna.

Corrió.

Reyna hizo que Hazel y Percy entraran en los cuarteles generales.

—Ahora, Percy Jackson, veamos si podemos sacar algo de esa memoria.

El principia era incluso más impresionante por dentro. En el techo brillaba un mosaico que representaba a Rómulo y a Remo adoptados por una loba (Lupa le había contado esa historia miles de veces a Percy). El suelo era de mármol pulido. Las paredes estaban cubiertas de terciopelo, por lo que Percy se sintió como si estuviera dentro de la carpa de la tienda de campaña más cara del mundo. Por la pared a sus espaldas se alzaba una exposición de estandartes y postes de madera con medallas de bronce, símbolos militares, supuso Percy. En el centro había un hueco, como si el estandarte principal había sido retirado para limpiarlo o algo parecido.

En la otra esquina, una escalera bajaba. Estaba guardado por un par de barrotes de acero como una celda. Percy se preguntó qué había allí dentro, ¿monstruos? ¿Un tesoro? ¿Semidioses amnésicos que Reyna encerraba?

En el centro de la sala, una larga mesa de madera estaba llena de pergaminos, libretas, agendas electrónicas, dagas y un gran pote de cristal lleno de gominolas, algo que parecía no ir acorde lo demás. Dos estatuas a tamaño real de galgos ingleses, una dorada y la otra plateada, flanqueaban la mesa. Reyna anduvo por detrás de la mesa y se sentó en una de las sillas de respaldo alto. Percy deseó que pudiera sentarse en la otra, pero Hazel también se mantuvo de pie. Percy tuvo el sentimiento de que le tocaba decir algo.

—Entonces…—comenzó a decir.

Las estatuas de los perros enseñaron los dientes y gruñeron.

Percy se quedó helado. Normalmente le gustaban los perros, pero aquellos le miraban fijamente con sus ojos de rubí. Sus colmillos parecían ser tan afilados como cuchillas.

—Tranquilos, chicos—les dijo Reyna a los galgos.

Dejaron de gruñir, pero siguieron mirando fijamente a Percy como si se lo estuvieran imaginando como un hueso.

—No atacarán—dijo Reyna—, a no ser que intentes robar algo o que se lo ordene yo. Son Argentum y Aurum.

—Plata y Oro—dijo Percy. Los significados en latín le venían a la cabeza como dijo Hazel que harían. Había estado a punto de preguntar cuál era cuál. Entonces se dio cuenta que era una pregunta estúpida.

Reyna dejó caer la daga sobre la mesa. Percy tenía la vaga sensación de haberla visto en algún lugar antes. Su pelo era negro y brillante como la piedra volcánica, peinado en una simple coleta que caía por su espalda. Tenía el porte de un espadachín, relajada pero vigilante, como si estuviera lista para entrar en acción en cualquier momento. Las arrugas de preocupación en sus ojos le hacían parecer más mayor de lo que probablemente era.

—Ya nos conocemos—´dijo—. No recuerdo cuándo. Por favor, si pudieras decirme algo…

—Lo primero es lo primero—dijo Reyna—. Quiero ir tu historia. ¿Qué recuerdas? ¿Cómo has llegado hasta aquí? Y no mientas. A mis perros no les gustan los mentirosos.

Argentum y Aurum gruñeron para enfatizar lo dicho.

Percy les contó la historia, cómo se despertó en la mansión hecha ruinas en los bosques de Sonoma. Describió lo ocurrido con Lupa y su manada, aprendiendo su lenguaje de gestos y expresiones, aprendiendo a sobrevivir y a luchar.

Lupa le había hablado de los semidioses, los monstruos y los dioses. Le explicó que era una de los espíritus guardianes de la Antigua Roma. Los semidioses como Percy eran los responsables de continuar con las tradiciones romanas en los tiempos modernos, luchando contra monstruos, sirviendo a los dioses, protegiendo a los mortales y continuando la memoria del Imperio. Había pasado meses entrenándole, hasta que se hubo hecho tan fuerte y duro y fiero como un lobo. Cuando estuvo satisfecha con sus habilidades, le había enviado al sud, contándole que si sobrevivía al viaje, podría encontrar un nuevo hogar y recuperar su memoria.

Nada pareció sorprender a Reyna. De hecho, pareció encontrarlo muy típico, excepto por una cosa.

—¿No tienes recuerdos? —preguntó—. ¿Sigues sin recordar nada?

—Momentos difusos y sin sentido—Percy miró a los perros. No quería mencionar a Annabeth. Parecía demasiado privado, y seguía sin saber dónde encontrarla. Estaba seguro de que la había conocido en un campamento, pero este no era el lugar correcto. Tampoco quería contar el único recuerdo claro: la cara de Annabeth, con su pelo rubio y sus ojos grises, la forma en la que reía, en cómo ponía sus brazos a su alrededor y cuando le daba un beso cada vez que hacía algo estúpido.

Debió de haberme besado mucho, pensó Percy.

Tenía miedo de que si le contaba a alguien sobre su recuerdo, se evaporaría como un sueño. No podía arriesgarse a eso.

Reyna agarró su daga.

—En parte lo que nos cuentas es normal para los semidioses. A cierta edad, de una forma u otra, encontramos nuestro camino a la Casa del Lobo. Somos examinados y entrenados. Si Lupa cree que valemos, nos envía al sud para unirnos a la legión. Pero nunca he oído nada parecido, sobre perder la memoria. ¿Cómo encontraste el Campamento Júpiter?

Percy le contó sobre sus últimos tres días, las gorgonas que no morían, la anciana que se convertía en una diosa, y el encuentro final con Hazel y Frank en el túnel de la colina.

Hazel continuó la historia a partir de ahí. Describió a Percy como bravo y heroico, lo que le hacía sentir incómodo. Todo lo que había hecho era cargar con una anciana.

Reyna le estudió.

—Eres demasiado mayor para ser reclutado. ¿Cuántos tienes? ¿Dieciséis?

—Eso creo—dijo Percy.

—Si pasas demasiados años tú solo, sin entrenar o ayudar, deberías estar muerto. ¿Hijo de Neptuno? Debes tener un aura muy poderosa que podría atraer todo tipo de monstruos.

—Sí—dijo Percy—. Me han dicho que huelo.

Reyna casi sonríe, lo que le dio un respiro a Percy. Quizá fuera humana y todo.

—Debes de haber estado en algún lugar antes de la Casa del Lobo—dijo.

Percy frunció el ceño. Junio le había dicho algo sobre que estaba dormitando, y tenía un vago sentimiento de haber estado dormido, quizá durante mucho tiempo. Pero no tenía sentido.

Reyna suspiró.

—Bueno, los perros no te han comido, así que supongo que estás contándonos la verdad.

—De acuerdo—dijo Percy—. La próxima vez, ¿podemos usar un polígrafo?

Reyna se levantó. Estaba de cara a los estandartes. Sus perros metálicos miraban a todos lados.

—Aunque aceptara que no eres un enemigo—dijo—, no eres un típico recluta. La Reina del Olimpo no aparece por sí sola en este campamento, anunciando a un nuevo semidiós. La última vez que un dios mayor nos visitó…—negó con la cabeza—. He oído leyendas sobre esas cosas. Y un hijo de Neptuno… eso no es buena señal. Especialmente ahora.

—¿Qué hay de malo con Neptuno? —preguntó Percy—. ¿Y a qué te refieres con ‘especialmente ahora’?

Hazel le lanzó una mirada de advertencia.

Reyna siguió andando de un lado a otro.

—Has encontrado a las hermanas de Medusa, que no han sido vistas durante cientos de años. Has agitado a nuestros lares, quienes te llaman graecus. Y vistes símbolos extraños, esa camiseta, esas cuentas en tu collar. ¿Qué significan?

Percy miró hacia su camiseta naranja hecha jirones. En algún tiempo había tenido letras, pero ahora estaban demasiado borradas para leerse. Debía de haberse deshecho de esa camiseta hacia semanas. Se había destrozado pero, no se atrevía a deshacerse de ella. La seguía lavando en charcos y fuentes lo mejor que podía y se la volvía a poner.

Y en cuanto al colgante, las cuatro cuentas estaban decoradas con un símbolo distinto cada una. Una mostraba un tridente. Otra una miniatura del Vellocino de Oro. La tercera estaba pintada con el diseño de un laberinto y la última tenía la imagen de un edificio, ¿quizá el Empire State? Las cuentas tenían nombres grabados en ellos. Las cuentas parecían importantes, como las fotografías de un álbum familiar, pero no podía recordar qué significaban.

—No lo sé—dijo.

—¿Y tu espada? —dijo Reyna.

Percy comprobó su bolsillo. El bolígrafo había reaparecido como siempre lo hacía. Lo sacó y entonces se dio cuenta de que no le había enseñado nunca la espada a Reyna. Ni siquiera Hazel y Frank la habían visto. ¿Cómo sabía de ella Reyna?

Demasiado tarde para hacer que no tenía espada. Había destapado el bolígrafo. Contracorriente volvió a su forma original. Hazel ahogó el aliento. Los perros ladraron.

—¿Qué es eso? —preguntó Hazel—. Nunca he visto una espada como esa.

—Yo sí—dijo Reyna, sombría—. Es muy vieja, diseño griego. Acostumbrábamos a tener de esas en la armería pero…—se detuvo—. El metal se llama bronce celestial. Es mortal para los monstruos, como el oro imperial, pero aún más raro.

—¿Oro imperial? —preguntó Percy.

Reyna desenvainó su daga. Ahora sí que lo veía bien, la hoja era de oro.

—El metal fue consagrado en tiempos antiguos, en el Panteón de Roma. Su existencia fue guardado por los emperadores, algo para que sus campeones pudieran destrozar los monstruos que pusieran en peligro al Imperio. Acostumbrábamos a tener armas como estas, pero ahora… no tenemos. Yo uso esta daga. Hazel tiene una spatha, una espada de caballería. Muchos legionarios usan una espada más corta llamada gladius. Pero tu arma no es romana del todo. Otro símbolo de que no eres el típico semidiós. Y tu brazo…

—¿Qué le pasa? —preguntó Percy.

Reyna alzó el suyo mostrándole el antebrazo. Percy no lo había visto hasta entonces, pero tenía un tatuaje en él: las letras SPQR y una espada cruzada con una antorcha y cuatro líneas paralelas.

Percy miró a Hazel.

—Todos tenemos— coincidió, alzando su brazo—. Todos los miembros de la legión tenemos.

El tatuaje de Hazel tenía las letras SPQR, pero ella sólo tenía una línea y su emblema era distinto: un jeroglífico como una cruz con brazos curvos y una cabeza.



Percy se miró los brazos. Unas pocas rascaduras, un poco de barro y algo de queso derretido de los Cheese’n’Wieners, pero no tenía tatuajes.

—Así que nunca has sido miembro de la legión—dijo Reyna—. Esas marcas nunca se pueden borrar. Creí que…—negó con la cabeza, como si negara una idea.

Hazel se adelantó.

—Si ha sobrevivido tanto tiempo sólo, quizás haya visto a Jason—se giró hacia Piper—. ¿Has visto alguna vez un semidiós como nosotros? Un chico con una camiseta morada, con marcas en su brazo…

—Hazel—la voz de Reyna se endureció—. Percy ya tiene bastante en lo que preocuparse.

Percy tocó la punta de su espada, y Contracorriente se convirtió en un bolígrafo.

—Nunca había visto un chico como vosotros. ¿Quién es Jason?

Reyna le lanzó una mirada de odio a Hazel.

—Él es… era… my colega— señaló a la segunda silla vacía—. La legión normalmente tiene dos pretores electos. Jason Grace, hijo de Júpiter, era nuestro otro pretor hasta que desapareció el pasado octubre.

Percy intentó calcular. No había prestado atención al calendario siendo salvaje, pero Juno había mencionado que ahora estaban en junio—. ¿Estás diciendo que lleva desaparecido ocho meses y aún no le habéis sustituido?

—Quizá no haya muerto—dijo Hazel—. No nos rendimos.

Reyna hizo una mueca. Percy tuvo la sensación de que aquél chico llamado Jason debía de ser más que un colega.

—Las elecciones solo suceden de dos maneras—dijo Reyna—. O bien la legión alza a alguien en un escudo después de un gran éxito en el campo de batalla, y no hemos tenido demasiadas batallas últimamente, o celebramos una votación al anochecer del 24 de junio, en el Festival de Fortuna. Que es en cinco días.

Percy frunció el ceño.

—¿Tenéis una tuna?

—Fortuna—corrigió Hazel—. Es la diosa de la suerte. Lo que suceda en su día puede afectar al resto del año. Puede bendecir el campamento con buena suerte o… con muy mala suerte.

Reyna y Hazel miraron ambas el hueco entre los estandartes, como si pensaran en algo que echaban de menos.

De repente, un escalofrío recorrió la espalda de Percy.

—El Festival de Fortuna… las gorgonas mencionaron algo sobre eso. Y Juno. Dijeron que el campamento sería atacado ese día, algo sobre una grandiosa diosa malvada llamada Gea, y un ejército y la muerte siendo desatada. ¿Me estás diciendo que ese día es esta misma semana?

Los dedos de Reyna tamborilearon por la empuñadura de su daga.

—No dirás nada de eso fuera de esta sala— ordenó—. No quiero tenerte desatando el pánico en este campamento.

—Entonces es verdad—dijo Percy—. ¿Sabes lo que está pasando? ¿Podemos detenerlo?

Percy acababa de conocer a aquella gente. Ni siquiera estaba seguro de gustarle a Reyna. Pero quería ayudarles. Eran semidioses, igual que él. Tenían los mismos enemigos. Además, Percy recordó lo que Juno le había contado de él: no sólo aquel campamento estaba en peligro. Su vida pasada, los dioses, y el mundo entero podrían ser destruidos. Lo que fuera a venir, era enorme.

—Hemos hablado bastante—dijo Reyna—. Hazel, llévale a la Colina de los Templos. Encuentra a Octavian. De camino puedes responder las preguntas de Percy. Hablale de la legión.

—Sí, Reyna.

Percy tenía muchas preguntas en mente, pero sentía que su cerebro estaba a punto de derretirse. Pero Reyna dejó claro que la audiencia había terminado. Enfundó la daga. Los perros metálicos se levantaron y aullaron, moviéndose hacia Percy.

—Buena suerte con el augur, Percy Jackson—dijo—. Si Octavian te deja vivir, quizá podamos compartir información… sobre tu pasado.
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kuroneko
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 08:01 pm

pues yo ya lo termine de leer XD no se como sobrevivire al esperar todo este tiempo para el que sigue, por lo menos en marzo sale el quinto de poderes oscuros de kelly amstrong
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dark_angel96
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 08:06 pm

Gracias por poner el tercer capitulo cheers ya me muero de ganas por leer el siguiente Razz

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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    06/10/11, 08:46 pm

graax Cool despues de estar viviendo tanto de fanfictions, se me hara raro que en el campamento no estemos ninguno XD
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MensajeTema: Re: [52/52] Traducción de The Son Of Neptune    

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[52/52] Traducción de The Son Of Neptune
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