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"HOLA NIÑ@S NUEVOS,PRESENTENSE EN EL TEATRO :3"

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 "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   20/03/11, 06:48 am

me los estoy leyendo ahora que tengo tiempo. ¿Sueles usar mucho el google traductor para traducirlos? Lo supongo porque, aparte de que vas muy rapido, Salen cosas como "Thalia Gracia" en vez de Grace... Esta bien, pero algunas cosas dejan de tener sentido por el google traductor... pero de todas formas gracias y Dedalo, te animo a que sigas colgando los tuyos para que pueda leerme de los dos tipos de traduciones^^

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   20/03/11, 07:56 am

No te preocupes, yo voy a seguir subiendo. Pero es que soy un poco más lento traduciendo =S... En serio, Dany no se como puedes ir tan rapido ¡yo tardo la vida! jaja
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Capivilla
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   20/03/11, 11:55 am

seguramente use mucho el google traductor y por eso vaya rapido xD

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   20/03/11, 03:25 pm

Os dejo un trozo más de capítulo cuatro, tal y donde lo dejé (aunque al principio he ouesto un poco de lo que había antes para que no perdáis el hilo ;D). Todavía falta un trozo, la proxima vez que actualice completaré definitivamente el capítulo ;D.

===

Piper volvió a mirar la hoja. Por un momento, vio su propia imagen mirándola, pero luego el reflejo cambió. Vio llamas, y un rostro grotesco, como si estuviera tallado en una roca. Escuchó la misma risa que en su sueño. Vio a su padre con cadenas, atado a un poste frente a una hoguera que se extendía.
Dejó caer la hoja.
—¿Piper? —Annabeth gritó a los chicos de Apolo de la cancha—: ¡Un médico! ¡Necesito que venga alguien aquí!
—No, estoy... estoy bien—consiguió decir Piper.
—¿Estás segura?
—Sí. Yo solo...—tenía que autocontrolarse. Con los dedos temblándole, recogió la daga—. Solo estoy un poco abrumada. Son demasiadas cosas por hoy. Pero... Quisiera quedarme la daga, si te parece bien...
Annabeth dudó. Después hizo señas para que todos los chicos de la cabaña de Apolo se fueran.
—Muy bien, si estás segura. Te habías puesto muy pálida. Creí que te estaba dando un ataque o algo.
—Estoy bien—prometió Piper, mientras su corazón seguía latiendo con fuerza.
—¿Hay... em, un teléfono en el campamento? ¿Puedo llamar a mi padre?
Los ojos grises de Annabeth eran casi tan hipnóticos como la hoja de la daga. Parecía que estaba calculando un millón de posibilidades, e intentando leerle el pensamiento a Piper.
—No permitimos los teléfonos—dijo—. La mayoría de los semidioses, si usan un móvil, es como si estuvieran lanzando una bengala al cielo, dejando que los monstruos sepan donde están. Pero... Tengo uno—lo deslizó hacía el exterior de su bolsillo—. Pasaré por alto las reglas si esto puede ser nuestro secreto...
Piper lo cogió agradecida, intentando que no se notara el tembleque de sus manos. Dio unos pasos alejándose de Annabeth, y volvió la cara al área común. Llamó a la línea privada de su padre, aún sabiendo lo que podría pasar si lo hacía. Buzón de voz. Había estado intentando lo mismo durante tres días, desde el sueño. En la escuela de la Salvajería solo se permitía el privilegio de usar el teléfono una vez al día, pero ella había llamado todas las tardes, sin obtener nada.
A regañadientes, marcó otro número. El asistente personal de su padre respondió inmediatamente.
—Oficina del señor McLean.
—Jane—dijo Piper, apretando los dientes—, ¿dónde está mi padre?
Jane se calló por un momento, probablemente barajaba la posibilidad de zanjarlo todo con colgar,
—Piper, tenía entendido que no se puede llamar desde tu colegio.
—A lo mejor no estoy en el colegio—dijo Piper—, a lo mejor me he escapado para vivir con las criaturas del bosque.
—Emm...—Jane no sonaba muy interesada—. Bueno, le diré que has llamado.
—¿Dónde está?
—Fuera.
—¿No lo sabes, verdad?—Piper bajó la voz, deseando que Annabeth fuera lo suficientemente buena para poder escucharla—. ¿Cuándo piensas llamar a la policía, Jane? Podría estar en problemas...
—Piper, no vamos a convertir esto en un espectáculo para la prensa. Estoy segura de que está bien. Él suele quitarse de en medio de vez en cuando, pero siempre vuelve.
—Así que es cierto, no lo sabes...
—Tengo que irme, Piper—farfulló Jane—. Disfruta del colegio.
La conexión se acabó. Piper soltó una maldición. Volvió hasta Annabeth y le tendió el teléfono.
—¿No ha habido suerte?—preguntó Annabeth.
Piper no respondió. No se fiaba de sí misma, podía volver a empezar a llorar. Annabeth miró la pantalla de su teléfono y formuló:
—¿Tu apellido es “McLean”? Lo siento, no es asunto mío, pero me suena muy familiar.
—Es un nombre común.
—Sí, supongo. ¿Qué hace tu padre?
—Tiene un graduado en arte—dijo Piper automáticamente—. Es un artista cherokee.
Su respuesta por defecto, no era una mentira, no era toda la verdad. La mayoría de la gente cuando oían eso se figuraba que su padre vendía recuerdos de viaje indios en una carretera de la reserva (Figuritas que mueven la cabeza, collares de abalorios, pastillas del Gran Sanador..., esa clase de cosas).
—Oh—Annabeth no parecía convencida, pero guardó el teléfono—. ¿Te encuentras bien? ¿Seguimos andando?
Piper se ató su nueva daga al cinturón y se prometió a sí misma que más tarde, cuando estuviese sola, averiguaría como funcionaba.
—Claro—dijo—. Quiero verlo todo.

Todas las cabañas molaban, pero ninguna parecía estar hecha para Piper. Ninguna señal ardiente, tejón o no, apareció sobre su cabeza. La Cabaña Ocho era completamente de plata y brillaba como la luz de la Luna.
—¿Artemisa?—supuso Piper.
—Sabes de mitología griega—dijo Annabeth.
—Leí algunas veces sobre ella cuando mi padre estuvo trabajando en proyecto hace un año.
—Creía que hacía arte cherokee.
Piper soltó una maldición para su interior.
—Oh, claro, pero... Ya sabes, el también hace otras cosas.
Piper pensaba que ya lo había chivado todo: McLean, mitología griega. Afortunadamente Annabeth no parecía encontrar la conexión.
—De todas formas—continuó Annabeth—. Artemisa es diosa de la Luna y de la caza. Pero no tiene campistas, Artemisa es una doncella eterna, así que no tiene ningún hijo.
—Oh—eso desanimó a Piper. Siempre le habían gustado las historias de Artemisa, y se había imaginado que sería una madre molona.
—Bueno, están las Cazadoras de Artemisa—se corrigió Annabeth—, vienen algunas veces de visita. No son hijas de Artemisa, pero son sus siervas, una banda de chicas adolescentes inmortales que se aventuran justas a cazar monstruos.
A Piper le gustó la idea.
—Suena bien. ¿Se convierten en inmortales?
—A no ser que mueran en combate o que rompan sus votos. ¿He mencionado que tienen que jurar que renuncian a los chicos? No pueden enamorarse ni acercarse a ellos... nunca, nunca jamás.
—Oh—dijo Piper—. Nunca se me ocurriría.
Annabeth se rió. Por un momento pareció casi feliz, y Piper pensó que sería una amiga genial para pasar el rato en unas condiciones mejores. «Olvídalo—se recordó Piper a sí misma—, no vas a hacer amigos aquí una vez que te hayan descubierto».
Pasaron a la siguiente cabaña, la Número Diez, que estaba decorada como si fuera la casa de una Barbie con cortinas de encaje, una puerta rosa y macetas con claveles en las ventanas. Pasaron por la puerta y olieron el perfume que casi hizo que Piper se amordazase la boca.
—Puaj. ¿Es aquí dónde las supermodelos vienen a morir?
Annabeth sonrió burlonamente.
—Es la Cabaña de Afrodita. Diosa del amor. Drew es la consejera jefe.
—Pues vaya...
—No son todas malas—dijo Annabeth—, la última consejera jefe que tuvimos era genial.
—¿Qué le ocurrió?
La cara de Annabeth se ensombreció.
—Deberíamos continuar.

Miraron las otras cabañas, pero Piper solo acabó más deprimida. Se imaginó como sería si fuera hija de Deméter, diosa de la agricultura, después se acordó que mataba a cada planta que tocaba. Atenea molaba. O quizás Hécate, diosa de la magía. Pero en realidad no le importaba. Incluso ahí, donde se suponía que todo el mundo tenía un padre perdido, sabía que acabaría siendo “la niña no deseada”. No esperaba con ganas la fogata de aquella noche.
—Empezamos con doce dioses olímpicos—explicó Annabeth—. Dioses masculinos a la izquierda, femeninos a la derecha. Después del año pasado añadimos un montón de cabañas nuevas para otros dioses que no tenían tronos en el Olimpo (Hécate, Hades, Iris...)
—¿Cuales son las dos grandes del final?—preguntó Piper.
Annabeth frunció el ceño.
—Son Zeus y Hera, rey y reina de los dioses.
Piper se encabezó hacía allí y Annabeth la siguió, aunque no estaba muy emocionada. La Cabaña de Zeus a Piper le recordaba a un banco. Era de mármol blanco con grandes columnas en la entrada y pulidas puertas de bronce adornadas con relámpagos en relieve. La Cabaña de Hera era más pequeña pero hecha con el mismo estilo, excepto en las puertas que estaban adornadas con plumas de pavo real en relieve, con colores brillantes y diferentes. Al contrario que las otras cabinas, que eran todas ruidosas y rebosantes de actividad, la de Zeus y la de Hera parecían estar en completo silencio.
—¿Están vacías?
Annabeth asintió.
—Zeus lleva mucho tiempo tener hijos. Bueno, sin tener muchos hijos. Como los hijos de Zeus, Poseidón y Hades (los tres dioses hermanos, que son llamados los Tres Grandes) son realmente poderosos y realmente peligrosos, llevan intentando no tener hijos semidioses los últimos setenta años.
—¿”Intentando no tener”?
—A veces se han... em... escaqueado. Tengo una amiga, Thalia Grace, que es hija de Zeus, pero renunció a su vida en el campamento y se convirtió en una Cazadora de Artemisa. Mi novio, Percy, es hijo de Poseidón. Y hay un chico que aparece de vez en cuando, Nico..., hijo de Hades. Excepto esos, no hay más hijos semidioses de los Tres Grandes. Al menos, no que sepamos.
—¿Y Hera?—Piper miró a las puertas decoradas con plumas de pavos reales. La cabaña la molestaba, aunque no estaba segura por qué.
—Diosa del matrimonio—el tono de Annabeth estaba siendo cuidadosamente controlado, como si estuviera evitando soltar una maldición—. No tiene hijos con nadie que no sea Zeus. Así que, no, no hay semidioses. La cabaña es solo honoraria.
—No te gusta—se dio cuenta Piper.
—Tenemos una larga historia—admitió Annabeth—, pensé que estábamos en paz, pero cuando Percy desapareció... Tuve una extraña visión de ella.
—Diciéndonos que fueras a recogernos—dijo Piper—, pero pensaste que Percy estaría ahí.
—Es mejor que no hable de eso—dijo Annabeth—, no tengo nada bueno que decir de Hera ahora mismo.
Piper miró la base de las puertas.
—¿Entonces quien viene aquí?
—Nadie. La cabaña es solamente honoraria, tal y como he dicho. No hay nadie dentro.
—Sí que hay alguien.
Piper señaló una huella de pisada que había en la polvorienta entrada. Por instinto, empujó las puertas y estas se deslizaron con facilidad. Annabeth retrocedió un paso.
—Em, Piper, no creo que debiésemos...
—¿Se supone que tenemos que hacer cosas peligrosas, no?
Y Piper entró.


===

Proximamente... Final del capítulo 4 ;D
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Dani Jackson
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   20/03/11, 04:38 pm

Bueno sinceramente , no me acoseis con el maldito google traductor , por que encontre una descarga que tenia 8 capítulos en español, por eso me la he bajado y he hecho copiar y pegar lo admito . Embarassed me han pillao , solo que queria que lo lierais y así poder subir de nivel en el foro Embarassed , pero ahora me he bajado una en ingles y ahora los estoy haciendo a mano con la ayuda de mi primo , ok
I'm sorry !!!

Por cierto Dedalo , Deadolo , Dedalo ! (t`estoi animando )
To tambien quiero escuchar tus traducciones , ya que tu traduces mejor que yo
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dedalo15
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   21/03/11, 03:11 pm

Con razón tarducías tan rápido... Bueno, por mí no pasa nada. Pero ten en cuenta que lo importante del foro no es subir de nivel ni de rango ni de nada, ya que a ninguno nos van a dar una medalla ni previlegios por llegar a postar un trillón de mensajes o por cualquier otra cosa. El objetivo de este foro es hacer amigos, estar (aunque no sea físicamente) con personas que comparten aficiones que muchas otras que conoces no tienes: No te molestes en subir de nivel porque no sirve de nada, tan sólo disfruta de la compañia ;D, ¿por qué no le das un repaso a los demás temas? A lo mejor encunetras un fan fic que te gusta, un tema que te interese y si no siempre puedes abrir los tuyos pripios ;D!! Ah y gracias por los animos jeje.

Bueno, por fin os puedo dejar el capítulo cuatro completo al 100% sin cortes ni partes a medias. Los que hayais leido las partes ya colgadas saltaroslas si quereis ya que no son diferentes y los que no leerno desde el principio. Es posible que apartir de hoy mismo no pueda traducir hasta un tiempo, no porque yo no quiera, me encanta este proyecto, pero como vosotros podeis comprobar en muchos comentarios o como martita os puede confirmar no suelo tener mucho tiempo libre, y ahora me viene una época apretada... ¡pero regresaré en cuanto tenga la oportunidad =D!!

Sin más rollos el cpítulo 4 ;D


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CAPÍTULO IV
PIPER

PIPER SE DIÓ CUENTA EN SEGUIDA DE QUE EL CORAZÓN DE ANNABETH no entraba en el paseo. Ella habló sobre las apasionantes actividades del campamento (arquería mágica, montura de pegasos, la pared de lava, la lucha contra monstruos), pero no mostró emoción alguna. Como si su mente estuviera en cualquier otro lugar. Señaló el pabellón al aire libre que estaba interponiéndose a las vistas de Long Island Sound (Sí, Long Island la de Nueva York, tan lejos habían viajado en carro). Annabeth explicó como el Campamento Mestizo era casi un campamento de verano, pero algunos chicos se quedaban todo el año, y había tantos campistas que siempre había multitud, incluso en invierno.
Piper se preguntó como habían llegado al campamento, y como sabían que ella y sus amigos pertenecían a aquel lugar. Se imaginó como sería quedarse todo el tiempo, o que no se le diera bien ninguna de las actividades. ¿Podría dejar a un monstruo fuera de combate? Un millón de preguntas bombeaban en su cabeza, pero dado el humor de Annabeth, decidió quedarse callada.

Mientras subían por la colina al borde del campamento, Piper se volvió y obtuvo una visión alucinante del valle, un gran tramo de árboles al noroeste, una hermosa playa, el arroyo, el lago de canoas, exuberantes campos verdes y la vista completa de las cabañas, un surtido de edificios raros dispuestos formando una omega griega, Ω, cuyo centro era la casa verde. Piper contó veinte cabañas en total. Una rebosaba de oro, otra de plata, una tenía césped en el techo, otra era de rojo brillante con alambre de espino, una cabaña era negra con ardientes llamas verdes en el pórtico...
Todo aquello parecía un mundo diferente, alejado de las colinas nevadas y los campos de los alrededores.
—El valle está protegido de los ojos de los mortales—dijo Annabeth—. Como puedes ver, el tiempo también está controlado. Cada cabaña representa a un dios griego, y es un hogar para los hijos de ese dios.
Miró a Piper como si estuviera intentando determinar como se estaba tomando las novedades.
—Estás diciendo que mi madre era una diosa.
Annabeth asintió.
—Te lo estás tomando con una calma asombrosa.
Piper no le podía contar el porqué. Ella no podía admitir que todo eso confirmaba algunas sensaciones extrañas que había tenido algunos años, discusiones con su padre sobre porque no había ninguna foto de su madre en la casa, y porque su padre nunca le había dicho cómo o por que se fue su madre. Pero en su mayoría, el sueño la había advertido de que todo eso se estaba acercando.
«Pronto te encontrarán, semidiosa—había dicho aquella voz—. Cuando lo hagan, sigue nuestras instrucciones. Coopera, y tu padre quizás viva»
Piper respiró débilmente.
—Supongo que después de esta mañana es algo más fácil creer. Bueno, ¿quién es mi madre?
—Lo sabremos pronto—dijo Annabeth—. Tienes... ¿Cuántos? ¿Quince? Se suponía que los dioses tenían que reconoceros a los trece. Ese era el trato.
—¿El trato?
—Hicieron una promesa el verano pasado... Es una larga historia... Pero prometieron no ignorar a sus hijos semidioses más, reconocerlos como mucho a los trece. A veces tardan un poco más, pero ya has visto lo rápido que Leo ha sido reconocido nada más venir aquí. Deberá de pasarte pronto. Apuesto a que esta noche en la fogata recibiremos una señal.
Piper se imaginó con un martillo ardiente sobre la cabeza, o con su suerte algo más embarazoso. Quizás un tejón en llamas. Fuera quien fuese su madre, Piper no tenía razones para pensar que estaría orgullosa de reconocer a una hija cleptómana con problemas masivos.
—¿Por qué a los trece?
—Porque a partir de esa edad—dijo Annabeth— más monstruos se dan cuenta de tu presencia e intentan matarte. Empieza sobre los trece. Por eso enviamos a protectores a las escuelas para encontrar a gente como vosotros, y traeros al campamento antes de que sea demasiado tarde.
—¿Cómo el entrenador Hedge?
Annabeth asintió.
—Es... Era un sátiro: mitad hombre, mitad cabra. Los sátiros trabajan para el campamento, encontrando semidioses, protegiéndolos y trayéndolos cuando llega la hora.
Piper no tenía ningún problema creyéndose que el entrenador Hedge era medio cabra. Lo había visto caer. Nunca le había caído bien, pero no podía creerse que hubiera sacrificado su vida para salvarlos.
—¿Qué le pasó?—preguntó—. Cuando nos elevamos a las nubes... ¿Está con dios?
—Qué palabras—Annabeth se había quedado un poco perturbada—. Los espíritus de la tormenta... es muy difícil luchar con ellos. Incluso con nuestra mejor arma, bronce celestial, pasaríamos a través de ellos sin pillarles por sorpresa.
—Pues la espada de Jason convirtió a uno en polvo—recordó Piper.
—Pues tuvo suerte. Si hieres a un monstruo de una manera precisa, puedes disolverlo, enviar su esencia de vuelta al Tártaro.
—¿El Tártaro?
—Un enorme abismo en el Inframundo, de donde provienen los peores monstruos. Como una especie de pozo del mal. De todas formas, una vez que los monstruos se disuelven, pasan unos meses, o unos años antes de que se puedan volver a reformar. Pero desde que este espíritu de la tormenta, Dylan, se fue.... Bueno, no sé por que iba a mantener a Hedge con vida. Pero Hedge era un protector, piénsalo. Él conocía los riesgos. Y los sátiros no tienen armas mortales, se reencarnará en un árbol, una flor o algo así.
Piper intentó imaginarse al entrenador Hedge como un ramo de violetas con mala uva. Eso la hizo sentirse todavía peor.
Miró las cabañas de más abajo, y una sensación de malestar la invadió. La cabaña de su madre estaba ahí abajo en alguna parte, lo que significaba que tenía hermanos y hermanas, más gente a la que tendría que traicionar.
«Haz lo que te digamos—había dicho la voz—, o las consecuencias serán dolorosas».
Cruzó los brazos, tratando de parar aquella agitación.
—Estará bien—prometió Annabeth—. Aquí tienes amigos. Todos hemos pasado por un montón de cosas extrañas. Sabemos lo que estás pasando.
«Lo dudo», pensó Piper.
—He cambiado de escuela cinco veces los últimos cinco años—dijo—. Mi padre hace todo lo que puede por mantenerme así.
—¿Solo cinco?—no sonó como una burla—. Piper, todos hemos sido tratados como alborotadores. Yo me escapé de casa cuando tenía siete años.
¿En serio?
—Oh, sí. A la mayoría nos han diagnosticado Trastorno por déficit de atención con hiperactividad o dislexia, o las dos...
—Leo tiene TDAH.
—Exacto. Es porque estamos entrenados para pelear. Inquietos, impulsivos... No tenemos lugar entre los chicos normales. Deberías oír los muchos problemas que Percy...—su cara se ensombreció—. De todas formas, los semidioses tienen mala reputación. ¿Cómo te metiste tú en problemas?
Generalmente, cuando alguien le hacía esa pregunta, Piper empezaba a pelearse, a cambiar de tema o a causar cualquier tipo de distracción. Pero por algunos motivos se descubrió a sí misma contando la verdad.
—Robando cosas—dijo—. Bueno, no robando en realidad.
—¿Es pobre tu familia?
Piper se rió amargamente.
—No mucho. Lo hice... No sé por qué. Por atención, supongo. Mi padre nunca tiene tiempo para mí a no ser que esté metida en líos.
Annabeth asintió.
—Te creo. Pero... ¿Has dicho que en realidad no robaste? ¿A qué te refieres?
—Bueno... Nadie me ha creído. La policia, los profesores... Incluso la gente a la que robé: están tan avergonzados que niegan lo que pasó. Pero la verdad es que no robé nada. Solo le pido cosas a la gente y ellos me la dan. Incluso el BMW convertible. Tan solo lo pedí y el vendedor dijo “Claro, cógelo”. Después se dio cuenta de lo que había hecho, supongo, y la policía vino a por mí.
Piper esperó. Estaba acostumbrada a que la gente la llamase mentirosa, pero cuando levantó la vista Annabeth simplemente asintió.
—Interesante. Si tu padre fuera un dios, diría que eres hija de Hermes, el dios de los ladrones. Puede ser realmente convincente. Pero tu padre es mortal...
—Y mucho—agregó Piper.
Annabeth sacudió la cabeza, al parecer desconcertada.
—Pues entonces no sé. Con suerte, tu madre te reclamará esta noche.
Piper casi esperaba que eso no pasase. Si su madre era una divinidad, ¿sabría algo sobre el sueño? ¿sabría lo que se le había pedido a Piper que hiciera? Se preguntó si los dioses del Olimpo castigarían a sus hijos con rallos por ser malos, o si los enterrarían en el Inframundo.
Annabeth la estaba estudiando. Piper decidió que tenía que tener cuidado con lo que dijese a partir de ese momento. Annabeth era claramente muy lista. Si cualquiera pudiera figurarse el secreto de Piper...
—Vamos—dijo Annabeth al final—. Hay algo más que necesito comprobar.

Avanzaron un poco más lejos hasta que alcanzaron una cueva cerca de la cima de la colina. Huesos y espadas viejas llenaban el suelo. Antorchas flanqueaban la entrada, que estaba cubierta por una cortina de terciopelo que tenía serpientes bordadas. Parecía el escenario para una especie de espectáculo de marionetas.
—¿Qué hay ahí?—preguntó Piper.
Annabeth metió la cabeza dentro, suspiró y cerró las cortinas.
—Nada de momento. Es la casa de una amiga. La he estado esperando desde hace unos días, pero hace ya mucho, nada.
—¿Tu amiga vive en una cueva?
Annabeth casi logró sonreír.
—En realidad, su familia tiene un piso lujoso en Queens, y está yendo a una escuela de finalización en Connecticut. Pero cuando está aquí en el campamento, sí, vive en la cueva. Es nuestro oráculo, cuenta el futuro. Esperaba que me ayudase...
—... A encontrar a Percy—supuso Piper.
Toda la energía parecía haber salido de Annabeth, como si la hubiese estado reteniendo todo lo que había podido. Se sentó en una roca y su expresión se lleno de tanto dolor que Piper se sintió como una intrusa observadora.
Se obligó a sí misma a mirar a otra parte. Sus ojos se desviaron hasta la cresta de la colina, donde un único pino dominaba la línea que los separaba del horizonte. Algo brillaba en una rama baja, como una alfombrilla para la ducha de oro. No... no una alfombrilla de ducha. Era un vellocino. «Muy bien—pensó Piper—. Un campamento griego. Tienen una réplica del Vellocino de Oro». Después reparó en la base del árbol. Al principio pensó que estaba envuelta en un montón de cables púrpuras enredados. Pero los cables tenían escamas de reptil, píes con garras, una cabeza como la de una serpiente y una nariz humeante.
—Eso es... un dragón—tartamudeó—. ¿Ese es el Vellocino de Oro?
Annabeth asintió, pero estaba claro que en realidad no escuchaba. Sus hombros se hundieron. Se frotó el rostro y suspiró vacilante.
—Perdona. Estoy un poco cansada.
—Pareces estar a punto de desmayarte—dijo Piper—. ¿Cuánto tiempo llevas buscando a tu novio?
—Tres días, seis horas y unos doce minutos.
—¿Y no tienes ni idea de que le ha pasado?
Annabeth sacudió la cabeza tristemente.
—Estábamos tan emocionados porque los dos empezábamos las vacaciones de invierno temprano. Nos reunimos en el campamento el martes, imaginando que tendríamos tres semanas juntos. Iba a ser genial. Luego, después de la fogata, él... él me dio un beso de buenas noches, volvió a su cabaña, y por la mañana se había ido. Registramos todo el campamento, contactamos con su madre, hemos intentado localizarlo de cualquier manera que se nos ocurría. Nada. Simplemente ha desaparecido.
Piper pensaba «Hace tres días». La misma noche que había tenido aquel sueño.
—¿Cuánto llevabais juntos?
—Desde agosto—dijo Annabeth—, desde el dieciocho de agosto.
—Casi justo cuando conocí a Jason—dijo Piper—, pero nosotros solo llevamos juntos unas semanas.
Annabeth hizo una mueca.
—Piper... sobre eso... Quizás deberías sentarte.
Piper sabía de qué iba eso. El pánico empezó a dominarla, como si sus pulmones se estuvieran llenando de agua.
—Mira, sé lo que Jason cree. Cree que él simplemente apareció en nuestra escuela hoy. Pero no es verdad. He estado con él desde hace cuatro meses.
—Piper—dijo Annabeth tristemente—, es la Niebla.
—¿Qué quiebra?
—N. I. E. B. L. A. Es una especia de velo que separa el mundo mortal del mundo mágico. Las mentes de los mortales no pueden procesar las cosas extrañas como los dioses y los monstruos, la Niebla distorsiona la realidad. Hace que los mortales vean cosas de una manera que puedan entenderlas... Sus ojos podrían pasar desapercibido el valle completamente, o lo mismo miran al dragón y ven un enredo de cables.
Piper tragó saliva.
—No. Tu misma has dicho que no soy una mortal normal. Soy una semidiosa.
—Incluso les puede afectar a los semidioses. Lo he visto montones de veces. Los monstruos se infiltran en algunos lugares como los colegios, haciéndose pasar por humanos, y todo el mundo cree que recuerda a esa persona. Creen que siempre ha estado cerca. La Niebla puede cambiar la memoria, incluso crear recuerdos de cosas que nunca han pasado...
—¡Pero Jason no es un monstruo! —insistió Piper—. Es un humano, o un semidiós, o lo que sea que quieras llamarle. Mis recuerdos no son falsos. Son muy reales. La vez que incendiamos los pantalones del entrenador Hedge, la vez que Jason y yo vimos la lluvia de meteoritos en el techo del internado y por fin el estúpido chico me besó...
Se encontró a sí misma enrollándose, contándole a Annabeth cosas sobre el semestre entero en la escuela de la Salvajería. Le había gustado Jason desde la primera semana que lo había conocido, era tan bueno con ella, y tan paciente que incluso podía soportar a Leo y a sus estúpidas bromas. Había aceptado como era ella y no la había juzgado por las tonterías que había hecho. Habían pasado horas hablando, mirando las estrellas y con el tiempo (por fin) cogidos de la mano.
Todo eso no podía ser falso.
Annabeth frunció los labios.
—Piper, tus recuerdos son mucho más realistas que los de la mayoría, lo admito y no sé porque es. Pero si lo conocieras de verdad...
—¡Lo conozco!
—Entonces, ¿de dónde es?
Piper se sintió como si la hubieran golpeado entre los ojos.
—Debe de habérmelo dicho, pero...
—¿Te habías dado cuenta de su tatuaje antes de hoy? ¿Te ha contado alguna vez algo sobre sus padres, sus amigos o su anterior escuela?
—N-No lo sé, pero...
—Piper, ¿cual es su apellido?
Su mente estaba en blanco. No se sabía el apellido de Jason. ¿Cómo era posible? Empezó a llorar. Se sentía como una completa idiota, pero se sentó el la roca a lado de Annabeth con el corazón recién roto en pedazos. Aquello era demasiado. ¿Es que todo lo que era bueno en su estúpida y miserable vida tenía que esfumarse?
«Sí—le había dicho el sueño—. Sí hasta que hagas exactamente lo que te digamos»
—Ey—dijo Annabeth—. Vamos a aclararlo. Jason está aquí ahora. ¿Quién sabe? Quizás os hagais pareja en la realidad.
No era muy probable, pensaba Piper, no si el sueño le había dicho la verdad, pero eso no podía decirlo en alto. Se quitó una lágrima de la mejilla.
—Me has traído aquí para que nadie pueda verme lloriquear, ¿verdad?
Annabeth se encogió de hombros.
—Me figuré que sería duro para ti. Sé lo que se siente si pierdes a tu novio.
—Pero sigo sin poder creérmelo... Yo sé que teníamos algo. Y ahora simplemente se ha ido, ya no me reconoce. Si de verdad ha aparecido hoy, ¿entonces por qué ha pasado eso? ¿cómo ha llegado hasta nosotros? ¿por qué no se acuerda de nada?
—Buenas preguntas—dijo Annabeth—. Esperemos que Quirón pueda resolverlas. Pero por ahora, es necesario que te establezcas. ¿Lista para volver a bajar?
Piper miró el loco conjunto de cabañas en el valle. Su nuevo hogar, una familia que supuestamente la comprendería... pero pronto serían otro montón de gente a la que había decepcionado, otro lugar del que sería expulsada.
«Los traicionarás por nosotros—había advertido la voz—, o lo perderás todo.»
No tenía elección.
—Sí—mintió—, estoy lista.

En el verde centro, un grupo de campistas estaban jugando al baloncesto. Hacían unos mates increíbles. La pelota no rebotaba en el borde, todos marcaban tres puntos automáticamente.
—Es la cabaña de Apolo—explicó Annabeth—. Los mejores tirando cosas, misiles, flechas... pelotas de baloncesto.
Pasaron por la zona de duelo, donde dos chicos estaban atacándose el uno al otro con espadas.
—¿Las hojas de las espadas son reales?—hizo notar Piper—, ¿eso no es peligroso?
—Esa es la gracia de matarse—dijo Annabeth—. Oh, lo siento. No he usado unas palabras muy adecuadas. Esa cabaña de allí es la mía, la Cabaña Número Seis—asintió a un edificio gris con una lechuza sobre el umbral de la puerta. A través de la puerta, que estaba abierta, Piper podía ver estanterías, armas expuestas y una de esas pizarras electrónicas inteligentes que tenían en las aulas. Dos chicas estaban dibujando un mapa que parecía el esquema de una batalla.
—Hablando de espadas—dijo Annabeth—. Ven.
Llevó a Piper a un sitio cercano a la cabaña, a un gran cobertizo de metal que parecía destinado a guardar herramientas de jardinería. Annabeth lo abrió y dentro no había herramientas de jardinería, a no ser que lo que había lo usases para declararle la guerra a tus propias tomateras.
El cobertizo estaba hasta los topes de todo tipo de armas, desde espadas, pasando por lanzas, hasta ramas como las del entrenador Hedge.
—Todo semidiós necesita un arma—dijo Annabeth—. Hefesto hace las mejores, pero nosotros también tenemos una buena selección. Las de Atenea son estratégicas... Hay que juntar el arma indicada con la persona indicada. Vamos a ver...
A Piper no le hacía mucha gracia el comprar objetos mortíferos, pero sabía que Annabeth estaba tratando de hacer algo bueno para ella.
Annabeth le tendió una espada enorme, que Piper a duras penas podía levantar.
—No—dijeron ambas al unísono.
Annabeth inspeccionó un poco más lejos en el cobertizo y trajo una más.
—¿Una escopeta?—preguntó Piper.
—Una Mossberg 500—Annabeth comprobó que su reacción no fue muy positiva—. No te preocupes. No hace daño a los humanos. Esta alterada para disparar bronce celestial, así que solo mata monstruos.
—Um... No creo que sea de mi estilo—dijo Piper.
—Mmm, sí—estuvo de acuerdo Annabeth—. Demasiado ostentosa.
Devolvió la escopeta y empezó a decidirse frente a un grupo de ballestas cuando algo en la esquina del cobertizo captó la atención de Piper.
—¿Qué es eso?—dijo—, ¿un cuchillo?
Annabeth lo cogió y le sopló para retirar el polvo de la vaina. Parecía que no había visto la luz del día en siglos.
—No lo sé, Piper—Annabeth sonaba incómoda—. No creo que quieras este. Las espadas suelen ser mejores.
—Tú usas un cuchillo—Piper señaló al que Annabeth tenía colgando del cinturón.
—Sí, pero... —Annabeth se encogió de hombros—. Bueno, cógelo si lo quieres.
La vaina estaba hecha de cuero negro, adornada con bronce. Nada elegante, nada llamativa. El mango de manera encajaba perfectamente en la mano de Piper. Cuando lo desenfundó, se encontró con una cuchilla triangular de dieciocho pulgadas de largo, el bronce brillaba como si lo hubiesen pulido el día anterior. Los bordes parecían bastante mortíferos. Su reflejo en la cuchilla la pilló por sorpresa, parecía más mayor, más seria, y no asustada tal y como se sentía.
—Te pega—admitió Piper—. Este tipo de hoja se llama parazonium. Era sobretodo para ceremonias al cargo de grandes rangos del ejército griego. Te hace parecer una persona con poder y riqueza, pero en una lucha te puede proteger muy bien.
—Me gusta—dijo Piper—. ¿Por qué pensabas que no sería adecuada?
Annabeth exhaló.
—Esta hoja tiene una larga historia. La mayoría de la gente tendría miedo de usarla. Su primer dueño... Bueno, las cosas no le fueron muy bien. Se llamaba Elena.
Piper se dejó llevar.
—Espera, ¿te refieres a la Elena? ¿La Elena de Troya?
Annabeth asintió.
Piper se sintió de pronto como si tuviera que estar cogiendo la daga con guantes de plástico.
—¿Y está aquí tirada entre vuestras herramientas?
—Estamos rodeados de cosas de la Antigua Grecia—dijo Annabeth—, pero esto no es un museo. Las armas como esta... están para usarlas. Son nuestro patrimonio como semidioses. Esta era un regalo de boda de Menelao, el primer marido de Elena. Ella nombró a la daga como “Katoptris”.
—¿Qué significa?
—“Espejo”—dijo Annabeth—“Cristal para mirarse”. Probablemente porque era lo único para lo que la utilizaba Elena. No creo que haya estado en una batalla nunca.
Piper volvió a mirar la hoja. Por un momento, vio su propia imagen mirándola, pero luego el reflejo cambió. Vio llamas, y un rostro grotesco, como si estuviera tallado en una roca. Escuchó la misma risa que en su sueño. Vio a su padre con cadenas, atado a un poste frente a una hoguera que se extendía.
Dejó caer la hoja.
—¿Piper? —Annabeth gritó a los chicos de Apolo de la cancha—: ¡Un médico! ¡Necesito que venga alguien aquí!
—No, estoy... estoy bien—consiguió decir Piper.
—¿Estás segura?
—Sí. Yo solo...—tenía que autocontrolarse. Con los dedos temblándole, recogió la daga—. Solo estoy un poco abrumada. Son demasiadas cosas por hoy. Pero... Quisiera quedarme la daga, si te parece bien...
Annabeth dudó. Después hizo señas para que todos los chicos de la cabaña de Apolo se fueran.
—Muy bien, si estás segura. Te habías puesto muy pálida. Creí que te estaba dando un ataque o algo.
—Estoy bien—prometió Piper, mientras su corazón seguía latiendo con fuerza.
—¿Hay... em, un teléfono en el campamento? ¿Puedo llamar a mi padre?
Los ojos grises de Annabeth eran casi tan hipnóticos como la hoja de la daga. Parecía que estaba calculando un millón de posibilidades, e intentando leerle el pensamiento a Piper.
—No permitimos los teléfonos—dijo—. La mayoría de los semidioses, si usan un móvil, es como si estuvieran lanzando una bengala al cielo, dejando que los monstruos sepan donde están. Pero... Tengo uno—lo deslizó hacía el exterior de su bolsillo—. Pasaré por alto las reglas si esto puede ser nuestro secreto...
Piper lo cogió agradecida, intentando que no se notara el tembleque de sus manos. Dio unos pasos alejándose de Annabeth, y volvió la cara al área común. Llamó a la línea privada de su padre, aún sabiendo lo que podría pasar si lo hacía. Buzón de voz. Había estado intentando lo mismo durante tres días, desde el sueño. En la escuela de la Salvajería solo se permitía el privilegio de usar el teléfono una vez al día, pero ella había llamado todas las tardes, sin obtener nada.
A regañadientes, marcó otro número. El asistente personal de su padre respondió inmediatamente.
—Oficina del señor McLean.
—Jane—dijo Piper, apretando los dientes—, ¿dónde está mi padre?
Jane se calló por un momento, probablemente barajaba la posibilidad de zanjarlo todo con colgar,
—Piper, tenía entendido que no se puede llamar desde tu colegio.
—A lo mejor no estoy en el colegio—dijo Piper—, a lo mejor me he escapado para vivir con las criaturas del bosque.
—Emm...—Jane no sonaba muy interesada—. Bueno, le diré que has llamado.
—¿Dónde está?
—Fuera.
—¿No lo sabes, verdad?—Piper bajó la voz, deseando que Annabeth fuera lo suficientemente buena para poder escucharla—. ¿Cuándo piensas llamar a la policía, Jane? Podría estar en problemas...
—Piper, no vamos a convertir esto en un espectáculo para la prensa. Estoy segura de que está bien. Él suele quitarse de en medio de vez en cuando, pero siempre vuelve.
—Así que es cierto, no lo sabes...
—Tengo que irme, Piper—farfulló Jane—. Disfruta del colegio.
La conexión se acabó. Piper soltó una maldición. Volvió hasta Annabeth y le tendió el teléfono.
—¿No ha habido suerte?—preguntó Annabeth.
Piper no respondió. No se fiaba de sí misma, podía volver a empezar a llorar. Annabeth miró la pantalla de su teléfono y formuló:
—¿Tu apellido es “McLean”? Lo siento, no es asunto mío, pero me suena muy familiar.
—Es un nombre común.
—Sí, supongo. ¿Qué hace tu padre?
—Tiene un graduado en arte—dijo Piper automáticamente—. Es un artista cherokee.
Su respuesta por defecto, no era una mentira, no era toda la verdad. La mayoría de la gente cuando oían eso se figuraba que su padre vendía recuerdos de viaje indios en una carretera de la reserva (Figuritas que mueven la cabeza, collares de abalorios, pastillas del Gran Sanador..., esa clase de cosas).
—Oh—Annabeth no parecía convencida, pero guardó el teléfono—. ¿Te encuentras bien? ¿Seguimos andando?
Piper se ató su nueva daga al cinturón y se prometió a sí misma que más tarde, cuando estuviese sola, averiguaría como funcionaba.
—Claro—dijo—. Quiero verlo todo.

Todas las cabañas molaban, pero ninguna parecía estar hecha para Piper. Ninguna señal ardiente, tejón o no, apareció sobre su cabeza. La Cabaña Ocho era completamente de plata y brillaba como la luz de la Luna.
—¿Artemisa?—supuso Piper.
—Sabes de mitología griega—dijo Annabeth.
—Leí algunas veces sobre ella cuando mi padre estuvo trabajando en proyecto hace un año.
—Creía que hacía arte cherokee.
Piper soltó una maldición para su interior.
—Oh, claro, pero... Ya sabes, el también hace otras cosas.
Piper pensaba que ya lo había chivado todo: McLean, mitología griega. Afortunadamente Annabeth no parecía encontrar la conexión.
—De todas formas—continuó Annabeth—. Artemisa es diosa de la Luna y de la caza. Pero no tiene campistas, Artemisa es una doncella eterna, así que no tiene ningún hijo.
—Oh—eso desanimó a Piper. Siempre le habían gustado las historias de Artemisa, y se había imaginado que sería una madre molona.
—Bueno, están las Cazadoras de Artemisa—se corrigió Annabeth—, vienen algunas veces de visita. No son hijas de Artemisa, pero son sus siervas, una banda de chicas adolescentes inmortales que se aventuran justas a cazar monstruos.
A Piper le gustó la idea.
—Suena bien. ¿Se convierten en inmortales?
—A no ser que mueran en combate o que rompan sus votos. ¿He mencionado que tienen que jurar que renuncian a los chicos? No pueden enamorarse ni acercarse a ellos... nunca, nunca jamás.
—Oh—dijo Piper—. Nunca se me ocurriría.
Annabeth se rió. Por un momento pareció casi feliz, y Piper pensó que sería una amiga genial para pasar el rato en unas condiciones mejores. «Olvídalo—se recordó Piper a sí misma—, no vas a hacer amigos aquí una vez que te hayan descubierto».
Pasaron a la siguiente cabaña, la Número Diez, que estaba decorada como si fuera la casa de una Barbie con cortinas de encaje, una puerta rosa y macetas con claveles en las ventanas. Pasaron por la puerta y olieron el perfume que casi hizo que Piper se amordazase la boca.
—Puaj. ¿Es aquí dónde las supermodelos vienen a morir?
Annabeth sonrió burlonamente.
—Es la Cabaña de Afrodita. Diosa del amor. Drew es la consejera jefe.
—Pues vaya...
—No son todas malas—dijo Annabeth—, la última consejera jefe que tuvimos era genial.
—¿Qué le ocurrió?
La cara de Annabeth se ensombreció.
—Deberíamos continuar.

Miraron las otras cabañas, pero Piper solo acabó más deprimida. Se imaginó como sería si fuera hija de Deméter, diosa de la agricultura, después se acordó que mataba a cada planta que tocaba. Atenea molaba. O quizás Hécate, diosa de la magía. Pero en realidad no le importaba. Incluso ahí, donde se suponía que todo el mundo tenía un padre perdido, sabía que acabaría siendo “la niña no deseada”. No esperaba con ganas la fogata de aquella noche.
—Empezamos con doce dioses olímpicos—explicó Annabeth—. Dioses masculinos a la izquierda, femeninos a la derecha. Después del año pasado añadimos un montón de cabañas nuevas para otros dioses que no tenían tronos en el Olimpo (Hécate, Hades, Iris...)
—¿Cuales son las dos grandes del final?—preguntó Piper.
Annabeth frunció el ceño.
—Son Zeus y Hera, rey y reina de los dioses.
Piper se encabezó hacía allí y Annabeth la siguió, aunque no estaba muy emocionada. La Cabaña de Zeus a Piper le recordaba a un banco. Era de mármol blanco con grandes columnas en la entrada y pulidas puertas de bronce adornadas con relámpagos en relieve. La Cabaña de Hera era más pequeña pero hecha con el mismo estilo, excepto en las puertas que estaban adornadas con plumas de pavo real en relieve, con colores brillantes y diferentes. Al contrario que las otras cabinas, que eran todas ruidosas y rebosantes de actividad, la de Zeus y la de Hera parecían estar en completo silencio.
—¿Están vacías?
Annabeth asintió.
—Zeus lleva mucho tiempo tener hijos. Bueno, sin tener muchos hijos. Como los hijos de Zeus, Poseidón y Hades (los tres dioses hermanos, que son llamados los Tres Grandes) son realmente poderosos y realmente peligrosos, llevan intentando no tener hijos semidioses los últimos setenta años.
—¿”Intentando no tener”?
—A veces se han... em... escaqueado. Tengo una amiga, Thalia Grace, que es hija de Zeus, pero renunció a su vida en el campamento y se convirtió en una Cazadora de Artemisa. Mi novio, Percy, es hijo de Poseidón. Y hay un chico que aparece de vez en cuando, Nico..., hijo de Hades. Excepto esos, no hay más hijos semidioses de los Tres Grandes. Al menos, no que sepamos.
—¿Y Hera?—Piper miró a las puertas decoradas con plumas de pavos reales. La cabaña la molestaba, aunque no estaba segura por qué.
—Diosa del matrimonio—el tono de Annabeth estaba siendo cuidadosamente controlado, como si estuviera evitando soltar una maldición—. No tiene hijos con nadie que no sea Zeus. Así que, no, no hay semidioses. La cabaña es solo honoraria.
—No te gusta—se dio cuenta Piper.
—Tenemos una larga historia—admitió Annabeth—, pensé que estábamos en paz, pero cuando Percy desapareció... Tuve una extraña visión de ella.
—Diciéndonos que fueras a recogernos—dijo Piper—, pero pensaste que Percy estaría ahí.
—Es mejor que no hable de eso—dijo Annabeth—, no tengo nada bueno que decir de Hera ahora mismo.
Piper miró la base de las puertas.
—¿Entonces quien viene aquí?
—Nadie. La cabaña es solamente honoraria, tal y como he dicho. No hay nadie dentro.
—Sí que hay alguien.
Piper señaló una huella de pisada que había en la polvorienta entrada. Por instinto, empujó las puertas y estas se deslizaron con facilidad. Annabeth retrocedió un paso.
—Em, Piper, no creo que debiésemos...
—¿Se supone que tenemos que hacer cosas peligrosas, no?
Y Piper entró.

La Cabaña de Hera no era un lugar donde Piper hubiese querido vivir. Era fría hasta ser como un congelador, con un círculo de columnas blancas alrededor de una estatua de la diosa situada en el centro de diez metros de alto, sentada en un trono y con una túnica de oro. Piper siempre había pensado que las estatuas griegas eran blancas incluidos los ojos, pero los de esta brillaban con una pintura que casi los hacía parecer humanos... salvo por ser gigantescos. Parecían que seguían a Piper.
A los pies de la diosa, había un fuego en un brasero de bronce. Piper se preguntó quien lo mantenía si la cabaña siempre estaba vacía. Había un halcón de piedra sobre los hombros de Hera, y en sus manos había un ramo de flores de loto. El pelo de la diosa estaba recogido en trenzas negras. Su cara sonría, pero sus ojos eran fríos y calculadores, como si estuviesen diciendo «Mami sabe lo que se hace, y como sogas por aquí te aplastaré a pisotones».
No había nada más en la cabaña; ni camas, ni muebles, ni baño, ni ventanas. Nada que una persona pudiese usar para vivir. Para ser la diosa del hogar y el matrimonio, a Piper su cabaña le recordaba a una tumba. No, esta no era su madre. Al menos Piper estaba segura de eso. No había entrado por haberse sentido divinamente con aquel sitio, era porque ahí dentro se sentía más fuerte. Su sueño, ese horrible ultimátum que había acordado, tenía algo que ver con esa cabaña.
Se paralizó, no estaban solas. Detrás de la estatua había un pequeño altar, a la espalda, en el que se erguía una persona cubierta con un hábito, sólo se le veían las manos, con las palmas abiertas. Parecía que estaba haciendo algún tipo de hechizo u oración. Annabeth suspiró:
—¿Rachel?
La otra chica se volvió. Se quitó el hábito, revelando una melena de pelo rojo rizado y una cara pecosa que no pegaba con la seriedad de la cabina ni con el hábito. Tendría unos diecisiete, una adolescente totalmente normal con una blusa verde y unso gastados vaqueros cubiertos de dibujos hechos con rotulador. A pesar de que el suelo estaba frío, estaba descalza.
—¡Ey!—corrió a abrazar a Annabeth—. Lo siento, he venido lo más deprisa que he podido.
Hablaros un par de minutos sobre el novio de Annabeth, de que no había noticias suyas y de más, hasta que finalmente Annabeth se acordó de Piper, que estaba allí de píe sintiéndose incomoda.
—Soy una maleducada—se disculpó Annabeth—. Rachel, esta es Piper, una de los mestizos que hemos rescatado hoy. Piper, esta es Rachel Elizabeth Dare, nuestra oráculo.
—La amiga que vive en la cueva—supuso Piper. Rachel sonrió.
—Esa soy yo.
—Entonces, ¿eres un oráculo?—preguntó Piper—, ¿puedes contar el futuro?
—No como el futuro ese de leer los posos del té—dijo Rachel—, yo digo profecías. El espíritu del oráculo se apodera de mí y me usa para contar algo importante que no le interesa a nadie. Pero sí, con profecías cuento el futuro.
—Am—Piper empezó a cambiar el peso de una pierna a otra—. Eso mola.
Rachel se rió.
—No te preocupes. A todo el mundo le resulta un poco raro. Pero por lo general soy inofensiva.
—¿Eres una semidiosa?
—Nop—dijo Rachel—, sólo una mortal.
—Entonces, ¿por qué estabas...?—Piper señaló con la mano a toda la sala. La sonrisa de Rachel se desvaneció. Miró a Annabeth fijamente y luego de nuevo a Piper.
—Tan solo era una corazonada. Tenía que ver con esta cabaña y la desaparición de Percy. Están relacionadas de alguna manera. He aprendido a dejarme llevar por mi instinto, especialmente desde el mes pasado, cuando los dioses se callaron.
—¿”Se callaron”? —preguntó Piper.
Rachel frunció el ceño y miró a Annabeth.
—¿Aún no se lo has dicho?
—Estaba en ello—dijo Annabeth—. Piper, desde el mes pasado... Bueno, es normal que los dioses no hablen mucho con sus hijos, por lo general podemos contar con que nos manden mensajes de vez en cuando. Algunos de nosotros podemos visitar el Olimpo. Yo me he pasado prácticamente todo el semestre en el Empire State Building.
—¿Disculpa?
—Es la entrada al Monte Olimpo de momento.
—Ah—dijo Piper—. Claro, ¿por qué no?
—Annabeth estaba rediseñando el Olimpo después de que fuera dañado en la Guerra del Titán—explicó Rachel—. Es una arquitecta increíble, deberías ver el mostrador de ensaladas que...
—De todas formas—dijo Annabeth—, empezó hace un mes: el Olimpo quedó en silencio. La entrada se cerró y nadie conseguía entrar. Nadie sabe por qué. Es como si los dioses hubieran cerrado el quiosco. Ni siquiera mi madre responde a mis oraciones, y el director de nuestro campamento, Dioniso, ha sido reclamado.
—¿El director de vuestro campamento es el dios del... vino?
—Sí, es una...
—... Larga historia—dedujo Piper—. Ya, tú sigue.
—En realidad sí que lo es—dijo Annabeth—. Los semidioses siguen siendo reconocidos, pero nada más. No hay mensajes, no hay visitas, no hay signos de que los dioses no estén siquiera escuchando. Es como si hubiera pasado algo... algo realmente malo. Después Percy desapareció.
—... Y Jason apareció en nuestra excursión—completó Piper—, sin recuerdos.
—¿Quién es Jason?—preguntó Piper.
—Mi.—Piper se detuvo antes de poder decir “novio”, pero el esfuerzo hizo que sintiera dolor en el pecho—... amigo. Pero Annabeth, dijiste que Hera te había mandado una visión en un sueño.
—Así es—dijo Annabeth—, fue la primera señal de comunicación de un dios en un mes, y de Hera, la diosa que es menos generosa, y contacto conmigo, su semidiosa menos preferida. Me dijo que sabría que le pasó a Percy si iba a la pasarela del Gran Cañón y buscaba a la persona con un zapato. En lugar de eso, os encontré a vosotros, y a la persona con un zapato que resultó ser Jason. No tiene sentido.
—Algo malo está pasando—estuvo de acuerdo Rachel. Miró a Piper, y esta se sintió un deseo incontenible de hablarles de su sueño, de confesarles que ella misma sabía lo que estaba pasando (al menos una parte de la historia), y la peor parte era que este era solo el principio.
—Chicas—dijo—, yo... tengo que...

Antes de poder continuar, el cuerpo de Rachel se quedó rígido, sus ojos empezaron a brillar con luz verde y agarró a Piper de los hombros. Piper intentó soltarse, pero las manos de Rachel eran como pinzas de acero.
Libérame—dijo, pero no era la voz de Rachel. Sonaba como la de una mujer más mayor hablando desde un lugar lejano, profundo y extenso, y como si se estuviera comunicando a través de una tubería que producía eco—. Libérame, Piper McLean, o la tierra nos tragara a todos. Debe ser en el solsticio.
La sala comenzó a girar. Annabeth trató de separar a Piper de Rachel, pero fue inútil. Un humo verde las envolvía, y Piper ya no estaba segura de estar despierta o soñando. La gigantesca estatua de la diosa parecía estar levantándose de su trono. Se inclinó hacía Piper y clavó sus aburridos ojos en ella. Se le abrió la boca, su aliento era como un horrible perfume muy espeso. Habló con la misma voz:
Nuestros enemigos se mueven. El ardiente solo será el primero. Sométete a su voluntad, y su rey se ensalzará dominándonos a todos nosotros. ¡Libérameee!

Las rodillas de Piper se tambalearon y después todo se volvió negro.



Última edición por dedalo15 el 26/03/11, 04:48 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   22/03/11, 09:18 am

¿Estas de examenes Dedalo?.
Dani te animo a comentar por todo el foro si quieres subir de rango, hay muchisimos post en los que seguro, en alguno, encuentras algo que te guste^^

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   23/03/11, 01:45 pm

Más bien estoy con las consecuencias que traen T.T

Aunque no han sido tan malas despues de todo... ¡¡Puedo seguir traduciendo =D!! (baile de la macarena discreto)

A ver cuando traduzco por lo menos la mitad del quinto y lo subo ;D
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Dani Jackson
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   24/03/11, 06:44 am

lo siento , estare de colonias hasta el mates i no podre postear , i'm sorry
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   25/03/11, 03:55 pm

Buff se me acumulan todos los caps, cuando puedo los leo ^^
Gracias x traducirlos David, tu si k vales!!
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   25/03/11, 04:05 pm

Gracias ^^. Maña o pasado cuelgo la mitad del 5 por lo menos ;D
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   26/03/11, 06:51 am

^^ gracias por las traduciones =P

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   26/03/11, 11:06 am

Gracias a vosotros =D. Aquí os dejo el capítulo 5 entero ;D

===

CAPÍTULO V
LEO

EL PASEO DE LEO ESTABA YENDO BIEN HASTA QUE
se enteró de lo del dragón. El tipo arquero, Will Solace, parecía bastante guay. Todo lo que le ensañaba a Leo era tan emocionante que debería ser ilegal. ¿Buques de guerra de verdad amarrados en la playa y prácticas de lucha y de lanzar flechas y explosivos? ¡Genial! ¿Talleres de arte donde podías hacer esculturas con motosierras y sopletes? Leo ya estaba como diciendo «¡Apúntame!» ¿El bosque estaba plagado de monstruos peligrosos y nadie podía entrar nunca solo? ¡Chupi! Y el campamento estaba desbordado de chicas con buen aspecto. Leo no entendía mucho eso de que todos estaban emparentados por “el rollo de los dioses”, pero esperaba que eso no quisiera decir que era primo de todas esas chicas, eso apestaría. Por lo menos quería echarles otro vistazo a esas chicas submarinas del lado, merecía la pena ahogarse por ellas.
Will le enseñó las cabañas, el pabellón para comer y la zona de entrenamiento con espada.
—¿Tengo que tener una espada?—preguntó Leo.
Will le clavó la mirada como si encontrase la idea inquietante.
—Lo más seguro es que te hagas la tuya propia, puesto que eres de la Cabaña Nueve.
—Sí. ¿Qué pasa con eso? ¿Lo de Vulcano?
—No solemos llamar a los dioses por sus nombres romanos—dijo Will—: Los nombres originales son los griegos. Tu padre es Hefesto.
—¿Feto?—Leo había oído a alguien decirlo antes pero estaba demasiado consternado en esos momentos para escuchar—. Suena como si fuera el dios de los vaqueros.
He-fes-to—le corrigió Will—, el dios de los herreros y del fuego.
Leo también había oído eso antes, pero estaba intentando no pensar en ello. El dios del fuego... ¿en serio? Teniendo en cuenta lo que le había sucedido a su madre eso parecía una broma macabra.
—Entonces el martillo ese que ardía sobre mi cabeza—dijo Leo—, ¿era una cosa buena o una cosa mala?
Will se tomó un momento antes de responder.
—Has sido reconocido de inmediato. Eso suele ser bueno.
—Pero el tío de los caballos y el arcoiris, el Butch ese... mencionó una maldición.
—Ah... Bueno, no es nada. Desde la muerte del último jefe de la Cabaña Nueve...
—¿Muerte? A lo... ¿dolorosa?
—Debería dejar que tus compañeros de litera sean quienes te lo cuenten.
—Eso, ¿dónde están mis “literos”? ¿No debería ser su jefe el que me diera el paseo de persona importante?
—Él, em, no puede. Ya verás por qué—Will siguió adelante antes de que Leo pudiese formular alguna pregunta más.
«Maldiciones y muerte—se dijo Leo a sí mismo—, esto no hace más que mejorar y mejorar»

Estaban cruzando la mitad del campo cuando vio a su antigua niñera. Y ella no era el tipo de persona que hubiera esperado encontrar en un campamento de semidioses.
Leo retrocedió.
—¿Qué pasa?—preguntó Will.
Tía Callida. Así la llamaba él para sí mismo, con la palabra “Tía” en español. No la había visto desde que tenía cinco años, y ella estaba ahí, a la sombra de una gran cabaña blanca al fondo del campo, mirándolo. Llevaba un traje de lino negro con un manto del mismo color sobre el pelo, todo de viuda. Su cara no había cambiado: Piel con tacto de cuero y ojos oscuros taladrantes. Sus marchitas manos parecían garras. Parecía una anciana, pero no había cambiado de como Leo la recordaba.
—Esa anciana...—dijo Leo— ¿Qué está haciendo aquí?
Will trató de mirar dónde Leo miraba.
—¿Qué anciana?
—Tío, la anciana. La que va de negro. ¿Cuántas ancianas más ves por aquí?
Will frunció el ceño.
—Creo que has pasado un día muy largo, Leo. Los trucos de la Niebla podrían seguir afectándote a la mente. ¿Qué tal si nos dirigimos ya a tu cabaña?
Leo quiso protestar, pero cuando volvió a mirar la gran cabaña blanca, Tía Callida se había ido. Estaba seguro de que había estado ahí, casi pensó que su madre había mandado a Callida de vuelta desde el pasado.
Y eso no era bueno, porque Tía Callida trató de matarlo.
—Solo estaba bromeando contigo, hombre—Leo sacó algunos engranajes y palancas de los bolsillos y empezó a trastearlos para calmar sus nervios. No podía hacer que todos en el campamento creyesen que estaba loco, al menos, que no pensaran que estaba más loco de lo que en realidad estaba.
—Vamos a ver la Cabaña Nueve—dijo—, estoy de humor para una buena maldición.

Desde fuera, la Cabaña de Hefesto parecía una caravana de gran tamaño con paredes de metal brillante y ventanas con rejillas de metal. La entrada era como la de una caja fuerte de un banco, circular y de varios metros de grosor. Se abrió con un montón de engranajes de bronce girando y pistones hidráulicos echando humo. Leo silbó.
—Consiguieron una ambientación súper dura, ¿eh?
En el interior, la cabaña parecía desierta. Había literas de acero puestas contra la pared, dobladas por la mitad que parecían camas de alta tecnología. Cada una tenía un panel de control digital, con leds, gemas brillantes y engranajes intercalados. Leo se figuró que cada campista tenía su propia combinación para abrir su cama, y quizá hubiese una estantería o un espacio detrás de cada una para meter cosas, tal vez el sistema tenía trampas para mantener lejos a los visitantes no deseados. Al menos, así lo habría diseñado Leo.
Una barra de fuego cayó desde el segundo piso, a pesar de que la cabaña no parecía tener un segundo piso desde fuera. Una escalera circular empezó a diseñarse hacía abajo, hasta algún tipo de sótano. Las paredes estaban cubiertas de todos los tipos de herramientas eléctricas que Leo pudiese imaginarse, además de una gran variedad de cuchillos, espadas y otros utensilios de destrucción. Un gran banco de trabajo desbordado de chatarra metálica (tornillos, pestillos, arandelas, clavos, remaches y un millón de más partes de máquinas. Leo sintió una fuerte necesitad de meterlos todos en sus bolsillos. Adoraba ese tipo de cosas. Pero necesitaría una centena de abrigos para guardarlos todos.
Mirando al rededor casi se podía imaginar que estaba en la tienda de maquinas de su madre. Descartando las armas, quizás, pero con las herramientas, las pilas de chatarra y el olor a grasa y metal de motor calentado sí. A ella le encantaría ese sitio. Se quitó ese pensamiento de encima, no le gustaban los recuerdos dolorosos. «Sigue adelante», ese era su lema. No detenerse en las cosas, no seguir en el mismo lugar demasiado tiempo: Era la única manera de enfrentarse a la tristeza.
Agarró una gran herramienta de la pared.
—¿Un Cigarrillo Whacker? ¿Qué dios del fuego necesita un Cigarrillo Whacker?
—Deberías estar sorprendido—dijo una voz desde las sombras.
Al final de la habitación, una de las literas estaba ocupada. Una cortina de un material oscuro de camuflaje se descorrió, y Leo pudo ver al que hasta hace un segundo era invisible. Era difícil contar mucho sobre él porque tenía todo el cuerpo recubierto de algo que parecía un molde. Su cabeza estaba en vuelta en grasa, a excepción de su cara, que estaba hinchada y magullada. Parecía Bobby Fresco después de un puñetazo en la barriga.
—Soy Jake Manson—dijo el chico—. Te estrecharía la mano, pero...
—Ya—dijo Leo—, no te levantes.
El chico soltó una sonrisa agrietada, luego hizo una mueca como si le doliera mover la cara. Leo se preguntó que le había pasado, pero tenía miedo de preguntar.
—Bienvenido a la Cabaña Nueve—dijo Jake—. Hace casi un año que no tenemos chicos nuevos. Yo soy el jefe de la cabaña por ahora.
—¿”Por ahora”?—preguntó Leo.
Will se aclaró la garganta.
—Y, ¿dónde está todo el mundo, Jake?
—Abajo, en las fraguas—dijo Jake con nostalgia—. Están trabajando en... ya sabes, ese problema.
—Oh—Will cambió de tema—. Bueno, ¿tenéis una cama más para Leo?
Jake estudió a Leo, de arriba a abajo.
—¿Crees en las maldiciones, Leo? ¿O en los fantasmas?
«Acabo de ver a mi malvada niñera Tía Callida—pensó Leo—. Tendría que estar muerta después de todos estos años. Y no puede pasar un día sin que recuerde a mi madre en esa tienda de máquinas en llamas. No me hables de fantasmas, niño de masa». Pero en voz alta dijo:
—¿Fantasmas? Pfft... Noh. Yo soy guay. Un espíritu de la tormenta me tiró por el Gran Cañón esta mañana, pero ya sabes, un día de trabajo normal, ¿no?
Jake asintió.
—Eso está bien, porque te voy a dar la mejor cama de la cabaña...: la de Beckendorf.
—Guau, Jake—dijo Will—, ¿estás seguro?
Jake gritó:
—Litera 1-A, por favor.
La cabaña entera retumbó. Una sección circular en el suelo se abrió girando como el foco de una cámara, y una cama de tamaño entero emergió hacía arriba. El marco de bronce tenía una video consola en un tablero puesto al final, un sistema de música estéreo en la cabecera, un frigorífico con una puerta de cristal acoplado a la base, y todo un montón de paneles de control en la parte baja de un lado.
En cuanto la vio, Leo saltó sobre ella con la cabeza apoyada en las manos por detrás.
—Puedo manejar esto.
—Hay una opción que te lleva a una habitación privada de abajo.
—Oh, diablos, ¡sí!—dijo Leo—. Ya os veré, estaré abajo en la Leo-Cueva. ¿Qué botó tengo que pulsar?
—Vamos—protestó Will Solace—, ¿vosotros teneis habitaciones privadas subterraneas?
Jake probablemente habría sonreído si no le doliera tanto.
—Tenemos muchos secretos, Will. Los chicos de Apolo no podéis llevaros toda la diversión. Nuestros campistas han estado excavando un sistema de túneles bajo la Cabaña Nueve desde hace casi un siglo. Seguimos sin haber acabado. De todas formas, Leo, si no te importa morir en la cama de un hombre muerto, es tuya.
De pronto Leo no se sintió con ganas de bajar. Se incorporó, con cuidado de no tocar ningún botón.
—El jefe que murió... ¿Esta era su cama?
—Sí—dijo Jake—. Charles Beckendorf.
Leo se imaginó que salían sables, atravesando el colchón, o que tal vez había una granada entre las almohadas.
—¿Él no...?, es decir, ¿no murió en su cama, verdad?
—No—dijo Jake—, fue en la Guerra del Titán, el verano pasado.
—La Guerra del Titán—repitió Leo—, ¿que no tiene nada que ver con esta cama tan buena, no?
—Los Titanes—dijo Will como si Leo fuera idiota—, los tipos más poderosos que gobernaban el mundo antes de los dioses. Intentaron volver el pasado verano. Su líder, Cronos, construyó un nuevo palacio en la cima del monte Tamalpais en California. Sus ejércitos vinieron a Nueva York y casi destruyen el Monte Olimpo. Muchos semidioses murieron tratando de detenerlos.
—Supongo que no salió en las noticias, ¿eh?—dijo Leo.
Parecía una pregunta justa pero Will sacudió la cabeza con incredulidad.
—¿No has oído nada de la erupción del Monte Santa Helena? ¿o de las tormentas a través del país? ¿o ese edificio que se desplomó en San Louis?
Leo se encogió de hombros, el verano pasado había estado escapándose de otra casa de acogida. Después, un oficial de absentismo lo atrapó en Nuevo Mexico, y el tribunal lo sentenció al correccional más cercano: La Escuela de la Salvajería.
—Supongo que estaba ocupado.
—No importa—dijo Jake—, tuviste suerte de perdértelo. El caso es, que Beckendorf fue una de las primeras víctimas, y desde entonces...
—... Vuestra cabaña ha estado maldita—supuso Leo.
Jake no respondió. Después, el chico volvió a ocultarse otra vez. Esa era una respuesta. Leo empezó a darse cuenta de cosillas que no había visto antes: unas marcas de una explosión en la pared, una mancha en el suelo que debería ser aceite... o sangre, espadas rotas o máquinas destrozadas, tal vez de frustración, apiladas en las esquinas de la pared. El lugar daba la sensación de no dar suerte.
Jake suspiró sin ganas.
—Bueno, debería dormir un poco. Espero que te guste estar aquí, Leo. Estar solía ser... realmente bueno.
Cerró los ojos y la cortina de camuflaje se cerró sola.
—Vamos, Leo—dijo Will—, te llevaré a las fraguas.

Mientras se iban, Leo volvió la vista a su nueva cama, casi podía imaginarse al jefe muerto sentado ahí... otro fantasma que no se iba a ir, y que no iba a dejar a Leo en paz.

===

Proximamente: El Capítulo Seis ;D
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Dani Jackson
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   29/03/11, 12:21 pm

He vulelto , y me acabo de leer tu capítulo 5 Dedalo, esta mucho mejor que el que habia en internet , muchisim,as gracias Dedalo , por cirto cual és tu verdadero nombre , así no te llamo Dedalo , ok
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   30/03/11, 04:32 pm

gracias por el cap.esta mmuy chulo

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   06/04/11, 05:41 pm

Hoola! soy nueva en el foro, solo queria decirles a dani jackson y dedalo ustedes son geniales! sus traducciones, son muy buenas, estoy ansiosa por el capitulo nueve! soy una gran fan de la saga de percy y este libro es muy prometedor y hasta ahora va muy bueno! gracias por las traducciones, sigan posteando ! Very Happy
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   07/04/11, 08:41 am

Gracias por tu post Athenea, si piensas seguir por el foro deberias presentarte en el anfiteatro! =)

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   07/04/11, 06:47 pm

como es eso del anfiteatro? me explicas? porque me gustaria seguir en el foro Smile
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   08/04/11, 09:39 am

Pues a ver, por aqui encontraras un lugar llamado "Anfiteatro" hay debes meterte, darle a nuevo post o post new, y presentarte, diciendo como te llamas, tus aficiones, gustos etc... =)

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   13/04/11, 01:59 pm

ains.... quien va a seguir esque yo soy muy nerviosa y me leo 100 o 200 paginas por media hora asi que cuando empiezo una cosa no puedo parar ya se que cuesta traducir por eso os doy las gracias!!

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   14/04/11, 11:59 pm

alguien sabe donde se puede consegyur el libro en español o se va a cotinura la traduacion
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   15/04/11, 06:01 am

ay ama... pues no se sabe, por eso lo traducimos nosotros.

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   15/04/11, 07:23 am

Púes yo los tengo todos traducidos; por Editorial Salamandra, -que es la encargada para habla hispana- la misma de Harry Potter.
Saludos bounce


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Y en un sueño sin fin, un mundo verá..
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Una sola decisión..Con sus días acabará y al Olimpo preservará o aniquilará"




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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   15/04/11, 09:29 am

Gracias a todos por las gracias ^^. Tranquilos que pienso seguir con la traducción, pero es qyue hasta el evrano voy a tener una agenda muy muy apretada, lo siento pero es así y no lo puedo cambiar T.T No obstante, dedicaré tiempo a traducir el libro y a subir las actualizaciones, no lo dudeis, por tres motivos:

1.-Ya que lo0 he empezado, lo acabo (a no ser que Salamandra o otra editorial lo saque a la venta, aunque e cuyo caso no dejaría de traducir hasta que esté en las tiendas)
2.-Porf que después del apoyo que me dais en imposible negarse a seguir =D
3.-Porque conforme la voy tarduciendo la voy leyendo y estoy muyertyo de cvuriosidad por ver como sigue xDD

Así que antes o temprano, seguiré, e intentaré que sea más temprano que tarde ;D
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Dani Jackson
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   15/04/11, 10:50 am

Para empecar gracias Athenea , si k ay gente nueva no ...
Mejor , como mas seremos mas nos divertiremos y podremos ciomentar los capitulos y enterarnos de todo Very Happy , siento haber estado ausente però no tenia tiempo ni para postear , como es fin de trimestre , por fin la pasqua tiempo de relajacion , sin profes y con libros de percy , eso si que es vida , os dejo tengo k ir al entrenamiento de hockey
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   

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"El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]
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