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"HOLA NIÑ@S NUEVOS,PRESENTENSE EN EL TEATRO :3"

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 "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]

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dedalo15
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MensajeTema: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   26/02/11, 07:07 am

Hace poco vi lo del nuevo libro de Rick Riordan que salió y... ¡me he animado a traducirlo y subirlo!

Conforme vaya traduciendo voy subiendo, más o menos suelo subir un capítulo entero (o la mitad si es muy largo) cada fin de semana ;D.




Para Haley y Patrick, siempre los primeros en escuchar las historias. Sin ellos, el Campamento Mestizo no existiría.


CAPÍTULO I

JASON

TODO SUCEDIÓ ANTES DE LA ELECTROCUCIÓN. Jason estaba teniendo un día horrible.
Se despertó en un asiento de atrás de un autobús escolar, sin estar seguro de donde estaba, cogido de la mano de una chica que no conocía. Esa no era la parte horrible. La chica era muy atractiva, pero él no podía figurarse ni lo que era ni lo que estaba haciendo ahí. Él se levantó y se restregó los ojos, intentando pensar.

Una poca docena de chicos se despatarraban en los asientos que tenía delante, escuchando iPods, hablando o durmiendo. Parecían tener más o menos... ¿Quince? ¿Dieciséis?
No recordaba su propia edad. Vale, eso daba miedo.

El autobús tomó una larga carretera plagada de baches. Por las ventanas se veía un desierto rodeado por un gran cielo azul.
Jason estaba bastante seguro de que no vivía en el desierto. Intentó volver a pensar.... La última cosa que recordaba era...
La chica apretó su mano.
—Jason... ¿estás bien?
Llevaba puestos unos vaqueros descoloridos, botas de senderismo y una chaqueta de snowboard. Su cabello era del color del chocolate negro y estaba cortado irregularmente, con pequeñas trenzas en los lados.
No se había maquillado, como si intentase no llamar la atención, pero no funcionaba. Era realmente guapa. Sus ojos parecían cambiar de color como un calidoscopio—marrón, azul y verde—. Jason se alejó de su mano.
—No, no lo estoy.

En la parte delantera del autobús, un profesor gritó:
—Muy bien, ¡escuchad, cometartas!
El hombre era obviamente un entrenador. Su gorra de béisbol le caía sobre el pelo, así que solo se podían ver sus ojos. Tenía una perilla y una cara agría, como si hubiese comido algo mohoso. Sus musculosos brazos y pecho se apretujaron bajo su polo naranja brillante. Los pantalones de entrenamiento que llevaba eran de nailón y de un blanco impecable, como sus deportivas Nike. Le colgaba un silbato del cuello, y tenía un megáfono anclado a su cinturón. Habría sido un poco más intimidante de ser más alto. Era irónico que se llamase Hedge, que significaba «Potencia»
—¡Levántese, entrenador Hedge!—le gritó uno de los estudiantes cuando se levantó en dirección al pasillo.
—¡Lo he oído!—el entrenador escaneó con su mirada el autobús en busca del gamberro—sus ojos se detuvieron en Jaso y parecieron más profundos.

Un escalofrío recorrió la espalda de Jason. Estaba seguro de que él entrenador sabía que él no pertenecía a aquel lugar. Lo echaría afuera preguntándole que hacía en el autobús, y Jason no tenía ni idea de que decir.
Pero el entrenador Hedge apartó la mirada y se aclaró la garganta.
—¡Llegaremos en cinco minutos! Quedaros con vuestro compañero, no perdáis vuestras hojas de trabajos. Y si alguno de vosotros, pequeños engullepasteles, causa cualquier problema en esta excursión, lo enviaré personalmente al campus por las malas.
Levantó un bate de béisbol y se puso a hacer como si fuera un golpeador en el juego.

Jason miró a la chica que estaba junto a él.
—¿Puede hablarnos de esa manera?
—Siempre lo hace—dijo encogiéndose de hombros—. Este es el Colegio de la Salvajería, “dónde los niños son animales”—lo dijo como si fuese una broma que hubiesen compartido antes.
—Esto tiene que ser algún tipo de error—dijo Jason—. Se supone que yo no debería estar aquí.
El chico de delante suya se volvió hacía él y empezó a reirse.
—Sí, buena, Jason. ¡Ninguno de nosotros debería estar aquí! Yo no me escapé seis veces, Piper no robó un BMW...
—¡Yo no robé ese coche, Leo!—dijo la chica, enojada.
—Oh, lo olvidé, Piper. ¿Cuál era tu historia? Le “contaste” al propietario si podías tomarlo prestado, ¿no?—miró a Jason y puso las cejas como diciendo «¿Te lo puedes creer?»

Leo parecía una especie de elfo de Santa Claus latino, con pelo negro rizado, orejas puntiagudas, una cara de bebé alegre, y una sonrisa que te decía inmediatamente que aquel chico no era de fiar si estaba cerca de armas u objetos punzantes. Sus largos y ágiles dedos no paraban de moverse—tamborileaban en el asiento, echándose el pelo por detrás de las orejas, desabrochándose los botones de su chaqueta por sofocos causa de la falta de ejercicio...—. Evidentemente, o el chico era hiperactivo o había estado tomando suficiente azúcar y cafeína como para provocarle un infarto a un búfalo de agua.

—De cualquier manera—dijo Leo—, espero que tengas tu hoja de trabajos, porque yo usé la mía para tirar bolitas hace unos días. ¿Por qué me miras así? ¿Alguien me ha vuelto a pintar en la cara?
—No lo sé—dijo Jason.
Leo le sonrió sarcástico.
—Claro. No soy tu mejor amigo, soy su clon malvado.
—¡Leo Valdez!—gritó el entrenador Hedge desde la delantera—¿Hay problemas ahí atrás?
Leo le guiñó un ojo a Jason.
—Mira esto—se volvió hacía delante—. ¡Perdone, entrenador! Estaba teniendo problemas para oírle. ¿Podría usar su megáfono, por favor?
El entrenador Hedge gruñó como si hubiera estado deseando tener una excusa para hacerlo. Se quitó el megáfono del cinturón y siguió dando ordenes, pero su voz parecía la de Darth Vader. Los niños se partieron de risa, el entrenador lo intentó de nuevo, pero cuando habló lo que resonó por el megáfono fue:
—La vaca hace múúúúúúúú.

Los chicos se carcajearon.
—¡Valdez!—vociferó el entrenador sin usar el megáfono.
Piper se contenía la rida.
—Díos mío, Leo. ¿Cómo has hecho eso?
Leo se sacó un destornillador diminuto de la manga.
—Soy un chico especial.
—Chicos, en serio—dijo Jason inocentemente— ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿a dónde vamos?
Piper frunció en ceño.
—Jason, ¿estás de broma?
—No, no tengo ni idea...
—Ah, claro que está de broma—dijo Leo—. Está intentando que me de la vuelta para echarme crema de afeitar en la nunca, ¿a que sí?
Jason lo miró con el semblante inexpresivo.
—No... Creo que va en serio—Piper trató de coger de nuevo su mano, pero él la alejó.
—Lo siento—dijo—. Yo no... No puedo...
—¡Eso es!—gritó el entrenador desde la parte delantera—. ¡La fila de atrás acaba de ofrecerse voluntaria para limpiar después de almorzar!
El resto de los niños vitorearon.
—Esto es un escándalo—murmuró Leo.
Pero Piper mantenía sus ojos en los de Jason, como si no pudiera decidir entre estar herida o preocupada.
—¿Te has golpeado la cabeza o algo? ¿De verdad no sabes quienes somos?
—Es peor que eso—Jason se encogió de hombros, imponente—, no sé quien soy.
El autobús se detuvo delante de un gran complejo rojo parecido a un museo, situado justo en mitad de ninguna parte. «Quizás es justo eso», pensó Jason «El Museo Nacional de Ninguna Parte». Un viento frío soplaba a través del desierto. Jason no le había prestado mucha atención a lo que llevaba puesto, pero no era lo suficientemente cálido: vaqueros y zapatillas de deporte, una camiseta morada y una cazadora negra y fina.
—Bueno, aquí va un cursillo intensivo para el amnésico—dijo Leo en un tono de ayuda que le hizo a Jason pensar que no iba a ser de ayuda—: Vamos a la “Escuela de la Salvajería”—Leo hizo comillas en el aire con los dedos para esas palabras—, lo que significa que somos “chicos malos”. Tu familia, o un juez, o quien fuese decidió que eras demasiado problemático, así que te mandaron a esta adorable cárcel... ¡Perdón! a esta... “Escuela interna”, en Armpit, Nevada, donde aprendes codas útiles ¡cómo correr diez millas al día atravesando cactus o tejer margaritas a sombreros! Y como regalo especial vamos a unas excursiones en un campo “educativo” con el entrenador Hedge, quien pone orden con un bate de béisbol. ¿Te acuerdas de todo ya?
—No.
Jason le echó un aprensivo vistazo a los otros chicos: quizá eran unos veinte, la mayoría chicas. Ninguno de ellos parecía un criminal peligroso, pero se imaginó que todos habrían sido sentenciados como delincuentes por sus colegios, y se preguntó porque estaba con ellos.
Leo movió los ojos.
—¿Con que quieres jugar de verdad, eh? Muy bien. Los tres empezamos aquí juntos este semestre. Estamos muy unidos. Tú haces todo lo que digo, me das tu postre, me haces los deberes...
—¡Leo!—saltó Piper.
—Vale, olvida esa última parte. Pero somos amigos. Bueno, Piper ha sido algo más que tu amiga estas últimas semanas...
—¡Leo, basta!—la cara de Piper se puso roja. Jason podía sentir que él también se había ruborizado. Pensó que se acordaría de haber estado saliendo con una chica como Piper si lo hubiese hecho.
—Tiene amnesia o algo—dijo Piper—. Se lo tenemos que decir a alguien.
Leo sopló, mofándose.
—¿A quién? ¿Al entrenador Hedge? Intentará arreglarlo todo dándole a Jason golpes en la cabeza.
El entrenador estaba delante del grupo, dando órdenes y soplando con su silbato para mantener a los chicos en fila, pero de vez en cuando él se volvía y le echaba un vistazo a Jason, ceñudo.
—Leo, Jason necesita ayuda—insistió Piper—.Tiene una conmoción o...
—Eh, Piper—uno de los otros chicos dejo atrás el grupo que estaba entrando en el museo para unirse a ellos. El chico nuevo se situó entre Jason y Piper y empujó a Leo al suelo—. No hables con estos lame-culos. ¿Eres mi compañera, recuerdas?

El chico nuevo tenía el pelo oscuro con un estilo a lo Superman, estaba bastante bronceado y los dientes tan blancos que deberían haber venido con un cartel de advertencia: «No mirar directamente a los dientes, peligro de ceguera permanente». Llevaba una camiseta de los Vaqueros de Dallas, unos pantalones vaqueros como los de las películas del Oeste y botas. Sonreía como si creyese que era el regalo de Dios para las chicas delincuentes que había por allí.
Jason lo odió nada más verlo.

—Vete, Dylan—gruñó Piper—. En ningún momento te pedí que fueras mi compañero.
—Ah, no seas así. ¡Este es tu día de suerte!—entrelazó su brazo con el suyo y la arrastró a la entrada del museo. Piper miró atrás sobre su hombro como llamando a emergencias.
Leo se levantó y se palmeó para limpiarse.
—Odio a ese tío—le tendió su brazo a Jason para que le acompañara, lo hizo y entonces Leo se puso a dar saltitos hacía la entrada—¡Soy Dylan! ¡Soy muy guay! ¡Quiero salir conmigo mismo, pero no sé cómo hacerlo! ¿Quieres salir conmigo? ¡Eres muy afortunada!
—Leo—dijo Jaso—, eres raro.
—Sí, me lo dices muchas veces—sonrió Leo—. Pero si no te acuerdas de mí, eso significa que puedo volver a gastarte mis bromas antiguas. ¡Venga, vamos!

Leo se figuró que si ese era su mejor amigo, su vida debía de estar patas arriba, pero siguió a Leo adentro del museo.
Caminaron a través del edificio, parando aquí y allí para que el entrenador Hedge les diera información con su megáfono, que le volvía la voz como la de un villano y que de vez en cuando hacía agudas observaciones como «El cerdo hace oink». Leo estuvo desatornillando las tuercas y los tornillos de su chaqueta limitar y empezó a colocarlos juntos, como si tuviera que tener todo el tiempo algo en las manos. Jason estaba demasiado distraído para prestar mucha atención a las exposiciones, pero estuvieron en cosas como del Gran Cañón y la tribu Hualapai, que estaba antes donde ahora estaba el museo.
Algunas chicas miraban a Piper y Dylan y soltaban risitas. Jason se figuró que esas chicas eran amigas. Llevaban pantalones vaqueros idénticos, camisas de tirantes rosas y suficiente maquillaje para una fiesta de Halloween. Una de ellas dijo:
—Eh, Piper, ¿no es tu tribu la que vivía aquí? ¿serás un espíritu libre si te pones a hacer la danza de la lluvia?
Las otras se rieron. Entonces Dylan, también conocido como la compañero de Piper, sonrió. Las mangas de la cabeza de Piper ocultaron sus manos, y Jason tuvo la sensación de que había cerrado los puños.
—Mi padre es un cherokee—dijo—, no un hulapai. Claro que tú necesitarías bastantes células cerebrales más para entender la diferencia, Isabel.
Isabel abrió completamente los ojos en una expresión de sorpresa, así que ahora parecía un búho con maquillaje.
—¡Oh, lo siento! ¿Y tu mami era de esa tribu? Oh, es cierto. Nunca conociste a tu madre.
Piper ya iba a la carga, pero antes de que pudiese empezar una lucha, el entrenador Hedge ladró:
—¡Suficiente por ahí atrás!, sed un buen ejemplo o sacaré a paseo el bate de béisbol.
El grupo empezó a moverse a la siguiente exhibición, pero las chicas seguían soltando pequeños comentarios sobre Piper.
—¿Está bien volver a la tierra? —preguntó una con voz dulce.
—Papi probablemente bebía demasiado para trabajar—dijo otra con falsa simpatía—. Por eso ella se volvió cleptómana.
Piper las ignoró, pero Jason estaba a punto de estallar. No se acordaba de Piper, ni tampoco quien era él mismo, pero sabía que odiaba a esas chicas.
—Tranquilo. A Piper no le gusta que luchemos en sus guerras. Por otro lado, si esas chicas se enterarán de la verdad sobre su padre, estarían todas arrodillándose y gritando “¡No somos dignas!”.
—¿Por qué? ¿Que le pasa a su padre?
Leo se rió, incrédulo.
—¿Estás de broma? ¿De verdad que no te acuerdas que el padre de tu novia...?
—Mira, ojala pusiera, pero no me acuerdo de ella, mucho menos de su padre.
Leo silbó.
—Lo que sea. Tenemos que hablar cuando volvamos al dormitorio.

Llegaron al final de la sala de exposiciones, donde grandes puertas de cristales daban a una terraza.
—Muy bien, cometartas—anunció el entrenador Hedge—, estáis apunto de ver el Gran Cañón. Intentad no romperlo. La pista de aterrizaje es capaz de soportar el peso de setenta aviones con peso de elefante, así que los que estáis con sobrepeso estaréis seguros por ahí. Cuando estéis en el borde del precipicio, si es posible no os empujéis los unos a los otros, eso me causaría papeleo extra.
El entrenador abrió las puertas y caminaron hacía fuera. El Gran Cañón se extendía ante ellos, en vivo y en directo. Sobre él había una pasarela con forma de herradura de cristal, así que se podía ver a través de ella.
—Tío—dijo Leo—, eso es bastante perverso.
Jason tenía que estar de acuerdo. A pesar de su amnesia y de la sensación de que no pertenecía a aquel lugar, no podía no estar impresionado.
El cañón era más grande y más amplio de lo que se podría apreciar en una foto. Llegaron tan alto que los pájaros volaban en círculos por debajo de sus pies. Quinientos metros abajo, un río serpenteaba el suelo del cañón. Bancos de nuves de tormenta se movieron sobre ellos cuando estaban encima, sombras como caras furiosas a través del acantilado.
En cualquier dirección, todo lo que Jason llegaba a ver eran barrancos rojos y grises cortando el desierto como si algún dios loco hubiera paseado por ahí un cuchillo.
Jason sintió un dolor penetrante tras sus ojos. «Dioses locos...», ¿Cómo se le había ocurrido una idea así? Se sintió como si estuviera cerca de algo importante, algo que ya debería saber. También tuvo el presentimiento de que indudablemente estaba en peligro.
—¿Estás bien?—preguntó Leo—. ¿No irás a saltar al vacío, verdad que no? Debería haber comprado una cámara...

Jason se agarró a la baranda. Parpadeó y el dolor de detrás de sus ojos se calmó.
—Estoy bien—logró decir—. Solo me duele la cabeza.
Un trueno retumbó sobre sus cabezas. Un viento frío casi los arrastró hacía los lados.
—Esto no puede ser seguro—Leo escudriño las nubes—. Hay una tormenta justo encima de nosotros, pero el resto del cielo está limpio a nuestro alrededor. ¿Extraño, eh?
Jason miró hacía arriba y supo que Leo llevaba razón. Un círculo de nueves se había parado sobre ellos encima de la pasarela, pero el resto del cielo en todas direcciones estaba perfectamente limpio. Jason tuvo un mal presentimiento sobre eso.

—¡Muy bien, cometartas!—gritó el entrenador Hedge. Miró ceñudo la tormenta como si le molestase demasiado—. Tenemos que cortar este paseo, ¡así que al trabajo! ¡recordad: completad las frases!
La tormenta retumbó, y el dolor de cabeza de Jason regresó. Sin saber porque lo hizo, buscó en el bolsillo de sus pantalones vaqueros y sacó una moneda, un circulo de oro del tamaño de cincuenta centavos, pero más gruesa e irregular. Estampada en un lado estaba la imagen de una batalla. En el otro estaba la cara de alguien con una corona de laureles. La inscripción decía algo como “ivlivs”.
—Macho, ¿eso es oro? —preguntó Leo—, ¿te he dicho ya lo muy amigos que somos?
Jason guardó la moneda, imaginando que él trataría de conseguirla, y porque tenía la sensación de que la necesitaría pronto.
—No es nada—dijo—. Solo una moneda.
Leo se encogió de hombros. Quizás su cabeza tenía que moverse más rápido que sus manos.
—Vamos—dijo—. A ver si te atreves a escupir al precipicio.
No se esforzaron mucho en la hoja de trabajo. Por una cosa, Jason estaba demasiado distraído por la tormenta y sus sentimientos contradictorios. Por otra cosa, no tenía ni idea de como “nombrar tres estratos sedimentarios que observase” ni “describir dos ejemplo de erosión”.
Leo no era de ayuda. Estaba demasiado ocupado construyendo un helicóptero con los tubos que tenía.
—Mira esto—arrancó el helicóptero. Jason se figuró que se caería pero los limpia-tubos lo mantuvieron más o menos sobre el cañón antes de que perdiera impulso y se precipitara al vacío.
—¿Cómo lo has hecho? —preguntó Jason.
Leo se encogió de hombros.
—Habría molado más si hubiera tenido algunas gomas para ponerle.
—¿En serio—dijo Jason— que somos amigos?
—La última vez que lo comprobé, sí.
—¿Estás seguro? ¿Cuál fue el primer día que nos conocimos? ¿cómo nos pusimos a hablar?
—Fue...—Leo frunció el ceño—No me acuerdo exactamente. Tengo TDAH, tío. No puedes esperar que me acuerde de los detalles.
—Pero es que no te recuerdo del todo. No me acuerdo de nadie de aquí. Y si...
—¿Tú llevas razón y todo el mundo se equivoca?—preguntó Leo—. ¿Crees que apareciste aquí esta mañana y que todos tenemos recuerdos falsos sobre ti?
Una vocecita en la cabeza de Jason dijo «Eso es exactamente lo que estoy pensando». Pero sonaba a locura. Todos actuaban con normalidad. Todo el mundo actuaba como si el fuera un compañero normal de clase... excepto el entrenador Hedge.
—Toma la hoja de trabajo—Jason le dio con la mano el papel—. Volveré.

Antes de que Leo pudiese protestar, Jason se encabezó a través de la pasarela. El grupo escolar tenía todo el lugar para ellos solos. Quizás era demasiado temprano para los turistas, o puede que el extraño clima los mantuviese asustados y lejos. Los chicos de la Escuela de la Salvajería estaban repartidos en parejas por toda la pasarela. La mayoría estaban de broma o hablando. Uno de los chicos estaba arrojando peniques al vacío. A unos cincuenta pasos de allí, Piper estaba intentando rellenar su hoja de trabajo, pero el estúpido de su compañero Dylan la estaba molestando, poniéndole las manos en los hombros y blandiendo esa sonrisa blanca.
Ella no paraba de empujarle, y cuando vio a Jason le dirigió una mirada como de «Estrangula a este tío por mí». Jason pasó de ella.

Caminó hasta el entrenador Hedge, que estaba apoyado en su bate de béisbol, estudiando las nubes tormentosas.
—¿Has hecho tú eso?—le preguntó el entrenador.
Jason dio un paso atrás.
—¿Hacer qué?—había sonado como si el entrenador acabase de preguntarle si había creado la tormenta de rayos.
El entrenador Hedge lo miró con los ojos resplandeciéndole, con aquellos ojos oscuros brillantes bajo el ala de su gorra.
—No juegues conmigo, chico. ¿Qué estás haciendo aquí y por qué estás interfiriendo en mi trabajo?
—Quiere decir... ¿Que no me conoce?—dijo Jason—. ¿Qué no soy uno de sus estudiantes?
—No te había visto hasta hoy—resopló el entrenador.
Jason estaba tan aliviado que casi quiso llorar. Por lo menos no estaba loco. No estaba en él lugar correcto.
—Mire, señor, no sé cómo he llegado aquí. Tan solo me desperté en el autobús escolar. Todo lo que sé es que se supone que yo no debería estar aquí.
—Eso es cierto—pronunció la voz de Hedge con un soplo brusco, como si estuviera compartiendo un secreto—. Tienes algo especial con la Niebla, chico, si puedes hacer creer a todas estas personas que te conocen, pero no puedes conmigo. He estado oliendo a monstruo estos días. Sé que tenemos un infiltrado, pero no hueles como un monstruo. Hueles como un mestizo. Así que... ¿Quién eres y de dónde vienes?
La mayoría de las cosas que el entrenador había dicho no tenían sentido, pero Jason decidió contestar honestamente.
—No sé quien soy. No tengo ningún recuerdo. Tiene que ayudarme.
El entrenador Hedge estudió su cara como si estuviera tratando de leer los pensamientos de Jason.
—Bien—murmuró Hedge—. Estás siendo sincero.
—¡Por supuesto que lo estoy siendo! ¿Y qué es todo eso sobre monstruos y mestizos? ¿Es lenguaje codificado o algo así?
Hedge entrecerró los ojos. Una parte de Jason se pregunto si el hombre estaba loco. Pero la otra parte era más lista.
—Mira, chico—dijo Hedge—. No sé quien eres. Acabo de saber que eres, y eso significa problemas. Ahora tengo que protegeros a tres de vosotros en vez de dos. ¿Eres el paquete especial? ¿es eso?
—¿De que habla?
Hedge miró a la tormenta. Las nubes se estaban volviendo más gruesas y oscuras, cerniéndose sobre toda la pasarela.
—Esta mañana—dijo Hedge—. Recibí un mensaje del campamento. Dicen que van a mandar a un equipo de extracción. Vienen para recoger un paquete especial, pero no me dieron detalles. Deja que piense... Vien. Los dos que estoy viendo son bastante poderosos, más que la mayoría. Sé que están siendo acechados. Puedo oler a monstruo en el grupo. Supongo que por eso el campamento ha querido recogerlos de pronto, pero de pronto tú apareces de la nada. Así que, ¿eres el paquete especial?

El dolor tras los ojos de Jason se volvió peor que nunca. Mestizos. Campamento. Monstruos. Continuaba sin saber de que estaba hablando Hedge, pero las palabras le habían provocado un enfriamiento cerebral masivo, como si su mente estuviera intentando a acceder a información que debía de estar allí pero no lo estaba.
Tropezó, y el entrenador Hedge lo agarró. Por un momento, las manos del entrenador parecieron de acero.
—Guau, quieto ahí, cometartas. ¿Dices que no tienes ningún recuerdo, eh? Bien. Solo tengo que vigilarte hasta que el equipo llegue. Haremos lo que diga el director.
—¿Qué director?—dijo Jason—. ¿Qué campamento?
—Solo siéntete bien. Los refuerzos deben de llegar pronto. Espero que no pase nada antes...

Una luz chocó sobre sus cabezas. El viento les sopló con ganas. Las hojas de trabajo volaron al Gran Cañón, y el puente entero se estremeció. Los chicos gritaron, tropezándose y agarrándose al suelo.
—Tenía que haber dicho algo—murmuró Hedge. Y rugió a través de su megáfono—: ¡Todos aquí dentro! ¡La vaca hace múúú! ¡Fuera de la pasarela!
—¡Pensé que dijo que esta cosa era segura!—gritó Jason para que se le oyese más que al viento.
—Bajo circunstancias normales—agregó Hedge—, que no son estas. ¡Vamos!





Última edición por dedalo15 el 20/09/11, 11:36 am, editado 11 veces
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Jess Blacky
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   26/02/11, 02:23 pm

Mola la historia a ver cuando dale el libro en español ^^
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dedalo15
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   26/02/11, 02:48 pm

Cada libro de Percy ha tardado unos 6 meses desde su publicación en USA en salir a España, ya ha pasado casi ese tiempo, pero como es una colección nueva supongo que esperarán hasta que salga el segundo libro o algo así... A ver cuando puedo subir el segundo capítulo ;D
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Capivilla
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   26/02/11, 05:27 pm

muchisimas gracias*_* esperare impaciente el siguiente cap

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   26/02/11, 05:29 pm

Gracias jaja ^^
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Dany Flamel
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   27/02/11, 03:00 am

Esta muy bien el libro y con mucha intriga y si puedes mira los ultimos temasque hay por el foro tambien estan muy bien.
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dedalo15
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   27/02/11, 05:31 am

Oki ;D
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martiita
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   28/02/11, 04:01 pm

daviid te lo has curraoo^^muchisimas gracias por traducirloo¡¡eres genial jejejeej
el capitulo me ha encantado,a ver cuando puedes subir el siguiente^^
si quieres,puedo ayudarte,aunque tu sabes mas ingles que yo asi que....

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Nunca me acostumbraré a que se vaya alguien a quien quiero. Creo que nunca estamos preparados. Nunca.(Roc, Pulseras Rojas)
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   28/02/11, 04:05 pm

Gracias jaja, pero no hace falta, no te preocupes ;D. Tú disfrita del libro, feliz cumpleaños (por adelantado ;D)
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   28/02/11, 04:31 pm

disfrutare jajajajaja
gracias jaj(te has adelantado mas de 10 dias xD

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   28/02/11, 05:29 pm

Y más que eso lo tengo traducido hace semanas jajaja
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   01/03/11, 07:10 am

O.O seras....jajajajaja

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   01/03/11, 07:13 am

Jajaja. Bueno os dejo el siguiente capítulo ;D

===

CAPÍTULO II
JASON
LA TORMENTA SE CONVIRTIÓ EN UN PEQUEÑO HURACÁN. Las nubes con forma de embudo serpenteaban hacía la pasarela, como si fueran los tentáculos de una medusa monstruosa.
Los niños gritaron y corrieron hacía el edificio. El viento los despojaba de sus libretas, chaquetas, gorros y mochilas. Jason resbaló por el suelo negro.

Leo perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer por fuera de la barandilla. Jason lo agarró de su chaqueta y lo hizo retroceder.
—Gracias, tío—gritó Leo.
—¡Vamos, vamos, vamos!—dijo el entrenador Hedge.
Piper y Dylan mantuvieron las puertas abiertas, haciendo pasar hacía el interior a los otros chicos. La chaqueta de snowboard de Piper aleteaba salvajemente, y tenía todo su oscuro pelo en la cara. Jason pensó que debía de estar pasando frío, pero ella parecía tranquila y confiada, diciéndole a los demás que todo iba a salir bien, dándoles valor para que siguieran avanzando.
Jason, Leo y el entrenador Hedge corrieron hasta ellos, pero era como correr en arenas movedizas. El viento parecía estar luchando contra ellos, empujándoles atrás. Dylan y Piper empujaron a un chico más al interior, entonces perdieron el control de las puertas. Estas se cerraron de golpe, aislándolos en la pasarela.
Piper pegó con las manos a las puertas. Dentro, los chicos golpeaban el cristal, pero las puertas parecían haberse atascado.
—¡Dylan, ayúdame!—gritó Piper.

Dylan solo estaba allí de pié sonriendo como un idiota, su jersey de vaqueros bailaba al viento, como si de pronto disfrutase de la tormenta.
—Lo siento, Piper—dijo—. Ya he acabado de ayudar.
La agarró de la muñeca, y Piper voló hacia atrás, descendiendo a la superficie de la pasarela.
—¡Piper!—Jason intentó avanzar, pero el viento estaba en su contra y el entrenador Hedge lo retuvo.
—¡Entrenador—dijo Jason—, déjeme ir!
—Jason, Leo, quedaos detrás de mí—ordenó el entrenador—. Esta es mi guerra, debería haber sabido que ese era nuestro monstruo.
—¿Qué?—preguntó Leo. Una hoja de trabajo rasgada le abofeteó en la cara, pero la aplastó y se la quitó—. ¿Qué monstruo?

La gorra del entrenador voló, y descubrió su pelo rizado con dos protuberancias salientes de su cabeza, como los que tienen los dibujos animados cuando les golpean la cabeza. El entrenador Hedge levantó su bate de béisbol, pero ya no era un bate normal. De alguna manera había cambiado a ser una gruesa rama de árbol, con ramitas y hojas a los lados.
Dylan le mostró una sonrisa feliz y psicópata.
—¡Oh, vamos, entrenador! ¡Deje que el chico me ataque! Después de todo, te estás volviendo demasiado mayor para esto. ¿No era eso por lo que te retiraron a esta estúpida escuela? He estado entre los tuyos toda esta temporada, y ni lo sabías. Estas perdiendo tu nariz, abuelete—el entrenador hizo un sonido de enfado como el de un animal que tropieza—. ¿Crees que puedes proteger a tres mestizos tú solo, viejo?—se rió Dylan—. Buena suerte.
Dylan señaló a Leo y una nube con forma de embudo se materializó a su alrededor. Leo salió volando por fuera de la pasarela como si lo hubieran lanzado. De alguna manera se las arregló para girarse y agarrarse a los bordes del precipicio. Subió, avanzando furioso por el dolor que sentía en las manos. Al final logró agarrarse de un filo delgado a unos pocos metros por debajo de la pasarela y alzar su mano.
—¡Ayuda!—les gritó—. ¿Una cuerda por favor? ¿una soga? ¿un algo?
El entrenador Hedge soltó una maldición y le tendió a Jason su rama.
—No sé quien eres, chico, pero espero que seas bueno. Mantén a esa cosa ocupada—señaló a Dylan con el pulgar— mientras voy a por Leo.
—¿Ir a por él cómo?—le interrogó Jason—, ¿vas a volar?
—A volar no. A escalar—Hedge se quitó los zapatos, y Jason casi tuvo un infarto. El entrenador no tenía piernas. Tenía pezuñas, pezuñas de cabra. Lo que significaba que esas cosas de su cabeza, como Jason llegó a concluir, no eran protuberancias. Eran cuernos.
—Eres un fauno—dijo Jason.
—¡Un sátiro!—saltó Hedge—. Los faunos eran romanos. Pero hablaremos de eso luego.

Hedge saltó sobre la baranda. Navegó hasta una parte y se impulsó con sus pezuñas. Iba por el precipicio con una agilidad imposible, apoyándose en sitios no más grandes que los sellos de una carta, sorteando los torbellinos que intentaban atraparlo para llegar a Leo.
—¡Eso no es justo! —Dylan se volvió a Jason—. Ahora te toca a ti, chico.
Jason golpeó con el garrote. Parecía inútil con el viento tan fuerte, pero la rama iba hacía Dylan bien, incluso hizo un giro cuando este la trató de esquivar, dándole en la cabeza y haciéndole caer de rodillas. Piper no estaba tan aturdida como parecía. Sus dedos agarraron la rama cuando estuvo cerca de ella, pero antes de que pudiera usarla, Dylan sangró. Y sangraba sangre dorada, que manaba de su frente.
—Buen intento chico—dijo a Jason—. Pero tendrías que hacerlo mejor.
La pasarela se estremeció. Fracturas ramificadas aparecieron en el vidrio. Dentro del museo los chicos dejaron de intentar abrir las puertas. Corrieron lejos, llenos de terror.
El cuerpo de Dylan se disolvió en humo, como si sus moléculas se derritieran. Tenía la misma cara, la misma sonrisa blanca y brillante, pero estaba compuesto de un humo negro, sus ojos eran como chispas eléctricas que habitaban en una nube de tormenta. De él brotaron alas de humo y sobrevoló la pasarela. Si los ángeles fueran malos, pensó Jason, tendrían justo ese aspecto.
—Eres un ventus—dijo Jason, pensando que no tenía ni idea de cómo sabía esa palabra—, un espíritu de la tormenta.
La risa de Dylan sonó como un tornado pasando sobre un techo.
—Me alegro de haber esperado, semidiós. Sabía de Leo y de Piper desde hace semanas. Podría haberlos matado en cualquier momento. Pero mi instinto me decía que un tercero iba a venir, alguien especial. ¡Así que mi gran recompensa será tu muerte!
Dos nubes con forma de embudo más tocaron tierra a cada lado de Dylan y empezaron a girar, parecían contener a hombres fantasmales con alas humeantes y ojos destelleántes como relámpagos.
Piper seguía ahí, intentando hacer algo, su mano seguía aferrando el garrote. Su cara estaba pálido, pero le lanzó a Jason cierta mirada, y él entendió un mensaje muy claro: «Distrae su atención. Intentaría atacarle por detrás».
Agradable, lista y violenta. Jason deseó haber recordado que era su novia.
Él apretó los puños y se preparó para ir a la carga, pero no tendría ninguna oportunidad.
Dylan levantó la mano, rayos eléctricos corrían entre sus dedos y se dispararon a pecho de Jason. ¡Bang! Jason se encontró a sí mismo en el suelo sobre su espalda. La boca le sabía como si hubieran estado quemando papel de aluminio dentro. Levantó la cabeza y vio que la ropa le humeaba. El rayo había ido directamente a él, y su zapato izquierdo había salido disparado. Los dedos de su píe estaban negros con hollín.
Los espíritus de la tormenta se reían, el viento causaba estragos. Piper intentó gritar desafiante, pero sonaba como si fuera diminuta y estuviera muy, muy lejos.
Por el rabillo del ojo, Jason vio al entrenador Hedge escalar el acantilado con Leo a la espalda. Piper se mantenía sobre sus píes, balanceando la rama desesperadamente para defenderse de dos espíritus de la tormenta, pero ellos tan solo la usaban como si fuera un juguete. La rama atravesaba sus cuerpos como si no estuvieran de verdad ahí. Y Dylan, un tornado oscuro con ojos, se abalanzó sobre Jason.
—Basta—dijo Jason, parecía que estaba croando. Instantáneamente se puso de pié y no estaba seguro de quien se había sorprendido más: él o los espíritus de la tormenta.
—¿Cómo es que estás vivo?—preguntó la forma de Dylan parpadeando—. ¡Eso era un rayo suficiente potente para matar a veinte hombres!
—Me toca—dijo Jason.

Alcanzó su bolsillo y sacó la moneda de oro. Se dejó llevar por su instinto y volteó la moneda en el aire como ya había hecho miles de veces. La atrapó con la palma de la mano y de repente sujetaba una espada, un arma de doble filo perfectamente recta. Agarró la empuñadura que se ajustaba perfectamente a sus dedos, era completamente de oro: empuñadura, mango y filo.
Dylan gruñó y retrocedió. Miró a sus dos camaradas y gritó:
—¿Y bien?... ¡Matádlo!
Los otros espíritus de la tormenta no parecieron muy contentos con esa orden, pero volaron hasta Jason, sus dedos se estaban cargando de electricidad. Jason esquivó al primer espíritu. Su espada pasó a través de él, y la criatura humeante se desintegró. El segundo espíritu dejó caer una bola hecha de rayos, pero la espada de Jason absorbió la carga. Jason intervino, un rápido movimiento y el segundo espíritu se esfumó en polvo dorado.
Dylan parecía indignado. Miró hacía abajo esperando que sus compañeros se regeneraran, pero el polvo dorado tan solo se movió cuando lo dispersó el viento.
—¡Imposible! ¿Quién eres, mestizo?
Piper estaba tan aturdida que se le cayó la rama.
—Jason... ¿Cómo...?
Entonces el entrenador Hedge saltó a la pasarela y dejó en ella a Leo como a un saco de harina.
—Espíritus, ¡intentad asustarme!—rugió Hedge, flexionando sus cortos brazos. Luego miró a su alrededor y se dio cuenta de que solo quedaba Dylan.
—¡Maldita sea, chico!—exclamó a Jason—. ¿Dejaste alguno para mí! ¡Me gustan los desafíos!
Leo se puso de pié, respirando con dificultad. Parecía humillado del todo, sus manos sangraban de haberse clavado rocas.
—Eh... Entrenador Súper-cabra, o lo que quiera que sea... ¡Tan sólo me caí por el maldito Gran Cañón! ¡Pare de pedir desafíos!
Dylan estaba que estallaba con ellos, pero Jason pudo ver miedo en sus ojos.
—No tenéis ni idea de a cuántos enemigos habéis despertado, mestizos. Mi señora destruirá a todos los semidioses. Esta es una guerra que no podéis ganar.
Por encima de ellos, la tormenta se desató por completo. Se abrieron grietas por la pasarela. Caía mucha agua de lluvia y Jason tuvo que agacharse para mantener el equilibrio. Un agujero se abrió en las nubes, un remolino de colores negro y plata.
—¡La Señora me llama para que vuelva!—gritó Dylan con regocijo—. Y tú, semidiós, vas a venir conmigo—amenazó a Jason, pero Piper abordó al monstruo por detrás. A pesar de que estaba hecho de humo, Piper logró de alguna manera tocarlo. Los dos fueron lanzados por una honda expansiva. Leo, Jason y el entrenador avanzaron para ayudar, pero el espíritu gritó con rabia. Dejó escapar un torrente de energía que les hizo retroceder. Jason y el entrenador Hedge cayeron de pié. La espada de Jason atravesó el cristal de la puerta, Leo se golpeó en su rizada nuca y quedó aturdido y gimiendo. Piper se llevó la peor parte. Fue lanzada por detrás de Dylan y se golpeó con la baranda, girando hacía atrás y quedándose colgada sobre el abismo.

Jason comenzó a acercarse a ella, pero Dylan gritó:
—Me conformo con este.
Agarró a Leo por el brazo y empezó a elevarse, remolcando a un Leo medio-consciente por debajo de él. Las nubes se arremolinaron más rápido, empujándolos hacía arriba como una aspiradora.
—¡Socorro!—gritó Piper—. ¡Que venga alguien!
Entonces se resbaló, gritó y se cayó.
—¡Jason, ve!—gritó Hedge—. ¡Sálvala!
El entrenador se lanzó contra el espíritu como una especie de cabra kong-fu seria. Se lanzó por sus pezuñas y golpeó, dejando a Leo libre de las garras del espíritu. Leo cayó con seguridad al suelo, pero Dylan forcejeaba con los brazos del entrenador. Hedge trató de darle un cabezazo, después de atizarle y de llamarle «cometartas». Se elevaron en el aire, ganando velocidad.
—¡Sálvala! ¡Ya le tengo!—gritó hacía abajo el entrenador Hedge una vez mas. Después, sátiro y espíritu de tormenta, subieron vertiginosamente y desaparecieron.
«¿Salvarla?—pensó Jason—, ¡se ha ido!»
Pero de nuevo ganó su instinto. Corrió a la barandilla, pensando «Soy un lunático», y saltó al vacío. Jason no se asustaba de las alturas. Se asustaba de estrellarse en el suelo del cañón quinientos metros más abajo. Se figuró que no había ganado nada, nada excepto morir junto a Piper.
Los lados del cañón pasaban tan rápido como la cinta de una película. Sentía como si se le fuese a levantar la cara. En un respiro, cogió a Piper, que se sacudió salvajemente. Él la rodeo por la cintura y cerró los ojos, esperando a la muerte. Piper gritó. El viento silbaba en las orejas de Jason. Se imaginó como se sentiría uno al estar muerto. Pensaba, que problablemente no muy bien. Deseó que de alguna manera nunca pudiesen llegar hasta abajo del todo.

De repente el viento desapareció. El grito de Piper se convirtió en un jadeo estrangulado. Jason pensó que ya debían de estar muertos, pero no había sentido ningún impacto.
—J-J-Jason—se las arregló para decir Piper.
Él abrió los ojos. No se habían caído. Estaban flotando en mitad del aire, a metros sobre el río.
Abrazó a Piper con fuerza, y ella se había recolocado de manera que ella le estaba abrazando a él demasiado. Estaban nariz con nariz. El corazón de ella latía con fuerza, Jason podía sentirlo a través de sus ropas. El aliento de ella olía a canela.
—¿Cómo has hecho....?—dijo.
—No he hecho nada—dijo—. Creo que si supiera volar lo sabría...
Pero después pensó: «Sigo sin saber quién soy»
Se imaginó que subían. Piper gritó como si les estuvieran disparando desde abajo. No estaban flotando precisamente, decidió Jason. Podía sentir la presión bajo sus pues como si se estuvieran balanceando en lo alto de un géiser.
—Él aire nos está soportando—dijo.
—¡Pues dile que nos soporte más! ¡qué nos saque de aquí!
Jason miró hacía abajo. Lo más fácil sería descender suavemente en el fondo del cañón. Después miró hacía arriba. La lluvia había parado. Las nubes de tormenta no parecían malas, pero todavía sonaban de ellas truenos y echaban luz. Que los espíritus se hubieran ido para siempre no estaba para nada garantizado. No tenía ni idea de que le había pasado al entrenador Hedge, y había dejado a Leo allí arriba, apenas consciente...
—Tenemos que ayudarlos—dijo Piper, como si estuviera leyendo sus pensamientos—. ¿Puedes...?
—Vamos a ver—Jason pensó «Arriba» e instantáneamente salieron disparados a la pasarela.
El hecho de estar “montando el viento” podría haber sido guay en otras circunstancias, pero estaba demasiado impresionado. En cuanto aterrizaron en la pasarela, corrieron hasta Leo. Piper puso a Leo bocarriba, y él gimió. Su ropa de estilo camuflaje estaba mojada por la lluvia. Su rizado pelo brillaba por el polvo de monstruo dorado que le había caído cuando estaba con él. Pero por lo menos no estaba muerto.
—Estúpida... y fea... cabra—murmuró.
—¿A dónde ha ido?—preguntó Piper.
Leo señaló justo a arriba.
—Nunca se vino abajo. Por favor dime que en realidad no me ha salvado la vida.
—Dos veces—dijo Jason. Leo gruñó incluso más fuerte.
—¿Qué ha pasado? El chico-tornado, la espada de oro... Me he golpeado la cabeza. ¿Es eso, verdad? ¿Estoy alucinando?
Jason se había olvidado de la espada. Caminó hacía dónde estaba metida y la recogió. La hoja seguía bien equilibrada. En un presentimiento la hizo girar. La espada se convirtió en una moneda y aterrizó en la palma de su mano.
—Sip—dijo Leo—. Definitivamente estoy alucinando.
—Jason, esas cosas...—tiritó Piper en sus ropas mojadas de lluvia.
—Venti—dijo él—, espíritus de la tormenta.
—De acuerdo. Pero reaccionaste como... como si los hubieras visto antes. ¿Quién eres tú?
Él sacudió la cabeza.
—Eso es lo que he estado intentando decirte. No lo sé.
La tormenta se disipó. Los otros niños de la escuela de la Salvajería estaban pegados a las puertas de cristal mirando llenos de miedo. Había guardas de seguridad trabajando con la puerta bloqueada, pero no parecían tener suerte.
—El entrenador Hedge dijo que tenía que proteger a tres personas—recordó Jason—. Creo que éramos nosotros.
—Y esa cosa en la que Dylan se convirtió...—se estremeció Piper—. Dios, no puedo golpear que me golpease. Nos llamó... ¿Qué? ¿Semidioses?
Leo se tumbó, mirando al cielo. No parecía tener ganas de levantarse.
—No sé que significa “semi”—dijo—. Pero no me siento demasiado bien. ¿Y vosotros?

Se oía un sonido frágil como de ramas secas pisándose, y las grietas en la pasarela empezaron a agrandarse.
—Necesitamos salir de esta cosa—dijo Jason—. Puede que si...
—Muuuuuuuuy bien—le interrumpió Leo—. Mira arriba y dime si esas cosas son caballos voladores.
Primero, Jason pensó que Leo tenía que haberse golpeado demasiado la cabeza. Después vio una forma oscura descendiendo desde el este, demasiado lenta para ser un avión y demasiado rápida para ser un pájaro.
Conforme se acercaba pudo ver un par de animales alados, grises, con cuatro patas, exactamente como caballos, salvo por el echo de que cada uno tenía la envergadura mucho más grande. Y además estaban arrastrando de una caja pintada y brillante con dos ruedas: un carro.
—Los refuerzos—dijo—. Hedge me dijo que un equipo de extracción venía de camino a por nosotros.
—¿Un equipo de extracción?—Leo se puso de pié—. Eso suena doloroso.
—¿Y de dónde nos van a extraer?—preguntó Piper.
Jason vio como el carro tomaba tierra en lo más lejano de la pasarela. Los caballos voladores aterrizaron y sus alas rozaron nerviosamente el vidrio, como si sintieran que estaba a punto de romperse.
Dos adolescentes se encontraban en el carro, una chica alta y rubia quizás un poco mayor que Jason, y un tipo voluminoso con la cabeza rapada y una cara que parecía un montón de ladrillos.
Ambos vestían con vaqueros y camisetas naranjas, con escudos colgados sobre sus espaldas. La chica saltó fuera incluso antes de que el carro se hubiera acabado de mover. Sacó un cuchillo y corrió hacía el grupo de Jason mientras el tío grande frenaba a los caballos.
—¿Dónde está?—exigió saber la chica. Sus ojos grises eran fieros y un poco sorprendentes.
—¿Dónde está quién?—preguntó Jason.
Ella frunció el ceño como si su respuesta fuera inaceptable. Después se volvió a Leo y Piper.
—¿Qué hay de Gleeson? ¿Dónde está vuestro protector, Gleeson Hedge?
¿El nombre de pila del entrenador era Gleeson? Jason se habría reído si la mañana no hubiera sido tan extraña y terrorífica. Gleeson Hedge: Entrenador de fútbol, hombre-cabra y protector de semidioses. Claro, ¿por qué no?
Leo se aclaró la garganta.
—Fue llevado por una especie de... cosas tornado.
—Venti—dijo Jason—, espíritus de la tormenta.
La chica rubia arqueó una ceja.
—¿Quieres decir anemoi thuellai? Venti es el término griego. ¿Quién eres y qué ha pasado?

Jason dio su mejor explicación, pesando que era demasiado difícil conocer a esos intensos ojos grises. A la mitad de la historia, el otro tipo del carro se acercó. Allí permaneció, expectante a ellos y con los brazos cruzados. Tenía un tatuaje de un arcoiris en los bíceps, lo que era un poco inusual.
Cuando Jason acabó su historia, la chica rubia no parecía satisfecha.
—¡No, no, no! Ella me dijo que estaría aquí. Me dijo que si venía aquí, encontraría la respuesta.
—Annabeth—gruñó el tipo calvo—, mira eso—señaló al píe de Jason.
Jason no se había puesto a pensar demasiado en que le seguía faltando el zapato izquierdo, que había sido disparado por el relámpago. Tener el píe desnudo sentía bien, pero parecía el trozo de un fósil.
—La persona con un zapato—dijo el tipo calvo—. Él es la respuesta.
—No, Butch—insistió la chica—. Él no puede ser. Me han engañado—miró al cielo como si hubiese hecho algo mal—. ¿Qué quieres de mí?—gritó—, ¿qué has hecho con él?
La pasarela se estremeció, y los caballos relincharon con urgencia.
—Annabeth—dijo el tipo calvo, Butch—, tenemos que irnos. Dejemos a estos tres en el campamento y pensemos luego fuera de aquí. Esos espíritus de la tormenta podrían volver.
Pareció furiosa por un momento.
—Bien—se fijó en Jason con una mirada resentida—. Nos encargaremos de esto más tarde.
Se volvió sobre sus talones y se marchó hacía el carro. Piper sacudió la cabeza.
—¿Pero que problema tiene? ¿Qué está pasando?
—En serio—agregó Leo.
—Tenemos que sacaros de aquí—dijo Butch—. Os lo explicaré por el camino.
—No iré a ninguna parte con ella—dijo Jason refiriéndose a la rubia—. Parece que me quiere matar.
Butch dudó.
—Annabeth es buena gente. Tienes que darle un tiempo. Tuvo una visión que le decía que viniera aquí, a encontrar al tipo con un zapato. Se supone que eso solucionaría su problema.
—¿Qué problema?—preguntó Piper.
—Está buscando a uno de nuestros campistas, que lleva desaparecido tres días. Está fuera de sí con la preocupación, y esperaba que estuviera aquí.
—¿A quién busca?—preguntó Jason.
—A su novio—dijo Butch—, un tipo llamado Percy Jackson.


Última edición por dedalo15 el 26/03/11, 04:51 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   01/03/11, 10:50 am

molaaaaaaaa¡¡me encanta¡¡¡¡jajaj esta genial¡¡¡
mm...que le habra pasado a percy??espero averiguarlo pronto¡¡
gracias por traducirloo^^

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   01/03/11, 11:07 am

Gracias ti ;D.
Yo tambien quiero saberlo >_<. Ey, este será el primer libro de percy que me lea antes que tu >:3 muahahha xD
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   01/03/11, 11:29 am

jajaj asii por una vez no te lo tendre que dejar jajaja

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   01/03/11, 05:11 pm

gracias por la traducion!! yooo se que le ha pasado a percy Smile Very Happy xdddd

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   02/03/11, 08:20 am

esta muy bien el capitulo me ha encantado
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dedalo15
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   02/03/11, 09:16 am

Yo tengo una ligera sospecha de lo que le ha pasado pero de idea nada=S (pero no me lo cuentes eh! jaja). Gracias a vosotros, a ver cuando puedo subir el 3 ;D
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Dany Flamel
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   02/03/11, 11:33 am

vale O.K
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   06/03/11, 12:57 pm

Tercero Wink!!!

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CAPÍTULO III
PIPER

DESPUÉS DE UNA MAÑANA DE ESPÍRITUS DE LA TORMENTA
, hombres-cabra y novios voladores, Piper debería haber perdido la cabeza. Sin embargo, todo lo que sentía era pavor.
Estaba empezando. Justo como en el sueño.
Se encontraba en la parte posterior del carro con Leo y Jason, mientras el tipo calvo, Butch, manejaba las riendas, y la chica rubia, Annabeth, ajustaba un dispositivo de navegación de bronce.
Pasaron sobre el Gran Cañón y se dirigieron al este, el viento helado boleaba la chaqueta de Piper. Detrás de ellos, se iban formando más nubes de tormenta.
El carro se inclinó, retumbando. No tenía cinturones de seguridad y la parte trasera iba completamente abierta, así que Piper pensaba si Jason podría cogerla de nuevo antes de que se cayera, Esa había sido la parte más inquietante de la mañana, no que Jason pudiera volar, si no que Jason la hubiera sostenido en sus brazos y siguiera sin saber quien era.

Todo el semestre, había estado trabajando en su relación, intentando que Jason se diera cuenta de que era más que un amigo para ella. Finalmente, él se había decantado por besarla. Las últimas semanas habían sido las mejores de su vida. Y después, hacía tres noches atrás, el sueño lo había arruinado todo: una horrible voz, dándole noticias horribles.
No se lo dijo a nadie, ni si quiera a Jason.
Ahora ella yo no lo tenía. Era como si el alguien le hubiera borrado la memoria, y ahora ella tenía la peor “ruptura” de todos los tiempos. Quería gritar. Jason estaba justo de pié a su lado: Esos ojos azules, ese pelo rubio corto, esa ínfima cicatriz en su labio superior. Su cara era amable y suave, pero siempre estaba un poco triste. Y él solo miraba fijamente al horizonte, sin reparar en ella.
Mientras tanto, Leo estaba siendo molesto, como de costumbre.
—¡Esto mola!—escupió una pluma de pegaso que se le había metido en la boca—. ¿Adónde vamos?
—A un lugar seguro—dijo Annabeth—. El único lugar seguro para chicos como nosotros. El Campamento Mestizo.
—¿Mestizo?—se puso Piper inmediatamente en guardia. Odiaba esa palabra. La habían llamado mestiza o mezclada demasiadas veces, media-Cherokee, medio-blanca, y parecía que nunca estaba completa del todo—, ¿es alguna broma de mal gusto?
—Se refiere a que somos semidioses—dijo Jason—, medio dioses, medio mortales.
Annabeth miró hacía atrás.
—Parece que sabes mucho, Jason. Pero, sí, semidioses. Mi madre es Atenea, diosa de la sabiduría. Aquí, Butch, es hijo de Iris, diosa del arcoiris.
—¿Tu madre es la diosa del arcoiris?—dijo Leo medio ahogándose.
—¿Algún problema?—dijo Butch.
—No, no—dijo Leo—. Arcoiris. Qué varonil.
—Butch es el mejor con los caballos—dijo Annabeth—. Se lleva muy bien con los pegasos.
—Arcoiris y ponis—murmuró Leo.
—Voy a tirarte del carro—advirtió Butch.
—Semidioses—dijo Piper—. Quieres decir que creéis que sois... que somos...

Un relámpago brilló. El carro se estremeció y Leo gritó:
—¡La rueda izquierda esta ardiendo!
Piper dio un paso atrás. Desde luego, la rueda ardían, y llamas blancas iban tomándole terreno al carro.
El viento rugió. Piper miró detrás de ellos y vio formas oscuras formándose en las nubes, más espíritus de la tormenta serpenteando hacía el carro, excepto que estos espíritus se parecían más a caballos que a ángeles.
—¿Por qué son...?—empezó a decir.
—Los Anemoi cambian de forma—dijo Annabeth—. A veces como humanos, a veces como caballos, dependiendo de lo caóticos que sean. Sujetaros. Va a ser un viaje movidito.
Butch tiró de las riendas. Los pegasos aumentaron la velocidad y el carro los siguió. Parecía que el estómago a Piper se le había subido a la garganta. Lo vio todo negro, y cuando volvió a la realidad estaban en un lugar completamente diferente.
Un frío y gris océano se extendía a la izquierda. Campos nevados, carreteras y bosques a la derecha. Justo debajo de ellos había un valle verde, como una isla en primavera, acompañado con las colinas nevadas en todas partes menos al norte, donde se extendía el agua. Piper vio un conjunto de edificios como templos griegos, una gran mansión azul, pistas de deporte, un lago, un muro de escalada que al parecer estaba ardiendo. Pero antes de que pudiera procesar todo lo que estaba viendo, las ruedas se salieron del carro y el carro pareció tomar baches en el cielo.
Annabeth y Butch intentaron mantener el control. Los pegasos trabajaron para mantener el carro en un vuelo normal, pero parecían exhaustos de haber ido deprisa, y tener el peso del carro más el de cinco personas era sencillamente demasiado.
—¡El lago!—gritó Annabeth—, ¡vamos para el lago!
Piper recordó algo que su padre le había dicho una vez, que impactar con el agua desde las alturas era tan malo como impactar contra el cemento.
Y después... ¡BUUUM!

La mayor impresión fue el frío. Estaba bajo el agua, tan desorientada que no sabía por dónde se iba a arriba. Solo tuvo tiempo de pensar: «Que manera más estúpida de morir».
Entonces aparecieron unas caras en la oscuridad verdosa, chicas con largos cabellos negros y brillantes ojos amarillos. La sonrieron, la agarraron de los hombros, y la llevaron hacía arriba.
La dejaron, jadeando y con escalofríos, en la orilla. Cerca, Butch seguía en el lago, cortando las riendas de los pegasos. Afortunadamente, los caballos parecían estar bien, pero sacudían las alas y salpicaban agua a todas partes.
Jason, Leo y Annabeth estaban ya en la orilla, rodeados de niños que les daban mantas y les hacían preguntas. Alguien cogió a Piper de los brazos y la hizo levantarse. Aparentemente, los chicos solían caerse al lago, por el detalle de que un campista llevaba una gran sopladora de hojas de bronce, mirando como si nada. Apuntó a Piper y la roció de aire caliente, su ropa estuvo seca en dos segundos.
Había al menos veinte campistas a su alrededor, los más jóvenes quizá con nueve, los más viejos con dieciocho o diecinueve, y todos ellos llevaban camisetas naranjas como la de Annabeth. Piper miró hacía atrás, al agua, y vio esas extrañas chicas justo debajo de la superficie, su pelo flotaba por el agua.
Se agitaron como haciendo tiudeldu, y desaparecieron en las profundidades. Un segundo después los restos del carro salieron propulsados desde el lago y tomaron tierra cerca con un crujido húmedo.
—¡Annabeth!—un chico con un arco y un caraj se abrió paso a través de la multitud—, ¡dije que te podías llevar el carro, no que pudieras destruirlo!
—Will, lo siento—suspiró Annabeth—. Lo arreglaré, lo prometo.
Will puso mala cara a su carro roto, luego se dirigió a Piper, Leo y Jason.
—¿Son estos? Van camino de tener más de trece. ¿Por qué no han sido reconocidos ya?
—¿Reconocidos?—preguntó Leo.
Antes de que Annabeth pudiera explicarlo, Will dijo:
—¿Alguna señal de Percy?
—No—admitió Annabeth.
Los campistas mormuraron. Piper no tenía ni idea de quien era ese Percy, pero su desaparición parecía ser un gran problema.
Otra chica avanzó, era alta, asiática, con un pelo negro con tirabuzones, llena de bisutería y perfectamente maquillada. De alguna manera, se las había arreglado para hacer de unos vaqueros y una camiseta naranja algo glamuroso. Miró a Leo, reparó en Jason como si él fuera digno de su atención y luego sonrió a medias a Piper como si fuera un burrito pasado desde hace semanas sacado de un vertedero. Piper conocía ese tipo de chicas. Se había topado con muchas como ella en la escuela de la Salvajería y en otras estúpidas escuelas a las que su padre la había enviado. Piper supo enseguida que iban a ser enemigas.
—Bueno—dijo la chica—, espero que estos problemas hayan valido la pena.
Leo resopló.
—Vaya, gracias. ¿Qué somos? ¿tus nuevas mascotas?
—No bromees—dijo Jason—. ¿Qué tal algunas respuestas antes de que empecéis a juzgarnos? Como... ¿Qué es este sitio? ¿por qué estamos aquí? ¿cuánto tiempo vamos a quedarnos?—Piper tenía las mismas preguntas, pero una ola de ansiedad estaba sobre ella. “Valerla pena”. Si supieran su sueño... No tenían ni idea....
—Jason—dijo Annabeth—. Te prometo que responderemos a vuestras preguntas. Y Drew—miró con el ceño fruncido a la chica glamurosa—, todos los semidioses valen la pena. Pero lo admito, el viaje no ha sido lo que esperaba.
—Eh—dijo Piper—, nosotros no pedimos que nos trajeran aquí.
Drew aspiró por la nariz.
—Y nadie te ha pedido a ti, mona. ¿Tu pelo siempre parece un tejón muerto?
Piper avanzó, preparada para pelearse con ella, pero Annabeth dijo:
—Piper, para.
Así lo hizo. No se asustaba ni un poquito de Drew, pero Annabeth no parecía alguien que a nadie le gustase tener como enemigo.
—Tenemos que hacer sentir a los nuevos que llegan bienvenidos—dijo Annabeth, mirando un poco a Drew—. Les asignaremos a cada uno un guía, démosles una vuelta por el campamento. Esperemos que sean reconocidos para la fogata de esta noche.
—¿Puede alguien decirme que significa eso de “Ser reconocido”?—preguntó Piper.

De pronto hubo un jadeo colectivo. Los campistas se alejaron. Al principio, Piper pensó que había hecho algo malo. Después se dio cuenta de que sus rostros estaban bañados por una luz roja, como si alguien hubiese encendido una antorcha tras ella. Se volvió y casi se olvidó de respirar.
Flotando sobre la cabeza de Leo había una imagen holográfica abrasadora: un martillo ardiente.
—Eso—dijo Annabeth— es ser reconocido.
—¿Qué he hecho?—miró a atrás, al lago. Luego levantó la vista y gritó—: ¿¡Me está ardiendo la cabeza!?—se movió, pero el símbolo lo seguía, flotando y ondeándose como si estuviera tratando de escribir algo con las llamas en su cabeza.
—Esto no puede ser bueno—murmuró Butch—. La maldición...
—Butch, cállate—dijo Annabeth—. Leo, acabas de ser reconocido...
—.... Por un dios—interrumpió Jason—. ¿Ese es el símbolo de Vulcano, no?
Todas las miradas se dirigieron a él.
—Jason—dijo Annabeth con cuidado—, ¿cómo sabes eso?
—No estoy seguro.
—¿Vulcano?—preguntó Leo—. Ni siquiera me gusta Star Trek. ¿De que estáis hablando?
—“Vulcano” es el nombre romano para Hefesto—dijo Annabeth—, el dios de la forja y el fuego.
El martillo ardiente desapareció, pero Leo escudriñó el aire como si temiese que volviera a seguirlo.
—¿El dios de qué? ¿Quién?
Annabeth se volvió al tipo con el arco.
—Will, ¿puedes llevarte a Leo a dar una vuelta? Preséntale a sus compañeros de literas en la Cabaña Nueve.
—Claro, Annabeth.
—¿Qué Cabaña Nueve?—preguntó Leo—. ¡No soy “un Vulcano”!
—Vamos, Sr. Spock, te lo explicaré todo—Will le puso una mano en el hombro y lo condujo lejos, hacía las cabañas.
Annabeth volvió a centrar su atención en Jason. Por lo general, a Piper no le gustaba que otras chicas mirasen a su novio, pero Annabeth no parecía estar pensando en lo bueno que estaba. Ella lo estudiaba más como si fuera un proyecto complicado. Finalmente dijo:
—Extiende el brazo.
Piper vio lo que sus ojos habían observado, y los suyos se abrieron de par en par.
Jason se había desprendido de su cazadora después del chapuzón en el lago, quedándose con los brazos desnudos, y en su antebrazo derecho había un tatuaje. ¿Cómo es que Piper nunca se había dado cuenta? Había mirado los brazos de Jason millones de veces. El tatuaje no podía haber simplemente aparecido, pero ahí estaba el grabado oscuro imposible de pasar desapercibido: una docena de líneas como un código de barras, y encima un águila con las letras “spqr ”.
—Nunca he visto marcas como estas—dijo Annabeth—. ¿De dónde las has sacado?
Jason sacudió la cabeza.
—Me estoy cansando ya de decir esto. No lo sé.
Los otros campistas se acercaron, tratando de echarle una ojeada al tatuaje de Jason. Las marcas parecían molestarles un montón, casi como una declaración de guerra.
—Parecen quemadas en tu piel—reparó Annabeth.
—Lo están—dijo Jason. A continuación, cerró los ojos como si le doliese la cabeza—. Es decir... Creo que sí. No me acuerdo.
Nadie dijo nada. Estaba claro que los campistas veían a Annabeth como una líder. Esperaban su veredicto.
—Tiene que ir directamente a ver a Quirón—decidió Annabeth—. Drew, ¿podrías...?
—Por supuesto—Drew se agarró al brazo de Jason—. Por aquí, cariño. Te presentaré a nuestro director. Es... un tipo interesante—le lanzó a Piper una mirada presumida y avanzó a la casa azul que había en la colina.
La multitud comenzó a dispersarse, hasta que solo quedaron Annabeth y Piper.
—¿Quién es Quirón?—preguntó Piper—. ¿Se ha metido Jason en algún lío?
Annabeth dudó.
—Buena pregunta, Piper. Venga, demos paseo. Necesitamos hablar.



Última edición por dedalo15 el 26/03/11, 04:50 pm, editado 2 veces
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martiita
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   06/03/11, 01:22 pm

molaaaaaaaaaaa¡¡¡me gusta muchoo^^gracias por traducirloo^^

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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   06/03/11, 01:23 pm

Mas tarde intentare leerlo pero parece k promete =)
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   06/03/11, 01:24 pm

Este esta muy bien ;D. El siguiente ya lo lelvo traducido un poco, tardaré un poco más en subirlo porque es supoerlargo y me queda la mitad por traducir, pero bueno, espero que esté para el sabado;D
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Dany Flamel
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   07/03/11, 08:35 am

Este aclara algunas cosas y ven a seguir ablando de dioses romanos
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MensajeTema: Re: "El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]   

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"El Héroe Perdido" (The Lost Hero) de Rick Riordan, traducido: [08/56]
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