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"HOLA NIÑ@S NUEVOS,PRESENTENSE EN EL TEATRO :3"

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 Kytzia está deseando contaros su secreto... ¡y el de su rubio acompañante!

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Dracaena
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MensajeTema: Re: Kytzia está deseando contaros su secreto... ¡y el de su rubio acompañante!   22/07/13, 06:58 pm

O sigues o te matooo!!!!! Me enamoré de Nathan...<3

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Paula
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MensajeTema: Re: Kytzia está deseando contaros su secreto... ¡y el de su rubio acompañante!   26/07/13, 08:28 am

No, no la seguiré, pero si alguien quiere seguirla, tiene mi permiso, que me mande emepé (?)

PD: De nada xD


Mientras atravesaban la ciudad en el rápido coche de Nathan, Kytzia no hacía otra cosa que mirar constantemente hace atrás para comprobar que su hermana seguía respirando en los temblorosos brazos de su madre. Nathan apretaba el acelerador y maldecía en voz alta cuando tenía que frenar, debido a algún semáforo o a otros conductores más lentos. Poco a poco los altos edificios fueron desapareciendo, y llegaron a una zona de fábricas y talleres. En cuanto hubieron salido de la ciudad, Nathan apresuró la marcha hasta que llegaron a un claro en el que estaban aparcados una buena cantidad de coches de lujo. Nathan bajó del coche y cargó con Cynthia en sus brazos durante lo que, para Kytzia, fue una eternidad a través del frondoso bosque, hasta que frente a ellos se alzó una construcción de piedra enorme: un casillo antiguo, muy antiguo, con almenas, torres, puente levadizo y murallas fortificadas.
“Que surrealista. Mi hermana se está muriendo y nos tenían que traer para curarla al castillo del Rey Arturo… ¿Dónde está la piedra con la espada clavada en ella? Esperaba algo mas… antiséptico, no sé, algo más parecido a un hospital o…” pensó Kytzia, de forma irónica, debido a su irritación. Nathan corrió por el puente con la niña en brazos, seguido por Kytzia y su madre. Entraron en un patio rodeado de muros, y Kytzia vio a Lluna de pie frente a una majestuosa puerta de madera. La chica miraba a Cynthia muy preocupada, como si de verdad temiera por su vida, sin apenas conocerla… La verdad es que amar con todas tus fuerzas a su hermanita de cuatro años no era muy difícil, solo con verle la carita, ahora mismo empapada en sangre… Un escalofrío de terror puro al pensar que podía perderla le recorrió la espalda. En cuanto hubieron entrado, Tucsan, que esperaba en el vestíbulo, agarró a la niña y él, Lluna, Kytzia y su madre salieron disparados escaleras arriba. Entraron en una habitación y la tendieron en una cama enorme con un dosel de tela fina, parecía una pequeña princesa durmiendo plácidamente en su cama. Tucsan comenzó a aplicar masajes en el lado fracturado de la cabeza de Cynthia, pero la niña no reaccionaba, y con la fractura de cráneo que sufría, no duraría mucho con vida.
-Necesitamos magia, si no la niña morirá… Sheyla, llama a Peter.
-¿Qué?... –la madre de Kytzia parecía aturdida.
Aquel nombre trajo a la mente de Kytzia el rostro de su padre. Su padre también se llamaba Peter. Su madre se levantó y corrió precipitadamente hacia la puerta. Cuando volvió, traía del brazo a un hombre alto, moreno y de ojos malva, extremadamente apuesto y… no, no podía ser… Era absoluto y totalmente imposible.
-Pa…. ¿Papá? –la voz de Kytzia era un susurro casi inaudible.
-Hola, cariño… -su padre la miró, con arrepentimiento, culpa y amor a partes iguales en sus ojos, tan parecidos a los de Kytzia.
Se acercó a ella para abrazarla, pero Kytzia retrocedió, y el dolor fue patente en los ojos de su padre. Ella todavía lloraba su pérdida, y de repente le tenía delante, sano y salvo y sin una sola cicatriz que indicara que un año antes había tenido un mortal accidente de coche.
Su padre se acercó a la cama y pasó sus manos por encima de la cabeza de su hija. Cuando la niña abrió los ojos, miró a su padre, gritó “¡¡PAPÁ!!” y se tiró a sus brazos. Vaya, que fácil era perdonar para los niños de cuatro años. Una vez que Kytzia supo que su hermana estaba bien, salió corriendo de la habitación, y aunque su madre intentó detenerla, nada pudo evitar que saliera de la habitación y corriera escaleras abajo. Nathan, sentado en un sillón del vestíbulo con el rostro enterrado en las manos, levantó la cabeza al verla pasar como una exhalación y corrió tras ella. La alcanzó cuando Kytzia ya llevaba recorrido un gran trecho de bosque. Cuando intentó agarrarla por el brazo, ella se soltó y siguió corriendo, por lo que, con un último esfuerzo, corrió más deprisa y la tomó por la cintura, haciéndola frenar poco a poco hasta que ambos se detuvieron. La chica se dio la vuelta y comenzó a golpear el pecho de Nathan con los puños cerrados, mientras sollozaba. Él la cogió por las muñecas.
-Eh, eh, eh… Tranquila Kyt, ¿qué pasa? ¿Es Cynthia? ¿Está…?
-Cyn está bien… Acabo de ver a mi padre.
La cara de Nathan pasó de la preocupación a la más pura sorpresa.
-Kyt, tu padre está muerto…
-¿Sí? Entonces que, ¿era un clon exacto de mi padre lo que ha salvado a mi hermana? No Nathan, mi padre no está muerto, aunque yo creía que si…
-Vaya Kyt, no sé qué decir… No puedo decir que lo siento, porque es algo bueno ¿no?, pero… guau, estoy flipando –Nathan abrió los ojos en una cómica mueca que hizo reír a Kytzia.
Tras el pequeño ataque de risa que les envolvió a los dos, Nathan se puso serio, y Kytzia se dio cuenta que era la primera vez que estaban solos desde la discusión. Bajó rápidamente la mirada y centró su atención en una hoja que se movía en el suelo.
“¿Desde cuándo eres tan débil como para no atreverte a mirar a un chico a los ojos, Kyt? Mírale, dile que vuelves al castillo y desaparece de su vista antes de que…”
-Kyt… -sus pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de Nathan, en un tono tan suave y dulce que levantó irremediablemente la vista del suelo y la clavó en su rostro.
El chico la miraba, con una expresión indescifrable y un brillo extraño en sus ojos. Casi le recordó la forma en la que la miraba Michael de vez en cuando… Pero no, Nathan no tenía nada que ver con Michael. Nathan era todo luz, mientras Michael vivía anclado en el mundo de las sombras. Nathan se acercó a ella, poco a poco, paso a paso, hasta que estuvo tan cerca que ella podía sentir su aliento en los labios. No se había dado cuenta de que había ido retrocediendo hasta topar con un árbol, así que no había forma de alejarse de él. Nathan la miraba de forma extraña, nunca nadie la había mirado así, y se sentía algo cohibida.
-Lo siento –susurró mirándola a los ojos. –Siento todo lo que pasó con lo de Michael, siento mucho haberme comportado como un auténtico capullo, claro que no es tu culpa que él esté…bueno, que te quiera. Supongo que es imposible no quererte…
Kytzia soltó un pequeño suspiro de sorpresa, y su primer impulso fue alejarse de Nathan y salir corriendo, pero se contuvo, porque los sentimientos que pasaban por su corazón fueron más fuertes que los pensamientos que pasaron por su cabeza.
“A la mierda Michael, a la mierda todo lo que pudiera hacerme. Nathan es distinto, y si no lo intento con él no lo intentaré nunca con nadie. Porque si hay alguien que de verdad me ha hecho sentir mejor de lo que Michael me hizo sentir nunca, ese ha sido Nathan, y de veras que quiero intentarlo con él, porque, porque le…” ni siquiera en sus pensamientos Kytzia era capaz de reconocer lo evidente. Y lo más preocupante era que Nathan parecía pensar que ella no sentía nada especial por él, entre otras cosas por las anteriores negativas y porque cada vez que la besaba ella salía huyendo. Pero no iba a huir esta vez, no. Se preparó para lo que Nathan hiciera o dijera, pero ni hizo ni dijo nada. Simplemente se separó de ella y se alejó adentrándose en el bosque. Momentos después se giró y le indicó con un dedo que le siguiera. Ella no dudó ni un segundo, aunque lo normal es que hubiera mandado a Nathan a la mierda y hubiera vuelto al castillo. Llegaron a un claro y Nathan se tumbó en la hierba. Kytzia se sentó a su lado, y le miraba desde arriba mientras él permanecía con los ojos cerrados. El dorado de su pelo se intensificaba con los últimos rayos de sol de la tarde, y cuando abrió los ojos, millones de puntitos dorados que Kytzia creía no haber visto antes brillaron en sus iris verdes. Era la cosa más hermosa que ella había visto nunca, y aun así se le hacía difícil reconocer que le amaba.
-¿Sabes algo? Yo también pensaba que no me enamoraría jamás, también me juré a mi mismo que no lo haría. Y mírame… suelo cumplir las promesas, pero no las que me hago a mí mismo. Y yo estoy aquí soltándote una charla mientras que tu estas desenado volver para ver a tu hermana, y seguramente no te interese lo que te estoy contando y…
-Para Nathan. No quiero volver, es lo último que me gustaría ahora mismo. Sé que mi hermana está bien, y con eso me basta. Y si no me interesara lo que me estás diciendo, no estaría aquí.
-Si bueno, supongo que ahora mismo no tienes nada mejor que hacer y…
-Si no te das cuenta de que estoy completa, absoluta y locamente enamorada de ti, entonces o es que estas completa, absoluta y locamente ciego, o es que simplemente te olvidas de pensar cuando me ves, por lo que podría suponer que sientes lo mismo, ¿no?
Nathan se quedó completamente paralizado. Y también Kytzia. No comprendía cómo podían esas palabras haber salido de su boca, era humanamente imposible. Y aun así, todo lo que le acababa de decir al chico era totalmente sincero. En el fondeo se alegraba de su repentino arrebato de valentía. Pero de repente no estuvo tan segura de alegrarse, pues el chico se lanzó sobre ella, la tumbó en el suelo y la hizo rodar por la hierba con él, hasta que se quedó encima y comenzó a besarla de la forma más bonita que jamás la había besado nadie. Y ella se sorprendió correspondiendo a su beso de buena gana. Al fin y al cabo, no era tan malo estar enamorada si encontrabas a la persona adecuada. De repente, él hizo algo que no había hecho nunca antes, metió sus manos bajo el abrigo y la camisa de Kytzia y acarició la piel de su espalda, lo que hizo que se le pusiera de gallina.
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Sentir las manos de Nathan acariciando su piel desnuda, sin ninguna tela de por medio, era algo que Kytzia no estaba muy segura de poder soportar sin perder la noción de la realidad, de todo lo que estaba a su alrededor, y en esos momentos no podía permitirse evadirse de aquella manera. Aunque deseaba más que cualquier cosa que el chico siguiera recorriendo su piel hasta volverla loca, la urgencia de resolver los acontecimientos que habían sucedido tan rápido en las últimas horas era ahora una prioridad. Separó a Nathan de su cuerpo con todo el dolor de su corazón, no sin antes permitir que él la envolviera en un beso hipnótico que casi la hizo cambiar de opinión. Nathan le dirigió una mirada interrogante cuando ella rodó sobre si misma para apartarse de él y se levantó del suelo.
- Nathan, tengo que volver al castillo, quiero ver cómo está Cynthia, y además creo que tengo muchas cosas de las que hablar con mi madr… con mis padres –se le seguía haciendo raro hablar de su padre como una persona viva.
- Venga, te acompaño.
- ¿No crees que es un poco pronto para presentarte a mis padres, Nathan? –Kytzia tenía que encontrarle el punto divertido a todo ese asunto.
Nathan esbozó la sonrisa más falsa que pudo y soltó una queda risita falsa.
- Eres taaaaaaaaaan divertida…
Ella fingió no haberle oído y caminó de vuelta al castillo. Cuando se abrió la puerta, vio en el patio a su madre, sentada en un banco de madera, con el rostro enterrado entre sus manos. Cuando la miró a los ojos, Kytzia decidió que no era el momento adecuado para reprocharle toda una vida de engaños y mentiras. Tampoco encontró a su padre, por lo que subió directamente a la habitación de su hermana y la encontró plácidamente dormida entre las suaves sábanas. No podía dejar de pensar en lo mucho que quería a aquella criaturita enterrada en sábanas de lujo. No quería despertarla, así que besó cuidadosamente su frente y la arropó del todo, sonriendo cuando su hermanita suspiró en sueños. Se dio la vuelta y vio a Nathan en el umbral de la puerta. Se acercó a él y le abrazó, hasta que oyó el inconfundible carraspeo de Lluna avanzando por el pasillo.
- Kyt, ¿te enseño tu habitación? –dijo la chica, sonriendo de oreja a oreja.
- No Llun, yo le enseño su habitación –el tono significativo de la voz de Nathan hizo que Lluna sonriera aún más y se alejara dando saltitos por el pasillo.
- Están todos locos –la voz de Kytzia sonó cansada, pero divertida.
Nathan la tomó de la mano y la condujo a través de pasillos con antorchas como única iluminación, haciéndola recordad las clases de historia que se pasaba imaginando como serían las cosas en otras épocas, no tan fáciles como lo eran ahora, eso desde luego. Llegaron a una pequeña puerta de madera alejada de cualquier otra puerta. Nathan se sacó una cadena que llevaba colgada al cuello de debajo de la camisa y abrió la puerta con una llave.
- No sé por qué me da que este no va a ser mi dormitorio… -la habitación, con una enorme cama en el centro, un armario y una mesa como único mobiliario (aparte de una enorme tele colgada frente a la cama, observó Kytzia), estaba repleta la ropa de Nathan, y de todos sus efectos personales. Se sorprendió al ver una guitarra entre las cosas del chico.
- Bueno, puede serlo si tu quieres… -la sonrisa de golfo que asomó a su cara dejó a la chica totalmente desarmada. Pero había un comentario mordaz que luchaba por salir de sus labios. No lo reprimió.
- Nathan, mi padre está vivo, y no quiero que te mate…
El chico puso cara de sorpresa, pero rió al darse cuenta de que solo era un comentario que intentaba ser cómico. Por lo visto, Kytzia había comenzado a perdonar a su padre en su interior, muy en su interior.
- Bueno, te he traído aquí porque quería darte algo.
Le miró, ahora le tocaba a ella sorprenderse. Vio como el chico se acercaba a un cajón de su armario y sacaba de él una cadena con algo colgado en ella. Una media luna, con una rosa encajada entre sus puntas. Precioso. Nathan apartó el pelo de su cuello y le colocó con cuidado el colgante. Cuando Hubo cerrado el enganche, sus manos se posaron delicadamente en los hombros de Kytzia y bajaron lentamente por sus brazos. La agarró de la cintura y se pegó completamente a su cuerpo, y terminó de volverla loca cuando sus labios se posaron sobre su cuello desnudo, comenzó a besarla y colocó sus suaves labios tras su oreja. Cuando sostuvo débilmente el lóbulo de la oreja de Kytzia entre sus labios, ella ya hiperventilaba, y se le escapó un leve gemido cuando las manos de él acariciaron su piel bajo la camisa. Ahora se daba cuenta del doble sentido de las últimas palabras que había dicho él. Quería darle algo, y le había dado la preciosa cadenita, sí, pero había algo más que él quería darle. Algo que ella estaba dispuesta a recibir. Se dio la vuelta y buscó esos labios que tanto deseaba besar, y de repente se encontró desabotonando despacio la camisa de él. Muy despacio, quería disfrutar al máximo de aquel momento. Poco a poco fue descubriendo el torso de él, sus manos acariciando cada centímetro de piel, no quería perderse ni un solo centímetro de su cuerpo. Cuando la camisa estuvo en el suelo, pronto la de ella se le unió. Nathan la observaba con verdadera intensidad brillando en sus ojos verdes, su boca recorría ahora de nuevo su cuello. La cogió por sorpresa y la tumbó en la cama, y no le dio tiempo ni a respirar antes de tumbarse encima. La miró, apartándole un mechón de pelo del rostro, observando sus ardientes ojos malvas. Comenzó de nuevo a besarla, casi con urgencia, cuando la puerta se abrió de golpe y apareció un hombre con armadura y armado hasta los dientes. Sus ojos se abrieron de sorpresa, pero luego recuperó la compostura y dijo, con voz clara y fuerte:
- Nos atacan –acto seguido, cerró la puerta.
- ¡Joder! –Nathan estrelló su puño contra la cama. Kytzia no sabía si estaba frustrado por el ataque o por la interrupción de aquel soldado. Le quedó más claro cuando notó lo “contento” que estaba Nathan.
A decir verdad, ahora mismo incluso ella se sintió frustrada, cuando el chico se levantó de la cama y el contacto entre sus cuerpos se rompió. La separación fue dolorosa, casi físicamente dolorosa. Le ofreció la mano para levantarla de la cama. Ella recogió su camisa y se la puso, y le miró con algo de vergüenza en sus ojos. Él le sonrió, se acercó al armario y lo abrió de golpe. Ahora entendía por qué toda la ropa estaba colgada ordenadamente a lo largo de toda la pared de la habitación: en el armario no había ropa, sino armas y una ropa negra de aspecto extremadamente resistente. La sacó, la puso sobre la cama y desabrochó el cinturón de su pantalón. La miró, fijamente. Ella apartó la vista sin poder evitarlo, mientras el reía por lo bajo. Oyó como sus pantalones caían al suelo, y no pudo evitar mirarle de nuevo. Los bóxer negros se ajustaban perfectamente a su cuerpo. Ahora su “felicidad” era mucho más visible. Ella sintió, muy a su pesar, como sus mejillas se llenaban de sangre y enrojecía febrilmente.
“Nathan, hermoso, ponte algo ahora mismo si no quieres que me lance a tu cuello y los atacantes nos pillen “fuera de combate”… Dios Kyt, concéntrate, necesitas concentrarte, piensa en ovejitas, en vaquitas, ¡en lo que sea menos en que tienes a Nathan casi completamente desnudo delante de ti! Ya, claro, como que es posible distraerse de algo así…” pensó Kytzia.
- Puedes mirarme, no tengo nada que esconderte… -genial, encima el rubio seductor la instaba a admirar sus alucinantes atributos.
- Venga, ponte eso y vamos a buscar la mía.
Cuando Nathan se hubo vestido, Kytzia casi prefería que estuviera en bóxers. Aquella ropa le quedaba condenadamente sexy. Se armó hasta los dientes y la guió hasta su habitación, no muy lejos de allí, mientras todo el mundo en el castillo comenzaba a prepararse para la ofensiva.
“Ni siquiera sé quién diablos nos ataca” pensó Kytzia. Pero podía imaginárselo.
Cuando llegaron a su habitación y abrió el armario, pensó que ahora le tocaba a ella divertirse un poco. Se despojó de su ropa delante del boquiabierto Nathan que, a diferencia de ella, no apartó sus ojos ni un segundo de ella. Se puso la ropa negra, que estaba hecha con un material resistente al metal, lo cual comprobó cuando Nathan intentó apuñalarla y ella casi muere de un infarto. Mientras él re revolcaba en la cama muerto de risa, Kytzia examinó las armas y se hizo con tres dagas, una espada y un arco con un carcaj repleto de flechas. Le gustaba el arco, tenía una puntería extraordinaria. Jamán fallaba, lo sabía por experiencia… además, mientras los atacantes estuvieran lo suficientemente lejos, el único arma para herirles era el arco. Y las catapultas. ¿Existían todavía las catapultas? Descubrió que si cuando subió con Nathan a las almenas. Pero estas catapultas eran modernas, hechas de metal y con mecanismos sofisticados que permitían elegir en una pantalla táctil el objetivo de las bolas de fuego. Tecnología punta de la Edad Media. Le habían dicho que su hermana y su madre estaban a salvo en las mazmorras del castillo, lejos de cualquier peligro, pero se sorprendió al ver aparecer a su madre junto a su padre, ambos vestidos con la misma ropa que ella y Nathan, y tan armados como ellos. El arma más peligrosa que había visto empuñar a su madre era un cuchillo de cocina, y le había parecido, desde siempre, que lo manejaba con mucha maestría, demasiada maestría. Estaba flipando, alucinando, su mundo se había desmoronado por completo y allí estaban ellos dos, con aspecto de mortíferos guerreros, para cubrirle la retaguardia a su hija en caso de peligro. Alucinante. Su madre la abrazó con fuerza y su padre le dirigió una tímida sonrisa, que ella le devolvió también tímidamente. Nathan miró al horizonte y cargó su arco. Qué sexy ese veía así, con su perfil recortado en el cielo naranja del atardecer, sus cabellos dorados ondulando al viento y los músculos de sus brazos en tensión, preparados para soltar la flecha. Alguien dio la seña de preparar los arcos, y Kytzia dejó de mirarle para otear el horizonte, donde hordas de bichos se apelotonaban y avanzaban sin un patrón visible.
- Menos mal que no son muy listos… -Nathan la miró de reojo, esbozando una encantadora media sonrisa.
Alguien gritó “apunten”, Kytzia se sobresaltó al oír la cercana voz de Nathan gritando con todas sus fuerzas “¡FUEGO!”. Disparó su flecha y volvió a cargar el arco, mientras veían como las bolas de fuego salían de las catapultas y destrozaban la primera línea de bichos. El siseo de las flechas volando hacia los bichos rompió el silencio, y cuando Nathan dio la segunda orden de disparar, más flechas surcaron el cielo. Pero de pronto se hizo el silencio. El ejército atacante se detuvo. Nathan levantó una mano para que todos bajásemos los arcos, y escuchamos. Nada, silencio total y absoluto.
- No me gusta, no me gusta nada… -siseó el padre de Kytzia entre dientes.
De repente, Kytzia escuchó el familiar siseo de flechas acercándose, y Nathan gritó “¡AL SUELO!” justo cuando vieron los proyectiles volando hacia ellos. Kytzia se agachó, pero demasiado tarde. Lo notó cuando un dolor agudo atravesó su hombro derecho. Miró hacia abajo y vio una flecha sobresalir de su hombro. Miró al lado y vio como Nathan arrancaba una flecha de su propio hombro y cargaba su arco, todo en escasos segundos. Hizo lo mismo, maldiciendo al que confeccionó esos trajes por dejar huecos entre los que las flechas se colaban fácilmente, y levantó la cabeza para mirar por encima de las almenas. Silencio de nuevo. Una figura oscura recorría el terreno entre el ejército de bichos y su fortaleza. Podría derribarle en un segundo con una flecha, pues su puntería era perfecta, pero justo cuando iba a soltar la flecha, las manos le temblaron y el arco cayó al suelo. La persona que se acercaba era Michael.
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Se recompuso inmediatamente y recogió el carcaj y el arco del suelo, preparó una flecha y la mantuvo, con pulso tembloroso, apuntando directamente al corazón del chico.
Estaba lejos, pero incluso a esta distancia su puntería era infalible. No fallaría, podía matarle en ese mismo instante, y él lo sabía… ¿qué hacía entonces caminando por “tierra de nadie”,
con un traje reforzado como única defensa y una espada larga como único arma? Levantó la mirada y clavó sus ojos en ella.
- Sus intenciones no son buenas… No sé como ha hecho para crear un escudo mental que no me permite saber exactamente lo que siente, pero sus intenciones no son buenas
–Kytzia se percató de la presencia de Lluna a su lado cuando ésta susurró las quedas palabras en su oído. Se sobresaltó.
- Por supuesto que sus intenciones no son buenas… Si fueran buenas habría venido aquí con un ramo de rosas y miles de galletitas glaseadas para todos, en lugar de una espada y
miles de monstruos repulsivos y letales para matarnos… Creo que no viene a tomar el té, Llun –la voz de Nathan no era divertida, pero Kytzia rió en sus adentros, no se imaginaba a Michael glaseando galletitas para alimentar a un regimiento de soldados enemigos.
- Tensad los arcos, preparaos para disparar en cuanto esté lo suficientemente cerca –casi gritó el padre de Kytzia.
“Para mí está lo suficientemente cerca, podría matarle ahora mismo…” pensó Kytzia, pero las palabras que salieron de su boca fueron totalmente distintas.
- ¡¡APUNTEN!! –gritó Nathan
- ¡¡NO!! –el grito de Kytzia desgarró el devastador silencio –No… Quiero saber lo que tiene que decir –las últimas palabras fueron un susurro, se le quebró la voz al ver la expresión de Nathan.
Michael caminaba tranquilo hacia ellos porque sabía que Kytzia no iba a matarle, y que no dejaría que lo hicieran hasta escuchar lo que él tenía que decir, las palabras que eran tan importantes como para
llevarle hasta la puerta misma del castillo, arriesgando su vida en el intento, sin más protección que su duro traje. No iba a matarle, y él lo sabía. Lo peor es que ella también.
Pero la razón de Kytzia para no acabar con Michael en el instante era imperiosa. Si le mataba, los miles de bichos que esperaban órdenes de su líder, aquél atractivo “adolescente” de pelo negro y ojos fríos
como el hielo, se lanzarían irrevocablemente contra el castillo en el que estaban alojados todos sus seres queridos, toda su familia. Y llegarían al castillo. Y entrarían.
Y matarían a su hermanita y a su madre sin ningún remordimiento, después de pasar sobre los cadáveres de Nathan, Lluna, Tucsan, de su padre, del suyo propio…
Y no podía permitirlo, por eso no le mataría, ni dejaría que nadie lo hiciera, esa era la razón, no porque sintiera nada por él. Pero sería difícil explicárselo a Nathan.
Michael sonrió, su media sonrisa absoluta y claramente dedicada a Kytzia, y recorrió los últimos metros hasta que llegó al castillo. Las puertas se abrieron, y Kytzia bajó corriendo de la torre para dirigirse al patio,
seguida de cerca por Nathan, su padre, su madre y Lluna. Allí encontró a Michael, rodeado por todas partes de soldados que mantenían sus armas en alto,
y los arqueros en las torres apuntaban a distintas partes del cuerpo del chico. Todos puntos vitales, una simple orden y moriría acribillado. Pero eso no iba a pasar,
y Kytzia se adelantó para pasar entre los hombres y quedar frente a él. Él la miró, y no pudo evitar bajar la vista al encontrarse con ese brillo tan intenso en esos ojos tan fríos, azules, claros como el hielo.
Levantó una mano y acarició su rostro, el frío contacto envió unas apenas perceptibles descargas a través de sus nervios. Siempre sentía eso cuando él la tocaba…era parte de su encanto.
En ese mismo instante, un ruido de lucha se escuchó a su espalda, y se giró para ver a su padre conteniendo a duras penas a Nathan entre sus brazos, mientras el chico luchaba por zafarse,
con una expresión de intenso odio en su cara. Tenía los dientes apretados y miraba fijamente a Michael. Cuando vio que no podía escapar de los fuertes brazos del padre de Kytzia, soltó entre sus apretados
dientes tres palabras que sonaron a puro veneno.
- No la toques.
Michael apenas le miró durante un instante, y después levantó sus ojos y observó a todos los soldados atrincherados en distintas partes del castillo.
Sin que nadie lo esperara, empezó a hablar con voz clara, cristalina, y todos podían oírle, por muy lejos que se encontrara.
“Magia” pensó Kytzia.
- Mi cometido aquí esta noche es absolutamente personal, mis superiores no tiene nada que ver en ello.
Vengo justo a este lugar porque aquí está lo que estoy buscando, no quiero una batalla entre bandos, aunque, como bien sabéis, la ganaría sin problemas, pues os superamos en número de forma aplastante
–su voz era firme, seguro de sí mismo – Si estoy aquí, y sigo vivo, es porque estáis dispuestos a escuchar lo que tengo que decir. Todos vosotros estáis dispuestos –la última frase sonó casi dulce,
y la dijo mirando directamente a Kytzia.
- Estoy… estamos dispuestos… -ni siquiera ella misma escuchó sus palabras.
- Bien, todos sabéis qué es lo que quiero, qué es lo que he venido a buscar, pero solo algunos sabéis realmente el porqué. Tú ni siquiera imaginas la situación en la que se encuentra ahora mismo
la chica a la que amas –le hablaba a Nathan, que le observaba totalmente descolocado, con la boca abierta.
- Michael, si no cierras la boca ahora mismo, seré yo misma la que atraviese tu corazón con una flecha, y no me importarán las hordas de monstruos que puedan caer sobre mí
–Kytzia se quedó helada cuando escuchó salir de la boca de su madre aquellas palabras. Se dio la vuelta y la miró.
- ¿Cómo sabes su nombre? –sus ojos abiertos como platos.
- Yo, bueno…yo solo…no sé qué… -su madre pasó en el acto de “modo madre asesina” a “modo madre nerviosísima”.
- Tu madre y yo conocemos a Michael desde hace mucho, pero no sabíamos que tú le conocieras a él…tanto –su padre puso especial énfasis en la última palabra.
Su padre dándole la vuelta a la situación y salvando a su madre del apuro, como siempre. Kytzia sacudió la cabeza y miró a Michael, el cual observaba la escena sin decir ni una palabra.
- Sheyla tiene razón -¿acababa Michael de llamara a su madre por su nombre? –no voy a contarte por qué. Kytzia, pero vengo aquí a por ti y vas a venir conmigo si no quieres que todo mi ejército caiga sobre tu familia.
- ¡¿QUÉ!? No, no, ni lo sueñes bastardo, ella no va a ninguna ¡parte! –Nathan terminó la frase gritando y tirando de los brazos de Peter intentando soltarse de nuevo.
- Eso lo tiene que decidir ella, Nathaniel, no tú –tantos nombres estaban mareando a Kytzia –Eres tú o todos ellos, Kyty, no querrás que mueran…
Kytzia miró a su alrededor, a sus padres, a Nathan, a Lluna… Y tomó una decisión. Se iría con él, para salvarles. Michael terminó por convencerla cuando habló.
- No quiero que mueran, no quiero hacerles daño, solo te quiero a ti, Kytzia –la chica supo que no olvidaría esas palabras en su vida.
De repente Nathan, aprovechando el flojeo de Peter, se liberó de su agarre y corrió hacia Michael mientras desenvainaba su espada. Michael apartó a Kytzia, que miraba horrorizada, y desenvainó la suya.
El sonido de metal contra metal perforó los nervios de ella. Mientras Nathan arremetía una y otra vez, Michael se limitaba a defenderse. Parecía como si no quisiera matarle. Nathan logró abrir una herida en el
muslo de Michael, que seccionó la arteria femoral. Desangrándose por momentos, Michael giró sobre si mismo, se alejó de Nathan y volvió a acercarse tan rápido que los ojos de Kytzia casi no pudieron percibir
el movimiento. Cuando se separó de nuevo de Nathan, Kytzia vio que la espada de Michael había perforado su estómago, y Nathan se dobló y cayó de rodillas. Ella gritó y se interpuso entre el acero y el cuerpo
del rubio justo cuando Michael iba a dar el golpe de gracia. Él detuvo la espada y la miró, suplicando que se apartara. Estaba perdiendo mucha sangre, se debilitaba cada vez más y era cuestión de minutos que
sufriera un shock y muriera desangrado. Por el feo corte del muslo habría escapado ya al menos un litro de sangre, y él seguía en pie. Necesitaba ser atendido ya o moriría, y eso les daba una cierta ventaja, pues no podría tardar mucho en irse.
- ¡Kytzia, percibo a alguien más, tened cuidado! –Lluna gritó y los ojos de Michael se clavaron, literalmente, en ella.
Justo en ese instante, una mujer alta, con el pelo azabache y los ojos fríos, azules como el hielo, se materializó en la puerta y los arqueros dispararon sus flechas contra ella, pero la traspasaron,
pasando de largo sin dejar un solo rasguño en aquella extraña mujer.
- Michael, tenemos que irnos…ya –terminó la mujer, mirando el enorme charco de sangre que rodeaba al chico.
- Volveré a por ti, lo juro –dijo él, mirando a Kytzia.
- Michael, ya –la voz de la mujer era autoritaria, fría como un témpano de hielo.
- Sí, madre –contestó Michael, se apartó de Kytzia y se acercó a la mujer, no sin antes dirigirle una última y curiosa mirada… a Lluna.
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Peter, el padre de Kytzia, se arrodilló junto a Nathan en el momento en el que las figuras de Michael y… ¿su madre? Desaparecieron en el aire entre una espesa niebla. Kytzia solo podía percibir vagamente el sonido de las tropas enemigas retirándose mientras apretaba su puño contra la herida abierta en el estómago de Nathan, para intentar parar la hemorragia. EL chico ya estaba inconsciente. Peter apartó con suavidad a su hija y comenzó a tocar la herida de Nathan. La hemorragia cesó, pero la fea herida seguía allí.
-Voy a necesitar horas para acabar con esto…y mucha sangre, este chico está casi seco.
Trasladaron a Nathan a una habitación en la que no la dejaron entrar, y hechiceros y hechiceras entraban y salían con cubos llenos de gasas ensangrentadas y con bolsas de sangre. Una hechicera-enfermera de pelo naranja la tomó por el brazo y la llevó a ver a su hermana, unas cuantas habitaciones a la derecha de la sala en la que estaban tratando a Nathan. Aquel debía ser el piso-hospital del castillo.
-Él estará bien, nos estamos encargando de ello, no te preocupes. Tu hermana te necesita más ahora mismo –dicho esto, la mujer llevó otra bolsa de sangre a la habitación de Nathan y Kytzia entró en la de su hermana.
-Hola mi amor, ¿Cómo estás? –la niña sonrió de oreja a oreja.
-Hola Keka, una señora disfrazada de “médica mágica” y con el pelo “nadanja” me ha dicho que tengo que “quedadme” en “responso” en el váter y solo levantarme para ir a la cama.
-¿Qué? –Kytzia rió. La hechicera entró por la puerta y habló también entre risas.
-Debe guardar mucho reposo en la cama, al menos tres días, y levantarse solo para ir al baño, y siempre con ayuda de alguien, podría marearse. Y nada de helado, señorita.
-¡JO! –la niña hizo un puchero y Kytzia acarició su suave mejilla -¿y puedo jugar con “tetas”?
La mujer la miró escandalizada, y Kytzia soltó una carcajada.
-Es su forma, peculiar por cierto, de decir “muñecas”. Debería usted ver la cara de las dependientas de las tiendas de juguetes cuando mi hermana les pide una “teta” –ambas rieron.
-Si, puedes jugar con muñecas, pero no mucho rato, ¿vale?
-¡¡¡¡¡Bien!!!!! ¿Me traerás “tetas”, me traerás “tetas”?
-Si cariño, te traeré todas las muñecas que quieras –la sonrisa de Cynthia iluminó su corazón.
Su madre apareció en la puerta horas después, y Kytzia dejó a su hermana con ella, dormida profundamente con el dedo metido en la boca. Le dio un reconfortante beso en la frente a su madre y se dirigió a la sala en la que estaba Nathan. Abrió la puerta y le vio, conectado a unos tubos de plástico que inyectaban sangre en sus venas y suero y antibióticos en su sangre. Estaba pálido, muy pálido, y una sábana cubría todo su cuerpo, así que ella no pudo ver el estado en el que se encontraba la herida. Seguía inconsciente. Se acercó lentamente a la cama y se sentó en un pequeño sillón. Aquella habitación era exactamente igual a las típicas habitaciones de hospital, solo que sin ventanas. Ella odiaba los hospitales, el hecho de que no hubiera ventanas la agobiaba aún más. Pero debía quedarse allí, no iba a dejar solo a Nathan.
Las horas pasaron lentamente, debió de hacerse de día, porque una enfermera entró a cambiarle los antibióticos a Nathan y le dijo a Kytzia que si quería bajar a desayunar o prefería que le trajera el desayuno. Kytzia optó por lo segundo, y la hechicera-enfermera le llevó un par de bollitos con un café solo y un zumo de naranja. Mientras comía, sintió un ligero movimiento a su derecha y miró a la cama. Nathan la miraba, con una expresión cansada pero feliz.
-Hey… -su voz era entrecortada y débil.
-Hey… ¿Cómo te sientes? –Kytzia se levantó y se sentó en un lado de la cama.
-Como si un camión de 3500 Kg me hubiera pasado por encima y luego me hubieran arrojado desde un avión a 100 metros de altura… ¿Y tú? –Nathan medio sonrió.
-Bastante mejor que tú. ¿Sabes que eres un estúpido temerario y que si no mueres te mataré yo en cuanto puedas moverte de esa cama? Porque si no hubieras actuado como lo hiciste no estarías ahí tumbado agonizando, subnormal.
-Si no hubiera actuado como lo hice, tú no estarías aquí, estarías con Michael dios sabe dónde y sufriendo a saber qué tipo de torturas… Porque él puede amarte, pero su madre no, idiota.
-Pero no hacía falta que demostraras tu valentía haciendo que te incrustaran una espada en el estómago, imbécil profundo.
-Pues él se llevó un buen tajo también, y no creo que se recupere de ello antes que yo, así que técnicamente he conseguido que se fuera antes de lo que tenía pensado irse, y también he conseguido que tarde más en volver de lo que le gustaría. Estúpida.
-¿Puedes dejar de insultarme?
-Has empezado tú, ¿sabes?
-Porque eres un idiota, un subnormal profundo, un temerario, un estúpido, casi te matan… -Nathan se incorporó de golpe y la besó. Segundos después cayó de nuevo en la cama y se llevó las manos al dolorido estómago, soltando un pequeño grito de dolor.
-Recuérdame que no vuelva a hacer eso… -su voz sonaba de nuevo entrecortada.
-¿Ves? Debe de ser que la inteligencia te abandona cuando estás enfermo…
-Como sigas hablando tendré que volver a besarte.
-En ese caso seguiré hablando hasta el día que me muera –Nathan la miró a los ojos, ella le sonrió y se agachó para besarle.
Fue un beso tierno, tranquilo, nada que ver con los que él le había dado antes de la batalla. Le acarició el rubio pelo y él la rodeó con sus brazos. Se abrió la puerta y entró el padre de Kytzia. Ella dio un respingo y se sentó en el sillón de nuevo. Su padre la miró y miró a Nathan, y después, para alivio de él y sorpresa de ella, Peter sonrió.
-Vaya, veo que ya estás despierto… y que te estás recuperando bien.
-Si, ya me siento muchísimo mejor Peter, gracias por todo.
-Mañana los antibióticos y la magia habrán hecho su efecto, por la mañana te encontrarás como nuevo. Kytzia, tengo que hablar contigo… -ella le miró y miró a Nathan, que asintió con la cabeza. Se levantó y salió de la habitación seguida por su padre.
Recorrieron pasillos y bajaron escaleras. Llegaron a una biblioteca repleta de estanterías con tomos realmente antiguos. En el centro había un libro enorme, sobre un pie de oro macizo y cubierto por una vitrina de cristal antibalas y, supuso Kytzia, también anti magia. Su padre se sentó en una silla y le ofreció otra a ella.
-Kyt, sé que tienes mucho que reprocharme, pero escucha antes la historia que tengo que contarte. Hace miles de años, un hechicero poderoso, muy poderoso, se hizo con el control del mundo y predijo que la oscuridad reinaría sobre la luz en un futuro lejano. Adivina en qué época pasaría esto. Predijo que pasaría en 2012, y que solo una única persona sería capaz de detener la oscuridad y luchar contra ella. La persona que poseyera el don de la Luz, el poder de concentrar en sí misma los rayos de luz y utilizarlos contra el mal, la persona con suficiente poder como para desbancar a la todopoderosa oscuridad.
-Y adivina quién es… Soy yo ¿verdad? Y nunca nadie me contó nada, y todos lo sabíais.
-No hija, no lo supimos hasta que Michael te raptó y probó todas tus habilidades. Sé que no lo recuerdas, pero utilizaste tu poder delante de él, te hizo despertar, toda la luz que estaba en tu interior es visible ahora para todos, incluso para la propia oscuridad… Y quiere matarte.
-No, Michael no quiere matarme, lo habría hecho ya…
-No, Michael no, él solo es otra pieza en el plan de ella… Su madre es tu verdadero enemigo, ella es la oscuridad personificada.
Kytzia intentaba asimilar toda la nueva información mientras pensaba en un plan para salvar a su familia y a la vez salvarse a sí misma. Era difícil.
-Solo tú puedes salvar el mundo, solo gracias a ti se puede cumplir la profecía. Y ella quiere matarte para que no se cumpla. Es simple, pero debes de entenderlo bien antes de tomar decisiones importante. Kyt, si quieres luchar, te enseñaré todo lo que sé sobre tu don y la forma de utilizarlo. Si quieres rendirte… lo entenderemos.
-Lucharé, papá, pero tengo mucho en lo que pensar…
-Lo sé, cariño. Ahora que ya sabes la verdad, lo que llevamos tanto tiempo ocultándote… Deberías saber que Nathan es tu señuelo.
-¿Qué? ¿Mi qué?
-Tu señuelo… Igual que tú has nacido para salvar el mundo según esa profecía, él ha nacido para salvarte a ti por encima de cualquier cosa según la profecía. Morirá por ti si tiene que hacerlo, es su trabajo. Te protegerá hasta la muerte, no permitirá que nada malo te pase. Por eso odia tanto a Michael, porque representa para ti todo el dolor y el daño que él se supone que tiene que evitarte. Michael es el antagonista de Nathan, es su enemigo mayor, aunque la que quiera matarte sea su madre. Ella aún no te ha hecho daño, en el momento en el que lo haga, Nathan dejará de odiar a Michael para concentrarse en ella. Así funciona un señuelo.

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MensajeTema: Re: Kytzia está deseando contaros su secreto... ¡y el de su rubio acompañante!   26/07/13, 11:43 am

K, esto es perfección, no puedes dejarlo sin acabar, lo haría yo, pero no tengo suficiente imaginación para seguir una historia así.
Por cierto, LLUNA ES GENIAL, AH. En serio, me encanta :3
Mis personajes favoritos son Lluna y Michael, SÍ, MICHAEL ME CAE BIEN.
Kytzia es un poco tontita... Pero Nathan es amor. Y CYNTHIA ES UNA MONADA.
Bueh, pues sube más caps plis ñ.ñ

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MensajeTema: Re: Kytzia está deseando contaros su secreto... ¡y el de su rubio acompañante!   16/04/15, 02:29 pm

ESTA HISTORIA ES MIA Shocked
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MensajeTema: Re: Kytzia está deseando contaros su secreto... ¡y el de su rubio acompañante!   

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Kytzia está deseando contaros su secreto... ¡y el de su rubio acompañante!
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